¡De ésta, te acuerdas!
¡DE ÉSTA, TE ACUERDAS! (foto tomada por el autor) “De ésta, te acuerdas”, me dice ella cerrando de golpe la puerta del taxi. "¡Lo que me has hecho, no tiene nombre!" Bajo la lluvia de otoño, sopeso su reacción. Ha dicho “de ésta”, en femenino; o sea, que está convencida de que le he hecho una faena o injuria u ofensa o vejación o afrenta. En cambio, si hubiera dicho “de esto, te acuerdas”, es que se sentiría agraviada o ultrajada o despreciada o desairada. Miro el reloj. Ya son diez los minutos que han pasado desde el portazo ¿Qué hacer cuando ni tan siquiera adivino qué diablos acabo de hacer tan mal? Maldigo mi falta de reflejos y mi torpeza. También abomino de las mujeres que van y vienen tres veces, mientras yo me pierdo entero de la misa, la mitad. Corro hacía el aparcamiento, saco el coche a trompicones y, en pos de ella, desafío al tráfico. La carrera alocada que emprendo por media ciudad, me deposita en su portal a tiempo ju...