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Granada: mi amor por el aljibe

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(el autor en las nubes) ( Capítulo primero) Rapaz aún, un septiembre incandescente me bajé a vivir a los adentros del gran aljibe. Días antes había escuchado un pregón mercantil, aguas arriba del paseo de Los Tristes, cerquita ya de la alameda que esconde la fuente del Avellano: ¡Galápagos para el aljibeeeee!, gritaba el gitanillo. Los quelonios en venta se amodorraban en capas estratificadas dentro de un cuévano de mimbre. El pequeño vendedor había ingeniado una especie de vol-au-vent o milhojas. Una capa de galapaguitos y otra de juncos. Otra de tortuguillas de agua y una más de llantén. Tritones y alfábegas. Así hasta el fondo de la cesta. El pregonero humedecía el hojaldre sumergiendo de cuando en cuando el canasto en la fuente del Avellano. Me gustó mucho asistir a un rito bautismal diferente, practicado por mormones, adventistas del séptimo día, pentecostales y otras hierbas cristianas. Esto lo supe más tarde. Era fama que el agua de aquella fuente sanaba, de pura y ...

EN ISLANDIA NO HAY HORMIGAS

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( foto El País) Nunca me he sentido más perdido que en Islandia. Me salvó un cocinero granaíno que me propinaba de cena ¡doce! cigalas por noche. De seguir las cosas así volveré a mi aljibe primigenio. Me basta con que el agua me llegue a las tetillas. Siempre habrá algún galápago que me dé conversación. Para tal caso, aquí está el cuento enterito y verdadero: http://cuentosencarneviva.blogspot.com/2008/06/galpagos-para-el-aljibe.html Escribo bajo la luz de la luna llena. Por primera vez. Hacía tiempo que no hacía algo por primera vez. Luz de luna que hidrata mi alma. Soy yo: pasado plusquamperfecto, presente en libertad condicional, futuro imperfecto. El jardín es agua cerrada, que corre cuando cantan las acequias. Unas alcayatas sujetan mi pasado entre las ruinas de mi inteligencia. Apenas. Oigo el mar. Está bravo. Me calma.