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Lo que el viento me robó

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El viento de la vida me robó mis flores aquitanas. Tan solo me dejó el amargor del té de cada tarde, primaveral y sola. (las fotos están tomadas por mí con luz natural)

Andaluz que soy

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Perdonad. Andaluz que soy, ocurre a veces, en noche callada y quieta, que no sé qué hacer con la efusión sensual de mis sentidos y la arrimo donde creo sentir unas flores y su belleza. (una y otra foto están tomadas por mí en casa, con luz natural)

Delirio de la noche urbana

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(foto del autor) Cuando el delirio de la noche urbana abriré mi balcón hacia lo azul zafíreo del firmamento, y se colarán adentro tus sueños ¡oh ciudad inútil! revueltos con mi desvelo. ¡No encenderé esa luz esta noche! ¡No y no! A duerme y vela, un quieto silencio sorprende mi anhelo: ni sones de campanas ni de relojes de ciudad que reboten en las tejas ¡No hay olas de ruidos callejeros! Azoteas, cristaleras, nubes que navegan sobre la idea urbana. Al pronto, el cielo se viene abajo. La lluvia diluvia contra miradores, pináculos y lucernas. Retumba el trueno, fulgura la culebrina del relámpago partiendo las nubes cárdenas. El torreón vierte aguas  que ciegan el aliviadero de la ática terraza: ¡la naturaleza, excitada, se estrella contra el humano designio que fabrica altas y materiales torres que arañan la línea de un cielo codicioso y ciudadano! Calma. Flota una luna fresca. Pienso en ella. ...

¡Retumba la tarde frente a mí!

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¡Perlas de luz! Las gotas de los aguaceros de mayo rielan sobre mis cristaleras. Centellas y cabrilleos de luz prometen una ociosa caída del sol poniente. ¡Retumba la tarde frente a mí! (fotos del autor)

Malos tiempos

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(Christine, foto del autor) En Madrid hace calor y yo tengo astenia, primaveral supongo. Me ha entrado “la conformidad”, como dicen en Granada. ¡Siempre igual! Noto que las gentes normales no tienen nada de excepcional.  ¡Obstinada nada que me anega! Noto que la edad apresura mis gustos y disgustos. Me queda menos tiempo de tener paciencia, y las personas, la mayoría, no me procuran materia de esperanza. Me refugio en mi escritura, que busca exactitud y economía de letras. Pocas palabras para pocos lectores. Se precisan pacientes lectores que con sosiego lean. Con la calma que yo perdí, rota en pedacitos, el día en que ella me llamó desde la isla de La Reunión. En aquel entonces aquella mujer era conservadora jefe de un enorme parque natural en tan lejanas latitudes. Llamaba para invitarme a conocer su paraíso perdido y, de camino, para que asistiera a su boda, allí mismo, en las islas Mascareñas, con mi rival francés. Entre ruidos e interferencias...

En Dubrovnik con mis colegas y otros bichos III

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Monsieur Pons, de Francia, continúa empecinado en su afán de hacer pelotillas con los mocarros. La gorda francesa, ex-rusa blanca, me mira fijamente. ¡Qué lástima que no sea la Casta o la Deneuve! Veo un tío nuevo y feo en el sitio de UK Tiene su cara pegada a una gran nariz. Mi homóloga austriaca lleva un Jaeger-le-Coultre reverso con correa de acero, ¡precioso! Para la historia: he sido recibido en la reunión con una ovación cerrada. Según me contaron luego, este encuentro en la sede croata de la Federación de Canaricultores Ovovivíparos y Franc-Masones de la UE, había transcurrido durante una hora y media sin luz, micros, ni traducción simultánea. Llego yo, directamente del aeropuerto, subo los seis pisos a pie, ya que parece ser que los ascensores también dependen de la energía eléctrica, entro en la sala… ¡et voilà!, ¡la luz se hace! Me he sentido como un pequeño dios creador. Al fin y a la postre, "los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo...

Once reales palabras

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A mi entender y en lo que me concierne como ciudadano, el Rey, al pronunciar ayer sus once palabras de arrepentimiento ( “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir” ), queda perdonado y comprometido a no volver a las andadas. Ahora aguardo que cunda su ejemplo y políticos, empresarios, eclesiásticos, periodistas, jueces y autoridades en general se excusen por sus malas acciones y conductas pasadas y prometan alto y claro que tienen sincero propósito de la enmienda. Y devuelvan la pasta. He dicho. (el autor en el curso de actos académico-universitarios)