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Granada: desenlace de mi amor por el aljibe

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(el autor en La Habana) ( capítulo cuarto ) El hambre se me fue con el frío. Azules los labios, azules las uñas. Sueños azules también: me cristianaban tanto por sumergimiento como por efusión e, incluso, por aspersión, y la agüita de la fuente del Avellano me convertía en un luterano panteísta con cabeza de evangelista. Si dejaba de soñar en azul y volvía el hambre roja y el verde frío, movía los brazos de delante hacia detrás tres mil veces y me venía la paz. Había determinado pasar tres días, con sus noches, en el húmedo seno de nuestro viejo aljibe. Al final de la prueba los galápagos y yo no teníamos secretos, salvo los compartidos. Aprendí que comen las larvas de los gusanos de agua y de los zancudos y jejenes. Que duermen más de un cuarenta por ciento de cada ciclo de cuarenta y ocho horas, apoyando el claro envés de su caparazón en el poyete que rodea el rectángulo de la doméstica agua. Hacer el amor no les vi, pero deduje que se acoplan como todo el mundo, ...

Granada: mi amor por el aljibe

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(el autor en las nubes) ( Capítulo primero) Rapaz aún, un septiembre incandescente me bajé a vivir a los adentros del gran aljibe. Días antes había escuchado un pregón mercantil, aguas arriba del paseo de Los Tristes, cerquita ya de la alameda que esconde la fuente del Avellano: ¡Galápagos para el aljibeeeee!, gritaba el gitanillo. Los quelonios en venta se amodorraban en capas estratificadas dentro de un cuévano de mimbre. El pequeño vendedor había ingeniado una especie de vol-au-vent o milhojas. Una capa de galapaguitos y otra de juncos. Otra de tortuguillas de agua y una más de llantén. Tritones y alfábegas. Así hasta el fondo de la cesta. El pregonero humedecía el hojaldre sumergiendo de cuando en cuando el canasto en la fuente del Avellano. Me gustó mucho asistir a un rito bautismal diferente, practicado por mormones, adventistas del séptimo día, pentecostales y otras hierbas cristianas. Esto lo supe más tarde. Era fama que el agua de aquella fuente sanaba, de pura y ...

EN ISLANDIA NO HAY HORMIGAS

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( foto El País) Nunca me he sentido más perdido que en Islandia. Me salvó un cocinero granaíno que me propinaba de cena ¡doce! cigalas por noche. De seguir las cosas así volveré a mi aljibe primigenio. Me basta con que el agua me llegue a las tetillas. Siempre habrá algún galápago que me dé conversación. Para tal caso, aquí está el cuento enterito y verdadero: http://cuentosencarneviva.blogspot.com/2008/06/galpagos-para-el-aljibe.html Escribo bajo la luz de la luna llena. Por primera vez. Hacía tiempo que no hacía algo por primera vez. Luz de luna que hidrata mi alma. Soy yo: pasado plusquamperfecto, presente en libertad condicional, futuro imperfecto. El jardín es agua cerrada, que corre cuando cantan las acequias. Unas alcayatas sujetan mi pasado entre las ruinas de mi inteligencia. Apenas. Oigo el mar. Está bravo. Me calma.

ARCO DE LUNA DE MUJER

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( foto Masao Yamamoto ) Es agosto en la huerta y los tritones se bañan en mi alberca. El agua tibia del aljibe alivia la leve ceniza de un pesar. Mordisqueo una azufaifa azucarina, y los aromas de un viejo amor se van acercando a mis manos. A la noche, las salamanquesas sorben los mosquitos que el farol de alumbre encandila. Los chirridos de los grillos entumecen mis oídos. Sueño que amanece en el camino del cielo. Sin razón, la ociosa calima se desteje. No está el viento. Si hay cuatro, si son cuatro las estaciones ¿por qué vivo yo tan solo en una? Arco de luna de mujer en tierra firme.