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Mostrando las entradas etiquetadas como felicidad

Pregunto a mi hermano muerto

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(fotos del autor) Pregunto a mi hermano muerto por la eternidad y me dice que, hasta este momento, no dispone de datos suficientes: - “Ha pasado poco tiempo aún”, me dice. Y eso que mi hermano murió el primero de marzo de mil novecientos noventa y nueve. A ver si consigo transmitir a mi hermano un diálogo que vengo de leer. Idan Segev, neurobiólogo, va y dice: − “Dios es una invención del cerebro. Si yo fuera capaz de construir un robot con un cerebro tan complejo como el mío, seguro que creería en Dios”. Pasko Rakic, otro genio, le responde: − “Muy probablemente, el robot pensaría que su constructor es Dios”. Las religiones monoteístas necesitan de la pulsión de la muerte. Y de la culpa. Es mejor renunciar aquí y ahora para asegurarse un más allá feliz, te vienen a decir. Sabemos que los animales no tienen religión, pero sí quizás alguna forma de paraíso. Se lo merecen por querernos y cuidar de nosotros, sus amos, con la fe del carbonero y la fidelidad legendaria de las a...

Del amor

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(fotos de Masao Yamamoto) Cuando nuestras miradas se encontraron, las fuer­zas nos abandonaron, nos abrazamos y ella apretó su rostro contra mi pecho, y se echó a llorar; mientras besaba su cara, sus hombros y sus manos mojadas de lágrimas, -¡oh, qué infelices éramos los dos! –yo le declaré mi amor y, con un dolor punzante en el corazón, entendí qué vano, mezquino y engañoso era todo lo que nos había impedido amarnos. Comprendí que cuando uno ama, al razonar sobre ese amor, hay que partir de algo superior, más importante que la felicidad o la infelicidad, el pecado o la virtud entendida en su sentido corriente, o bien no juzgar en absoluto lo que sentimos. La besé por última vez, estreché la mano, y nos separamos para siempre… Título original:   O liubvi (Del amor), publicado por primera vez en la revista   Russkaya misl, 1898, Nº VIII, con la firma de "Antón Chejov".