domingo, 26 de abril de 2015

Entre mí


( autorretrato )

De cuando en cuando me importunan las cosas que hablo
entre mí como al descuido, como quien no sabe qué.
Ayer me decía interiormente:
-No me gusta esa forma que tú tienes de pensar en mí.
¡Qué fuera de todo andas, qué ajeno estás!
Hoy, al hilo de la madrugada, me he dicho por dentro:
-¿Para qué? ¡Qué ansia!
Son cosas feas, tristes, inútiles. De almas pequeñas.
¡Fuera, fuera!

miércoles, 8 de abril de 2015

DRAMA INSTANTÁNEO


 ( foto de Manuel Mª Torres Rojas )

"Una puerta es un drama instantáneo".
Así ha dicho el guionista de Mad Men, Matthew Weiner.
Seguramente Jung hubiera estado de acuerdo. 

sábado, 21 de marzo de 2015

EL CASO DEL TAXISTA HIPERACTIVO


(fotos tomadas por el propio autor)

Agarro un taxi a la vera de la clínica de Onoda, mi maestro japonés de shiatsu, de vuelta a mi encierro en el barrio.

El hombre que conduce empieza a hacer cosas raras. Se salta un semáforo y se cambia de carril a cada poquito. Sin poner el intermitente.

Ensayo el truco de darle conversación para ver si el hombre se tranquiliza.


- ¿Lleva usted mucho tiempo en esto del taxi?

Me mira por el retrovisor atravesando el plástico ese de seguridad, que te deja sin aire acondicionado en verano y que no evita ni de atraco perpetrado por un niño de teta. Me cuenta que no, que lleva poco tiempo en el oficio.

- Verá usted. En realidad yo soy informático, pero, como también soy hiperactivo, cada dos años tengo que cambiar de trabajo porque me pongo muy nervioso.

Comento en voz baja que ha ido a elegir un trabajo que ataca los nervios. Me pica la curiosidad e indago si se autocalifica con conocimiento de causa.

- ¿Dice usted que es hiperactivo?

Se salta un par de semáforos más, insulta a una señora con bigote que está subida a un BMW todoterreno y que espera a la salida de un colegio plácidamente estacionada en cuádruple fila y me dice:

- Pues verá usted, el psicólogo del colegio diagnosticó mi problema porque no seguía bien los estudios por falta de concentración. Mientras estudiaba informática ayudaba a mi padre en el taxi y, de entonces acá, cuando me canso de un trabajo y me entra la neura, me vuelvo al taxi.

Ya en casa, recuerdo que en mi clase del colegio había un niño que hoy gozaría de los privilegios que concede el carné de hiperactivo. Entonces era tratado de zascandil y botarate, y medicado a base de capones y puestas de cara a la pared en todos y cada uno de los recreos de cada curso escolar. Ahora es un jefazo en el partido popular-populista.



lunes, 16 de marzo de 2015

¿CLÁSICO O ROMÁNTICO?



( el autor en el mar de Galicia )

Soy persona ordenada por fuera y desordenada por dentro.
Me explico: tengo un exterior clásico y un interior romántico.

Carrocería burguesa con motor ácrata, ¿me siguen?...
Cada día necesito encerrarme, un buen trecho de tiempo, a solas conmigo mismo
para olisquear en mi desorden interno,
no sea que se me haya colado el virus del orden lógico
en mi rayado disco duro.

Amo el caos, pero necesito el orden, que dijo no sé bien quién lo dijo.
¡Tranquilo en apariencia, inquieto en esencia!
Blanco por dentro, verde por fuera y si no te lo digo, espera.


( en la Habana )

lunes, 9 de marzo de 2015

¡De ésta, te acuerdas!

¡DE ÉSTA, TE ACUERDAS!


(foto tomada por el autor)

“De ésta, te acuerdas”, me dice ella cerrando de golpe la puerta del taxi. "¡Lo que me has hecho, no tiene nombre!"

Bajo la lluvia de otoño, sopeso su reacción. Ha dicho “de ésta”, en femenino; o sea, que está convencida de que le he hecho una faena o injuria u ofensa o vejación o afrenta.  En cambio, si hubiera dicho “de esto, te acuerdas”, es que se sentiría agraviada o ultrajada o despreciada o desairada.

Miro el reloj.  Ya son diez los minutos que han pasado desde el portazo  ¿Qué  hacer cuando ni tan siquiera adivino qué diablos acabo de hacer tan mal? Maldigo mi falta de reflejos y mi torpeza. También abomino de las mujeres que van y vienen tres veces, mientras yo me pierdo entero de la misa, la mitad.

Corro hacía el aparcamiento, saco el coche a trompicones y, en pos de ella, desafío al tráfico.  La carrera alocada que emprendo por media ciudad, me deposita en su portal a tiempo justo de salpicar a mi indignada pareja de la cabeza a los pies con un barrillo de color verde caca. En Madrid llueve poco y nunca a gusto de todos.

Eso le puede pasar a cualquier pelirroja que se baje de un taxi luciendo un par de piernas kilométricas, de esas que nacen a pie de axila, musito.

“De esto, nos acordaremos los dos”, mascullo a guisa de disculpa. Me mira.  Sonríe con  su media mueca de adolescente. Parece que consigo enternecerla…  ¡vaya, me coge de la mano y subimos a su casa!

No la entiendo, pero aquí estoy, con ella.


Me digo, con Juan Ramón: “Quiero quedarme aquí, no quiero irme a ningún otro sitio”.

lunes, 2 de marzo de 2015

Mujeres: ¿amor o pasión?


( Aleksandr Deineka 1899-1969)

Anteayer, después de pasarme por la Fundación Juan March para visitar la muestra dedicada a Deneika, bajo el lema "Una vanguardia para el proletariado", una mujer-amiga-mujer me dijo quedamente:

-Tú no eres un hombre de amor. Eres un hombre de pasión.

Me quedé con la copla de tan sugerente observación. Al llegar a casa busqué a Juan Ramón Jiménez. La memoria, fiel socorredora de mis inquietudes, me guía la mano que encuentra los versos buscados:

Pasión

¡Cómo te vas borrando,
reina infinita de un instante,
briosa, aguda, ardiente de presencia;
cómo te vas quedando
-¡ay de ti,ay de mí, del reino nuestro!-
sólo en historia!

( Juan Ramón Jiménez, del libro Belleza en verso, 1917-1923 )


(( Aleksandr Deineka 1899-1969)

domingo, 11 de enero de 2015

Pregunto a mi hermano muerto


(fotos del autor)

Pregunto a mi hermano muerto por la eternidad y me dice que, hasta este momento, no dispone de datos suficientes:

- “Ha pasado poco tiempo aún”, me dice.

Y eso que mi hermano murió el primero de marzo de mil novecientos noventa y nueve.

A ver si consigo transmitir a mi hermano un diálogo que vengo de leer. Idan Segev, neurobiólogo, va y dice:

− “Dios es una invención del cerebro. Si yo fuera capaz de construir un robot con un cerebro tan complejo como el mío, seguro que creería en Dios”.

Pasko Rakic, otro genio, le responde:


− “Muy probablemente, el robot pensaría que su constructor es Dios”.

Las religiones monoteístas necesitan de la pulsión de la muerte. Y de la culpa. Es mejor renunciar aquí y ahora para asegurarse un más allá feliz, te vienen a decir.

Sabemos que los animales no tienen religión, pero sí quizás alguna forma de paraíso. Se lo merecen por querernos y cuidar de nosotros, sus amos, con la fe del carbonero y la fidelidad legendaria de las antiguas mujeres.

Spinoza, panteísta él, imaginaba que si los animales crearan su Dios, lo inventarían a su imagen y semejanza: con grandes orejas para el Señor de los asnos, una trompa para el Dios de los elefantes y con un aguijón para el de las abejas.

¡Quién sabe dónde! ¡Vaya usted a saber! ¡No somos nadie! ¡A mí, que me registren! ¡Se hará lo que se pueda!




martes, 30 de diciembre de 2014

Antipático castellanismo necesario


(foto tomada por mí en Donostia)

  ¿Cómo dudar que los tiempos son otros  ¡universalidad! 
sobre esta sequerosa piel de toro, ¡limitada por mares sensuales!,
en cuyo centro ¡ay! han de tenernos clavados nuestros pies?

  Pero, para algo están ciertas frentes. ¡Antipático, desagradable,
odioso; asensual "castellanismo necesario" de las pseudoartes espa-
ñolas de hoy! ¡Abajo el arte feo! ¡Viva el arte agradable!

Juan Ramón Jiménez
Madrid, octubre de 1920.

martes, 23 de diciembre de 2014

La más oriental de las mágicas noches



(Ravenna, Basílica de S. Apolinario)


Siempre conseguí que SSMM Los Reyes del Oriente me trajeran todo lo que pedía. A ello contribuía no sólo la moderación de mis encargos sino también el método por mí empleado.

La moderación consistía en ir comprobando en el Bazar Horta, en Pabú o en Deportes Cóndor cuánto sumaba lo que yo quería tener y nunca pasar de la cifra que mi orden natural consideraba tope máximo a lograr cada Navidad. En este sentido, debo confesar y confieso que nunca me gustó la canción “Todos queremos más” que cantaba Alberto Castillo. Revela avaricia y afán de acumular riquezas. Prefiero no tener sobre qué Dios me llueva antes que ser pájaro gordo de muchas campanillas.

Nunca quise ir a Galerías Preciados a entregar mi carta a los emisarios de los Reyes. Bien muchachito, ya sabía yo diferenciar entre lo que son promociones comerciales de los mercaderes y tenderos y la magnanimidad y longanimidad de los auténticos reyes de Oriente, que hacen magia y premian a los niños buenos, salvan a los marinos atrapados por tormentas y dotan con bolsas de doblones de oro a las doncellas pobres para que puedan matrimoniar con hidalgos que no tienen con qué hacer cantar a un ciego.

La manera de hacer llegar a los Reyes Magos mis propuestas también ayudaba a que estos bienhechores colmaran mis esperanzas. En vez de escribir una carta larga y farragosa y dejársela a un empleado de Pepín Fernández, que era el dueño de los grandes almacenes, yo apuntaba a punta de regaliz las dos o tres cosas objeto de mi limpio deseo sobre la superficie helada de un flan chino El Mandarín. Cerraba los ojos y me lo zampaba de un sorbo y sin respirar. Nunca me falló. ¡Mano de santo!

El día de Reyes un cielo azul inmenso y vacío amanecía sobre el estanque del Retiro, cubierto como estaba con una colcha de hielo de un palmo de alto. Por bajo nadaban poblados cardúmenes de bellos peces de eufónicos apellidos. Calicos, burbujas, carpas, cometas, telescópicos y otros cuyo nombre no recuerdo y que no pienso mirar en Wikipedia, porque no tengo ganas ahora y porque nunca me aclaro si quien suministra la información es un sabio o un zoquete.

Comoquiera que yo tenía la certidumbre de que todos mis deseos estaban materializados en el sillón de tela damasquina marcado por mi par de zapatos, mi curiosidad se dirigía a comprobar qué clase de dulces habían comido Sus Majestades. Y si habían bebido de la botella de Cointreau, o de la de Marie Brizard o de la de licor Calisay, o quizás de la de Benedictine, pues sabido es que en el fondo de cada copa de licor hay un secreto.



(Códice de Roda)


Un camello, creo que en la Navidad siguiente, tuvo la gentileza de dejarnos una hermosa boñiga de rumiante en la alfombra del salón, que era de la Real Fábrica. Yo había visto en el campo bostas de otros rumiantes, como vacas y mulas, y certifico que las de los camellos orientales son diferentes, por mejores, ya que sólo comen vegetales bio-dietéticos y granos especiados y perfumados.

Mosca me tenía el dato de que la paja destinada a los rumiantes desaparecía siempre. Mi olfato me decía que los camélidos orientales, acostumbrados a cruzar por los desiertos arábigos y del Negev y a nutrirse de exquisitas raíces y frutos secos, de cereales salvajes y henos perfumados por los céfiros que soplaban los profetas del Antiguo Testamento, no iban a rebajarse a comer humilde paja castellana. ¡Hasta ahí podían llegar las cosas!

El día 7 de enero volvíamos a la jaula colegial y yo a mis proyectos de hacer de mi habitación un acuario gigante, o un huerto cercano a mi espíritu. También tramaba dedicarme en lo porvenir a la cría del mochuelo boreal.




viernes, 5 de diciembre de 2014

En Venecia, cruel confidencia de mujer




(fotos tomadas por mí en Venezia)

Durante la cena, a medida en que la noche se cerraba, la dolorosa confidencia de aquella mujer con roja mata de pelo rojo se iba transformando en cruel descripción, con pelos y señales, de su infidelidad para conmigo.

Y conste que, de ellas, mutables cual plumas al viento, mi razón no aguardaba sino unas migajas de calor. Apenas.

A pesar de mi convicción intelectual, jamás me había sido dado imaginar que la hiel de su confesión fuera tan amarga y tan honda la daga que me rasgó en dos. En aquella cena en el Harr'ys Bar de Firenze, o quizás en la postrera en la trattoria Da Ernesto en Venezia, la diosa de la roja mata de pelo rojo, en el fragor del champagne Taittinger, me invitó a contemplar en su teléfono de bolsillo una foto de su amante ultramarino.

Airado, rehusé su ponzoña y salí a la puta calle a llorar un cigarrillo.

En el camino de vuelta al hotel, ambos en marmóreo y civilizado silencio, se me hizo evidente la imposibilidad de pasar con ella aquella noche.

Necesitaba estar a solas con mi cabreo. Sentía repulsión hacia ella y su cruel y estúpida confesión. Paré un acqua-taxi y pedí a su conductor que acercara a aquella mujer, de pronto tan ajena a mí, a nuestro hotel, contiguo a La Fenice.


(foto del autor) 

Liberado de su insoportable presencia de mujer, me metí en el lounge bar del edificio Mondadori. Dos vodkas después, la cosa estaba clara.

De regreso al hotel, en recepción pedí otra habitación, lo más alejada posible de aquella que habíamos compartido cuatro noches, con sus madrugadas, sus desayunos y sus apasionadas siestas.

Me resulta imposible dormir sin pijama y con recuerdos.




(desde la terraza de mi habitación)


El problema del pijama era más fácil de solucionar que el del peso del recuerdo de su olor de hembra. ¿Por qué me conmueven tantísimo las mujeres fatalmente pelirrojas?

Un billete de cincuenta euros convenció al hombre de la conserjería de que el guión exigía una llamada suya a la habitación de la infiel mujer de la mata de pelo rojo para pedir, en nombre mío, que hiciera al pronto mi equipaje.

Con otros veinte machacantes más, un mozo transportó mis maletas de la 425 a la 201. En plantas distintas y en alas opuestas. Distancia de seguridad.

En el minibar de mi nuevo cuarto no había ni vodka ni hielo. Opté por beber a morro dos botellines de Beefeater. Me tragué una píldora sedante, lavé mi cara y dientes y soñé con mi patio y mi aljibe y con las trenzas de mi primer amor, que fue el que sentí hacia una niña rubia trigo.

¿Siempre caeré en los mismos errores? ¿Es que no he de cansarme de desear la fruta del cercado ajeno? ¡Qué ciudad más puta y fría es Venezia!

Me despierto en un puro sobresalto. Las pesadillas me hacían gritar.

El estómago me dice que el momento más duro de mi vida no ha llegado aún. Que llegará cuando el deseo se agote y no me queden ganas de zascandilear.

Desayuno un bull shot bien cargado de vodka. Me confortaba la idea de que hay diosas con tan buenas tragaderas que son capaces de dártelas con un tipejo que sólo sirve para ir a la oficina y al retrete ¡Con su pan se lo coman!

¿Qué he de hacer con la tunanta de la habitación 425? Si me tropiezo con ella en medio de un pasillo del hotel, ¿temblará la firmeza de mi decisión? No me será fácil desapegarme de esa pelirroja para siempre jamás amén. No parece, no.





De la carpetilla de mi cuarto viudo de amor, saco una cuartilla con el membrete del “Hotel de La Fenice y Des Artistes”, San Marco, Campiello della Fenice 1936, y escribo: “Fuiste desleal a tu conciencia al no apostar, tan solo, por el amor que yo te entregaba…”

Ya se sabe que la mejor manera de olvidar a una mujer es hacer literatura con ella. Me suena a Henry Miller.

El resto de mi carta a la infiel eran prosaicas instrucciones sobre el acquataxi que la depositaría en el aeropuerto Marco Polo aquella misma tarde y sobre el número de su vuelo para Madrid. La pasta, como siempre, corría de mi cuenta.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Toda ficción es autobiográfica


(el chaval que figura en el centro soy yo. 
La foto está tomada en el primer día de mi entrada en el colegio)

“Toda ficción es autobiográfica. No hay nada más autobiográfico que la ficción, ni nada más ficticio que la autobiografía. Más que un dramaturgo, me considero un poeta. Y un poeta siempre habla de sí mismo, de su aventura espiritual y del lugar en que se encuentra frente al mundo. Ahí es donde se halla lo más íntimo. Hablar de mi vida sexual habría resultado mucho menos privado e indecente.”


“Pese a su fervor religioso, el dramaturgo no tiene problemas en marcar sus distancias con la Iglesia. Dice vivir con dolor el repunte ultracatólico al que asiste Francia desde 2012, cuando millones de manifestantes salieron a la calle contra el matrimonio homosexual que pretendía aprobar François Hollande. Py se dice repugnado ante esa supuesta minoría silenciosa, convertida en vigoroso contrapoder a la acción gubernamental. “Me siento triplemente horrorizado: como francés, como homosexual y como católico”, afirma. “Pero el Vaticano no es la Iglesia. No tienen nada que ver con los hombres y mujeres que me ayudaron a construir mi camino espiritual, a quienes no podría importarles menos mi sexualidad”. Py estuvo casado durante diez años “por amor” con la actriz y dramaturga Elizabeth Mazev, a quien conoció a los ocho años. “Nos divorciamos porque ella conoció a alguien, y luego lo hice yo”, aclara. “No creo que me vuelva a casar, aunque ahora sea posible. Mi compañero no parece tener prisa en comprarme un anillo”.”

Hacia la alegría. Texto y dirección de Olivier Py. Teatro de la Abadía (Madrid). Del 12 de noviembre al 7 de diciembre.

Extracto de una entrevista con Olivier Py, responsable del festival de Aviñon, publicada en Babelia.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Ocnos


(el autor cuando niño en el Buen Retiro)

Encuentro en Cernuda algunos de mis propios sentimientos, si bien expresados distintamente a como lo hago yo.

Quizá sea una manera inconsciente de no desvelar la timidez que nos sigue queriendo niños. Cuando muchacho, la soledad te separa de  todo,  pero no te apena...pues crees en la eternidad de la infancia.

Estar despierto mucho antes del amanecer nos hace lúcidos y singulares. Ajenos a nosotros mismos. Intentaré dormir un rato. Un beso, amor. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Pienso, siento….


Mi querida amiga Ángeles Zurita me ha sorprendido y conmovido con estos versos de su autoría, que me honro hoy en ofrecer a mis lectoras en este modesto blog.

Grato ánimo para Ángeles.

(estas fotos y otras muchas que tomo con dedicación y esmero 
se pueden visitar en mi galería de Instagram

Pienso, siento….


Me desarmas
me desnudas de luchas
e inundas mi alma
con besos de tus auroras…
Y, pienso, sólo pienso
arropado en tu entorno,
curtido, de sol, con mimo,
como cobrizas son
las cálidas casas.

Y, a merced de la brisa,
mi ropa tendida se solaza…
¡la que a mí me abriga
con olor a marisma!

El vino en tinajas,
las sufridas pencas
a la solana y…¡tan bellas!

Por caminos pedregosos,
la reflexión acompaña.

Y...hombre sensible me siento...
viendo cómo trepan las tapias
las frondosas buganvillas.

Mi sosiego, mi isla...

Ángeles Zurita

13/10/2014



viernes, 10 de octubre de 2014

El amor no tiene quicio


(Ausschweifung Berlin Night Club 
George Grosz)

Contra el amor y su vicio,
no hay resquicio
ni modo acomodaticio:
el verdadero amor no repara en sacrificio
en su busca del fornicio.
Aunque seas un gran patricio
o te vistas de fenicio:
el vicio cardenalicio
se te cuela, subrepticio,
y su lascivia te arrima al precipicio
de su hermosura y desquicio:
el verdadero amor no tiene juicio.

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL HOMBRE QUE ESPERA UNA PERDIDA


(fotos tomadas por el autor)

Las mujeres de la edad moderna están apagadas, o fuera de servicio. O, lo que es peor, carecen de identidad, pues sus números de los portátiles “no pertenecen a ningún abonado”.

 Si llamo, con mi móvil, a una mujer de la era moderna, normalmente se agota la batería de su portátil a poco de empezar a hablar. Contrasta la energía de la mujer de hoy con las escasas prestaciones de sus pilas recargables.

Las chicas me dicen:

 Estoy en el parque. Te llamo luego, cuando llegue a casa.

Deben dormirse en el parque porque el móvil no suena luego. ¿Cuándo es luego para una mujer?

Espero en el restaurante. Una hora. Pasa, por tanto, una hora de la acostumbrada por mí para la cena. Tengo hambre.

  Ahora no puedo hablar. Voy conduciendo, no tengo manos libres ni apenas cobertura y la batería se está muriendo, me dice la rapaza que está citada y no comparece.

Pido un vino y apunto en mi cuadernito moleskine. Sumo: en los últimos tiempos, desde que desperté en la clínica, he invertido en esperar el santo advenimiento de las hembras, quinientas veinticinco horas con cuarenta minutos. Toda una vida.

  ¿Quedamos ya para mañana? Insinúo a una pelirroja de rizo natural.

 Mejor te llamo luego. Cuando llegue a casa.
 Nada. Tan solo me llama mi tía Honorata. Desea que mañana la transporte al pedicuro, antes llamado callista.Al día siguiente, la mujer de la cabellera color fuego de leña, me manda un mensajito de letras:

 Lo siento. Estaba cansada y me dormí viendo la tele.

Natural. La televisión es el laúdano moderno.

 Quedaste en llamarme, me atrevo a susurrar a una tercera.
- No pude. A mi prima le dio un cólico nefrítico. La llevé a urgencias en Alcalá, dice.
 Voy en un taxi. La calle está cortada y hay un tapón enorme. No me esperes. Te llamo luego, afirma otra.


 He pasado de ser el hombre que duerme, a ser el hombre que espera.

 Pues no me esperes, que tengo que sacar al perro.
 Ya. Claro. Lo que pasa es que ya te he esperado una horita. ¿Me la devuelves? ironizo.
 Ahora no puedo. Luego te hago una perdida. No tengo saldo, contesta.
 ¿Por qué no me llamaste ayer? me dice al otro día.
 Quedaste en llamar tú, respondo.
 ¿Y eso qué tiene que ver?, replica la chica de Burgos.
 No quería agobiarte, mascullo.
 Corazón, contigo nunca se sabe. ¡Eres más rarito!, termina.
 A ti te pasa algo… ¿Tienes novia? Acusa otra bachillera.
 Ya sabes que no. ¿Quieres que hagamos de novios tú y yo? Le digo a modo de morcilla guasona.
 Hay algo que no te gusta de mí, sospecha en voz alta la sufragista.
 No es eso. A mí me gusta todo de ti, menos tú misma cuando te pones celosa, me atrevo a farfullar.
 ¡Anoche me colgaste!, me dice ella.
─ No quería discutir. Nos hubiéramos dicho cosas irreparables, le digo yo.
 Pues dímelas ahora, añade.
- Cuando me veas triste y malhumorado, todo lo que tienes que hacer es quitarte la ropa. Tu desnudez me hace vulnerable, contesto con un pié en Gª Martin.

Aburrido y solitario repaso los mensajes que he recibido hoy:

 Sí, pero más tarde. No tengo batería…
 ¿Ya se te pasó el cabreo?
 Anoche te encontré muy raro. Espero equivocarme.
 ¡Hola! Ayer me lié y después me fui a la camita. Besitos muchos.
 Hazme una perdida, que estoy en el trabajo.
 Salí del fisioterapeuta y te hice una perdida. Cené y me dormí.
 Toc… toc… ¿Me llamas luego?
 En ké stás pensando en ste instante?
 Gracias por todo. Igualmente.
 Kuando kieras.
 Hola! Ya te has olvidado de mí…? Besos.
 ¿Duermes?
 ¿Te veo mañana?
 Pienso en ti y…
 ¡He soñado contigo!
 Mañana te veré.

Pero nunca llega ese mañana.

 ¿A qué hora vendrás?
 A la que tú quieras, contesta.
 Quiero ahora, digo yo.


 En esta noche oscura, me acuesto “…dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado…” ( Juan de la Cruz, el fraile que no tenía móvil)