Escritor, espía de sí mismo
Un escritor es un espía de sí mismo. Por eso yo espío a esa persona que vive en casa, escribe en mi mesa de caoba y duerme en mi cama y se llama como yo, pues yo soy uno en esencia y dúplice en persona inmaterial. Tal vez sea que cada alma, cada espíritu, habita en dos cuerpos distintos. O que un cuerpo alberga a dos espíritus diferentes. Así se explica que, día sí y día también, los libros que estoy leyendo cambien de emplazamiento, mis lápices y cuadernos de habitación, mi termo del té de mesa y…mis novias de novio. La noche de anoche resultó ser noche toledana. La melatonina obliga. En el prefacio nocturno y cubista del primer sueño asisto a un tráiler sobre mi evolución por selección natural. Mi abuela no soporta que la evolución sea ciega y que yo resulte un subproducto sin autoría intelectual. No buscado. En el segundo tempo de mi noche inacabada, la orquesta filarmónica nacional de Hungría, dirigida por Zsolt Hamar, interpreta un poema sinfónico titulado “La metafísica del ...