Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Casería de los Cipreses

Granada huele a nada

Imagen
(foto actual del estado de abandono de Los Cipreses) A mí me gusta la tierra de labranza tanto si es de pan llevar, como si es de vega. En la Granada de ahora ya no queda vega, pues gente sin escrúpulos ha sustituido los pimientos, habas y berenjenas por edificios altos, malos y muy requetefeos. Me cuesta ir a Granada pues a ella llego melancólico, en ella me vuelvo iracundo, los recuerdos de mis muertos me persiguen y, dos o tres días después, tengo que salir de allí o hinco el pico.  − ¿A qué huele lo sagrado? pregunté al poeta haijin. − Lo sagrado huele a este mundo, me contestó. ¿A qué huele hoy la Vega de Granada?  A nada. Promotores, constructores, Ayuntamientos y otras autoridades han echado a perder aquellas tierras que fueron hermosas ¡Qué bella era aquella finca de mis abuelos! Los Cipreses, bellos y altos, de tanto mirar al cielo...

Mis abuelos por parte de madre

Imagen
(mi abuelo en 1955) Mi abuelo Enrique era elegante, siempre con chaleco y leontina, sombrero y bastón con puño de plata. Tenía los ojos azules, la tez muy blanca y el pelo rubio claro. Bien parecido, gustaba de tertulias y espectáculos. Dicen que era muy aficionado a las señoras. Una vez me llevó al Aliatar Cinema a ver una película clasificada 3‑R (mayores con reparos) . Fue nuestro secreto. En la taquilla le dijo muy serio a la encargada que su nieto pagaría las entradas. Yo le miraba confuso y él, con la contera de su bastón, tocó mi hombro y me llamó “mal pagaor”. Murió cuando yo tendría doce o trece años. Alguien me habló entonces de parientes ilegítimos. Cosas de pueblo, supongo. Mi abuela Emilia fue toda una belleza de joven. De mayor, diabética insulinodependiente. Presumida, siempre.  Recuerdo al practicante hirviendo la jeringuilla, que tenía el émbolo azul oscuro, mirando al trasluz cómo la gota del fármaco asomaba por la punta de la larga aguja que...