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Mostrando entradas de febrero, 2011

El niño es el padre del hombre

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Correr el tupido velo no se parece a ninguna biografía. Pilar Donoso -hija del autor del Boom- ha trazado un retrato de familia en los antípodas del sensacionalismo. Es un libro sutil, complejo y traspasado por el ansia de entender y de amar



"El niño es el padre del hombre", decía Wordsworth, y es verdad. El niño que fuimos, es decir, el peso de nuestra infancia, nos persigue durante toda nuestra vida; y los octogenarios, al morir, con las manos ya crispadas sobre el embozo, a menudo llaman a su madre como si fueran críos. La niñez es nuestra horma o nuestra cárcel.


Correr el tupido velo, la biografía que Pilar Donoso ha escrito sobre su padre, José Donoso, el conocido autor chileno perteneciente al Boom (El obsceno pájaro de la noche es su novela más célebre), es un libro que intenta, justamente, encontrar la puerta de esa prisión interior. Cuando se publicó, hace cosa de un año, escuché algunos comentarios críticos que le reprochaban a Pilar haber publicado demasiadas cosas …

La Trainera naufraga

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Un conocido mío, reputado gastrónomo, me pide asilo para acoger su crónica de un restaurante a la deriva. Desea firmar con uno de sus heterónimos. Mi albergue está a su disposición, y a la de todos ustedes. ¡A mandar!
"Este es el cuento de cómo un restaurante de solera está tirando por la borda su antiguo prestigio.
Quien suscribe, en otros tiempos, visitaba el restaurante La Trainera asiduamente. En la actualidad, de tarde en tarde. La Trainera va a la deriva. Precios exorbitantes y calidad mediocre, tirando a mala.
Sus pescados son invariablemente de vivero. El jamón que sirven es de tercera categoría, muy salado casi siempre y cortado de cualquier manera. Las ostras, de regular calidad y de una única clase y tamaño, salvo en lo que a su precio se refiere, que es excesivo.
La cocina se limita a una plancha y unas cacerolas para hervir, siempre demasiado. No se preparan guisos ni asados. No hay platos del día, ni recomendaciones del chef, si es que existe tal figura. No se ofrecen…

Teorema de Eva

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( foto Wendy Bevan )
Uno de sus amantes se llamaba Sándor y el otro se llamaba como yo, porque era yo.

El nombre de Sándor no se debía a que sus padres fueran imaginativos para la cosa de la nomenclatura, sino sencillamente a que eran húngaros.

Sándor y yo fuimos amantes de Eva allá por los años 90, no sé si simultánea o sucesivamente.

Tuve con ella una relación estrecha y breve. Estrecha porque su cama era small size y breve porque el incendio de nuestros corazones y cuerpos se extinguió en un invierno. Conocí a Eva en casa de unas amigas de vida alegre y el rayo que no cesa prendió en ambos la brasa de una pasión. Pero, como la memoria es traidora, también pudo suceder que me fuera presentada en una recepción que ofreció el Ayuntamiento de Madrid a un grupo de espeleólogos australianos y sin fronteras.

Cuando se acabó lo que me daba no volví a verla.

Andaba yo por entonces en otras "liaisons dangereuses" y ya se sabe que la mancha de una mora con otra verde se va. Me sumí …

Al viejo estilo VIII

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( capítulo octavo y final )

Los domingos el párroco del Pilar de la Horadada se acercaba a la finca para decir misa en la capilla de la Casa Grande a las 12 en punto. Antes, confesaba. Una vez un hermano mío, que era muy escrupuloso de conciencia y no tendría más allá de 11 ó 12 años, atascó la misa hasta pasadas las 12 y media, contándole al cura no se sabe qué pecados imposibles, en medio de grandes muestras de impaciencia por parte de todos nosotros que confiábamos en darnos un chapuzón antes de comer.

Me parece que aquel día las bambas Pirelli, los meybas y las gafas y tubos de bucear Nemrod se quedaron esperando en la tartana, igual que esperando se quedó el camino que atravesaba el río Seco flanqueado de pitas en un horizonte de montes de esparto. Total, que nos quedamos sin nadar hasta “los palos”, que así llamábamos a unas estacas situadas en medio de la pequeña ensenada de la playa de Campoamor. De ellas los pescadores prendían unas redes finas para atrapar lubinas, magres o pa…

Al viejo estilo VII

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( el autor, "al viejo estilo" )
( capítulo séptimo )
Los sábados mi padre acompañaba en el coche grande y negro al dueño de la dehesa a depositar en un banco en Cartagena toda la recaudación de la semana, que don Antonio obtenía como corresponsal de los bancos en San Pedro del Pinatar. En aquella época los bancos no tenían sucursales en buena parte de los pueblos y apoderaban al cacique o al rico de la zona , que venían a ser la misma persona, para el cobro de las letras de cambio aceptadas por los lugareños. Ello dejaba una buena comisión y requería honestidad y pulcritud en el manejo de los fondos.

En la guantera del coche vi una vez una pistola que seguramente jamás fue utilizada ni siquiera para practicar el tiro. En aquella España privada de libertades, la profesión de atracador debía ser muy poco atractiva. En los años 50 se cometió un atraco muy sonado contra la joyería Aldao, en la Gran Vía de Madrid. La cosa debía ser tan poco frecuente que enseguida se cantó una copl…

Al viejo estilo VI

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( capítulo sexto )
La única mujer que hacía lo mismo que los hombres era la Maura. También reía y fumaba como ellos. Ni mi madre, ni doña Encarnita, la señora y dueña de la dehesa, ni Marisa, su señorita de compañía, se mezclaban con los caballeros salvo en las comidas y en las misas.

El entorno femenino se completaba con las guardesas. La hija de los que cuidaban la Casona se llamaba Pilar Treviño y era muy simpática y guapa. Candelaria se ocupaba de la casita de la playa. Tenía dos o tres hijos rubios y descalzos.

Pepe, el de la tartana, cantaba muy bien flamenco. Creo que de él me viene la afición que aún conservo por el cante. Pepe Pinto, Juanito Valderrama, Manolo Caracol, Antonio Molina, Carmen Morell y Pepe Blanco, estaban de moda entonces, cuando Manolete murió en Linares, cornada que cogió a mi familia en Campoamor. Yo no tengo memoria de estar en este mundo cuando acaeció aquel duelo nacional. Igual que a la llegada a Barajas de Jorge Negrete, prototipo de macho mexicano que re…