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Sin pijama y sin recuerdos (capítulo séptimo)

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Sin pijama y sin recuerdos (capítulo séptimo)                                                 Puta polución atmosférica ¡Qué gorrinería de ciudad! Me pica la garganta. Me apetece tomar un té, comprar un libro y pasar a un baño que no huela ni a desinfectante de clínica ni a pis. Buscaré un drugstore y a Juan Ramón Jiménez. A Brendan Behan no, porque no lo encuentro nunca. Escribir y olvidar. Behan era alcohólico con problemas de escritura. Así era. Escribir y olvidar. La máxima felicidad. De frente viene un grupo de chicas del altiplano andino. Pienso si estaré en Cuzco, aunque no olvido que Los Andes empiezan en Venezuela y terminan en la Patagonia. Me propongo no lloriquear no vaya a ser que piensen que soy italiano. Llegan a mi altura, saludo y pregunto dónde puedo desayunar. Me responden maliciosamente que por ese barrio no suelen dar de desayunar a...

Madrid en gris (capítulos cuarto y quinto)

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( autor y hermana en el parque de El Retiro ) Capítulo cuarto La calidez que no encontré en el colegio, probablemente porque los colegios no están pensados para ser cálidos sino para meter dentro de las estructuras de la sociedad a los chavales, sí anidaba en nuestra casa, en el 3º izquierda de Claudio Coello 38. Era y es un edificio como tantos otros, y no de los más nobles, del barrio de Salamanca de Madrid. Supongo que data de primeros del siglo XX, con una arquitectura anodina, un portal sin mérito alguno y la estructura clásica concebida por el marqués de Salamanca. A saber, en mi barrio los inmuebles suelen tener una escalera prin­cipal, con su ascensor, que en nuestro caso era de la firma Munar y Guitart, y otra escalera de servicio con un montacargas, a fin de dar acceso a pisos de segunda categoría, esos que no tienen balcones a la calle sino ventanas con vistas al llamado patio de manzana. Quiere decirse que aquel inmueble era una espe­cie del “up and down” de...

Madrid en gris (primer capítulo)

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( arriba primer día de colegio; debajo, último ) Nací el segundo día de un otoño del siglo pasado en la Maternidad de Santa Cristina, en la calle de O’Donnell de Madrid. Los vein­tiséis años siguientes viví en el domicilio familiar de Claudio Coello 38, 3º izquierda. Mi madre me parió con dos defectos de fabricación, que me diferencian de la mayor parte de mis semejantes. El primero consiste en creer que todas los personas somos iguales. O sea que, ingenuo de mí, soy demócrata de nacimiento. Mi segunda deficiencia origi­nal es que soy del Atleti. Como mi padre y como mi hijo. Conservo la foto de mi primer día de colegio y también la imagen de la comida que puso fin al último curso, entonces llamado preuniversitario. Entre ambas, nada más ni nada menos que once añitos de mi vida, a saber, parvulitos, párvulos, elemental, in­greso, los cuatro cursos del bachillerato elemental, más quinto y sexto de letras y el preu como remate. En el preu estudié a fondo el Polifemo y las S...