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¡QUÉ FRÍO!

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( Foto Cartier-Bresson ) ¡Qué frío me penetra el alma hasta la infancia! Juan Ramón Jiménez

Navidad desnuda

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(el autor en aquellos tiempos) Corrían los años en que se inventó la sopa de ajo y  yo era un zagalillo que miraba como un mochuelo.  Hacía mucho frío y en el campo cantábamos a las niñas: “Aunque me des veinte duros   no voy contigo al pinar porque tienes sabañones y me los puedes pegar” Las nenicas, más dotadas para la lírica y para volverle loco a uno, respondían:  “…que quiero a un labradorcico que coja sus mulas y se vaya a arar y a la media noche me venga a rondar”. Me pasé, como siempre, al bando de las chicas y terminé la coplilla como pude: “… con la pandereta, con el almirez y con la zambomba que rezumbe bien”. El frío no sabía que a la vuelta de la esquina aguardaba el calentamiento global. Yo tenía la piel que va desde donde terminaban las perneras cortas del pantalón corto más resquemada que hábito de fraile y más encarnada que el batallón de El Campesino. El día viernes anterior a Nochebuena, entré en el sa...

Granada: desenlace de mi amor por el aljibe

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(el autor en La Habana) ( capítulo cuarto ) El hambre se me fue con el frío. Azules los labios, azules las uñas. Sueños azules también: me cristianaban tanto por sumergimiento como por efusión e, incluso, por aspersión, y la agüita de la fuente del Avellano me convertía en un luterano panteísta con cabeza de evangelista. Si dejaba de soñar en azul y volvía el hambre roja y el verde frío, movía los brazos de delante hacia detrás tres mil veces y me venía la paz. Había determinado pasar tres días, con sus noches, en el húmedo seno de nuestro viejo aljibe. Al final de la prueba los galápagos y yo no teníamos secretos, salvo los compartidos. Aprendí que comen las larvas de los gusanos de agua y de los zancudos y jejenes. Que duermen más de un cuarenta por ciento de cada ciclo de cuarenta y ocho horas, apoyando el claro envés de su caparazón en el poyete que rodea el rectángulo de la doméstica agua. Hacer el amor no les vi, pero deduje que se acoplan como todo el mundo, ...

Sentimentalismo, frío

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(El autor en Helsinki) Huyendo del calor, me vine al frío ¡No sé! ¡No sé!