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Sin pijama y sin recuerdos (capítulo segundo)

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( foto Frank Horvat ) Sin pijama y sin recuerdos. Capítulo segundo.             _____               Me acuerdo de ella. ¡Dios!: tacones, manos, medias. Su falda, sus rodillas, su blusa, su melena, el nacimiento de su nuca. Me acuerdo de ella con el corazón, no con la memoria. También recuerdo que bajaba andando con mi padre hasta el estadio Metropolitano y que mi equipo ganaba siempre la liga. Y que los malos, los hombres blancos, bajaron a segunda división. O casi. He sido varias personas, yo. Una de ellas ha hecho mucho cine. Pero eso prefiero no contárselo al plasta del neuropsiquiatra. Comencé como actor. Los papeles de Marcello Mastroianni y los de Alain Delon los interpretaba yo en la piel de ellos. Luego me hice director. Las películas de Chabrol y las de Rohmer, mías son. Ahora estoy haciendo los guiones de un tal Rafael Azcona, que se ha muerto hace poco y es otro de mis heterónim...

La primavera alargó nuestras ilusiones (segunda parte)

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(el autor, sentado en el centro, cuando niño) ( capítulo quinto ) Ada era donosa, espigada, de pómulos salientes, mandíbulas cuadradas, con un principio de muesca hendida en su mentón. En las mejillas tenía dos hoyuelos que rendían el albedrío de tirios y troyanos. Su pelo pesaba mucho. Sólo vi una vez cabellos semejantes. Adornaban la cabeza de una chica suiza, lánguida y triste de desamor. Guapa y melancólica hasta decir basta. La helvética me contó que a veces le entraban jaquecas por soportar el peso de su melena. Comprobé que un pelo suyo era 3 ó 4 veces más grueso que uno mío. El amor invitaba, llamaba, a Ada. Para darle cobijo, ella esperaba a estar de buena luna. Esa mujer no era el invierno, ni el otoño, ni el estío. Era la consagración de la primavera, con su boca llena de risas, que regalaba al universo y a cada uno de sus habitantes. De noche brillaba su piel y sus ojos tornaban de verdes a color miel de acacia. De manos largas y fuertes, como alados eran sus ...