En primera persona del singular
En la tienda de Isidoro Álvarez, vulgo Corte Inglés, he manoseado/ojeado/hojeado un libro de David Lodge. La tesis del profesor es que en la novela contemporánea se va perdiendo la ficción literaria para ir más a la confesión, a la narración de una vida, a una visión singular. Aparece sólo la conciencia del autor y no tanto las conciencias de muchos personajes, como en las clásicas novelas del siglo XIX. Estoy de acuerdo. ¿Por qué es así? Lodge lo atribuye a que hemos perdido nuestras certezas metafísicas y por eso presentamos nuestro punto de vista singular, que nadie puede impugnar. Para mí, a la causa anterior debe añadirse que es mucho más difícil escribir “Guerra y Paz” o “Madame Bovary” que las novelas unipersonales de hoy. Y que las hoy en día se nos ofrecen como corales o pluripersonales, contienen, a manera de relleno, muchos personajes de cartón piedra. En general. De todas formas, en esta etapa de mi vida, no quiero artificios literarios. Sólo memorias, diarios. Autoficci...