Al hilo dignifica la hermosura
(…) Al hilo dignifica la hermosura, dulcemente inmadura, del tendido durmiente, porque en dieciséis años no ha habido tiempo aún para los daños de tiempo cruel o práctica natura, que sacrifica el arte a la simiente; en el cuerpo yacente hay candor y abandono y hay tersura que vértigo provoca, como provoca vértigo la boca, roja rosa entreabierta de riquísimo aroma, con las mórbidas formas de una poma, que al más dormido instinto lo despierta. Y los párpados lisos, y de las cejas las espesas líneas, que no han tocado nunca las Erinias con sus crueles avisos, la barbilla perfecta, la nariz intachablemente recta y la suave mejilla ruborosa; la cara más hermosa, en fin, y el cuerpo más hermoso y noble que engendrara jamás mujer alguna, y no quiso el azar hacerlo doble porque tanta belleza fuera una, y pudiera de...