Despedida y cierre
(foto Nan Goldin) En la reciente madrugada escribí en un cuaderno este correo para ti: "Es contradictorio con el cercano pasado dejar que las últimas palabras entre nosotros se reduzcan a un cruce, por escrito, de pullas y afrentas ¡Parece mentira! Anteanoche ladrábamos a la luna, a manera de cachorros de teckel con las patas por alto. Ahora entro yo: prefiero decirte adiós, agradeciéndote el regalo fugaz de aquellos primeros días, ahora hace más de medio año. Y más aún, te quedo reconocido por tu generosa compañía y afecto de las últimas semanas. De lo sucedido en los meses de entre medias, prefiero no meterme en dibujos. Y nada más. Anda con Dios y encuentra tu camino. Te abrazo" Hace un rato, en el desayuno, abro el móvil y, apenado, veo tu correo de hoy, que prefiero no contestar y que duerme, sin ser leído enteramente por mí, en la papelera de reciclaje. Todos podemos contar de los demás “cosas terribles”: ¡qué expresión la tu...