domingo, 26 de mayo de 2019

400 patadas al idioma


400 patadas al idioma                                           

Un cartógrafo envía numeradas las faltas que ve en el diario. “Aporto un grano de arena a la mejora de mi periódico”.

Esta columna pretende ser un homenaje al lector Fausto Rojo, nacido en Granada hace 72 años y residente en Barcelona desde 1967. Mi antecesora, Lola Galán, ya le dedicó dos elogiosas menciones porque este cartógrafo jubilado envía numerados errores que detecta en EL PAÍS. Los denomina patadas al idioma y el pasado día 11 alcanzó la cifra de 400.

Ese día, aclaraba: “Me gusta creer que aporto un microscópico grano de arena a la mejora de mi periódico favorito y presumo con mis nietas (Emma, de 16 años, y Nuria, de 13)”. El homenaje, por tanto, es también un agradecimiento a quienes nos escriben para mejorar su diario. “No habré dejado de leer ni cien números del periódico. Antes leía otro pero, cuando salió EL PAÍS, se acabaron las tonterías”, cuenta por teléfono Rojo, que no entiende la “falta de cariño” hacia un idioma “tan bonito, tan rico, con tantos matices…”.

Cada patada al idioma es un sobresalto. “No las busco; se me aparecen como luces de neón. Me hieren y salta una alarma”. Le ocurre cuando los redactores utilizan “hasta que” en lugar de “mientras” (algunos quieren “expulsar del lenguaje este segundo adverbio”, escribía el 1 de marzo). O cuando lee “perspectivas de futuro” (18 de enero, 7 de febrero y, en la patada 405, el pasado día 21). “Sería más complicado si las perspectivas fueran de pasado”, bromea.
Le salta la alarma cuando confundimos “galeotes” con “galeones” (13 de abril), cuando hablamos de “austericidio” (“¡Ojalá hubiera habido una Europa del austericidio! Hubiese asesinado a la austeridad”). O cuando usamos el incorrecto “punto y final” en lugar de “punto final”.
EL PAÍS dedica atención y medios para evitar errores. El control de las diez ediciones de papel, desde mediodía hasta pasadas las dos de la madrugada, corresponde al redactor jefe Javier Rivas y su equipo de cuatro personas. “Es un enorme volumen de trabajo”, asegura. La web produce unos 300 artículos diarios y sus cinco editores/correctores, que cubren un horario de nueve de la mañana a once de la noche, tienen “una tarea hercúlea”, cuenta Ana Lorite, su coordinadora. Precisa que solo se revisa el 30% de los textos: los que están en la portada de la web, muchos de los cuales se modifican a lo largo del día.
Los filtros son insuficientes porque algunos periodistas no son tan amantes del lenguaje como Fausto Rojo. En un editorial dijimos que “un jugador de color” fue insultado (18 de abril) y, en otro, que los Oscar premiaron a personas “de color” (26 de febrero). Como bien recuerda el Libro de Estilo, “los blancos también son de color”. La principal crónica política del 21 de abril empezaba con esta errata: “Iguionba demasiado bien”. La frase correcta era: “Iba demasiado bien”. Y en la portada del viernes se remitía una información sobre Portugal a la página 10, cuando iba en la 12. “Salvo improbable imprevisto”, arrancaba un análisis ese día. Son solo algunos de los ejemplos que han molestado a lectores.
Salvador La Casta Muñoa y Javier Clemente Baños nos afean el abuso de anglicismos. Un clásico. “Es una batalla casi perdida”, dice La Casta. Le damos motivos. En un texto del 7 de abril, había cinco palabras inglesas en los dos primeros párrafos: coworking (dos veces), vintage, cool, y start-ups. Del 9 de noviembre al 5 de abril, y solo en domingos, Javier Clemente contabilizó 215 expresiones en inglés. “Al menos incluyan la traducción”, exige, al igual que Francisco Álvarez Losada.
Spoiler es el término del mes por Juego de tronos, la exitosa serie de la que el periódico ha difundido “un aluvión de noticias”, “una enorme cantidad de información”, según consideran los lectores Jaime González y Marta Prádanos. Ambos se quejan de que el diario les ha destripado claves de la trama. “Esta entrada contiene spoilers”, advertía un texto. To spoil significa “estropear, echar a perder”, así que la traducción sería: “Esta entrada contiene estropeadores”. No, no suena bien.
La Casta nos reprocha los “falsos amigos” en las traducciones. Así, utilizamos “bizarro” como sinónimo de “raro, extravagante”. Eso significa bizarre en francés o inglés pero, en español, bizarro es “valiente, generoso”.
Montse Roca critica precisamente algunas traducciones. Un texto del 20 de marzo sobre Michelle Obama adjudicaba a la ex primera dama este comentario sobre la vida de sus hijas en la Casa Blanca: “Significó mucho esfuerzo mantenerlo en su realidad. Nos asegurábamos de asistir a las reuniones de padres y maestros, de ir a sus juegos y de que estuviéramos al margen, de tener niños durmiendo en nuestra casa. Y eso lleva trabajo”.
El 25 de abril dijimos que cuatro terroristas muertos en Arabia Saudí tenían como objetivo “un centro de interrogaciones”, un traspié que denunció el lector Fernando García González.

Si no fuera por los dos equipos de edición, les aseguro que Fausto Rojo vería muchísimas más luces de neón


Carlos Yárnoz. El País Semanal.

domingo, 19 de mayo de 2019

Defenderse del asedio





Defenderse del asedio                                    

ESCRIBO ESTO el 28 de abril. No he tenido suerte con la “ardua tarea” de la que hablé aquí hace tres domingos. Es decir, cuando he llegado al colegio electoral, aún no había decidido mi voto. Pero he votado, como anuncié. Con preocupación, asco y arrepentimiento anticipado. Lo último irá en aumento, supongo, según vayan pasando las fechas y descubra a qué horror he contribuido. Me parece por el estilo de tenebroso que entren en el Gobierno Vox o Podemos, de lo que se nos avisó anteayer (anteayer para mí). Sólo me cabe el indecente consuelo de saber que, si hubiera optado por la otra posibilidad (en mi caso sólo disponía de dos), sentiría la misma preocupación, el mismo asco y el mismo arrepentimiento.

Pero ustedes ya están hoy en otra cosa, a catorce días de votar de nuevo, ahora municipales, autonómicas y europeas. Las primeras carecen de importancia, al menos donde estoy empadronado, Madrid. Soy lo bastante veterano para haber comprendido que todos los alcaldes y alcaldesas sufren de megalomanía y de fobia a los madrileños, pertenezcan a partidos de derecha o de supuesta izquierda. Todos albergan ideas peregrinas y se las copian entre sí, por mucho que los unos clamen estar en las antípodas de los otros. La delirante peatonalización de la Gran Vía ya fue un proyecto de Gallardón. La fiebre por los carriles-bici, que han convertido tantas vías en intransitables, la padeció Ana Botella con la misma intensidad que Carmena. Ésta es quizá más autoritaria (aquélla no se atrevió a prohibir la circulación de viandantes en ciertas calles en Navidad), pero se parecen enormemente en su gusto por la suciedad del centro. Nunca entenderé por qué un puñado de ciclistas impone sus exigencias al conjunto de la capital. Tampoco por qué diez mil corredores (los inscritos para la maratón de ayer, ayer para mí) tienen derecho a fastidiar al resto cortándolo todo durante horas cada vez que se les antoja. ¿Es que votan doce veces, a diferencia de los demás? Los domingos Madrid es secuestrado por las minorías “lúdicas” y recreativas en perjuicio de las mayorías mansas, y esto sucede con Manzano, Gallardón, Botella y Carmena, tanto da. Esta última es por añadidura la candidata del PSOE, además de la de su formación que ya no sé cómo nombrar. El PSOE le propuso que compitiera bajo sus siglas, y, como no pudo ser, le ha puesto de contrincante a un ex-seleccionador de baloncesto al que no veo por qué nadie iba a votar. Es indiferente quién salga elegido: el que sea enloquecerá y seguirá siendo rehén de las minorías despóticas. Así que quizá me incline por quien (por ahora) veo menos demente, Begoña Villacís. Sin apenas esperanza: en Madrid como en Barcelona (véase la inenarrable Colau) todos caen víctimas de los delirios de grandeza y de destrucción.

Las autonómicas importan aún menos en Madrid. Desde que dos absentistas ignominiosos le regalaron (¿vendieron?) la Presidencia a Esperanza Aguirre, el cargo no sólo está desprestigiado, sino maldito. Aquí el más sensato parece Gabilondo, que por lo menos no vocea mamarrachadas.

Así que las más transcendentales son las europeas, esas a las que en España no se hace ni caso. La Unión Europea está asediada por incontables enemigos. Quieren destrozarla los personajes más siniestros y sin escrúpulos del globo: desde Putin a Trump, que la detestan, hasta una pléyade de europeos que, desde dentro, pretenden acabar con ella: los brexiteros a la cabeza, pero también Orbán en Hungría, Le Pen y Mélenchon en Francia, Salvini y Di Maio en Italia, ­Kaczynski en Polonia, Wilders en Holanda, Alternativa por Alemania en este país, los Auténticos Finlandeses, Aurora Dorada en Grecia, Podemos y Vox y Bildu y Torra y compañía en España, checos, eslovacos, eslovenos, austriacos, todos orquestados por Steve Bannon, que aupó a Trump al poder. Los votantes de esta gente irán en masa a las urnas, razón suficiente para que los imitemos quienes consideramos la Unión Europea, pese a sus muchos defectos, el mejor invento de nuestra historia común. El que, por no decir más, ha logrado que en este continente no nos matemos desde 1945, tras siglos y siglos de guerras y escabechinas. A ellas parecen querer volver todas esas formaciones nacionalistas y antieuropeas. Anhelan que cada país se aísle con sus banderas y se crea superior a los demás; que el continente se debilite y no se pueda defender de los ataques brutales de Putin y Trump. El primero maniobra sin cesar a favor de esos antieuropeístas, lo mismo que Bannon. Después de la mayor matanza de la historia, la Segunda Guerra Mundial, todos estos sujetos ansían propiciar un clima de recelo y enfrentamiento entre nuestros países; y sabemos cómo suelen acabar esos climas en nuestro suelo, desde la Edad Media hasta el siglo XX, que ya son centurias de asesinarse unos a otros. Se prevé que el 60% de la población europea desdeñe estas elecciones y les dé la espalda. En el 40% restante figurarán los partidarios de esos políticos y partidos enumerados, suicidas o más bien criminales, si pensamos en lo que nos pueden traer. No las desdeñen ustedes, por favor. Absténganse en las municipales y autonómicas si quieren. En las europeas no. En ellas sí que nos va la vida.

Javier Marías. El país semanal

domingo, 5 de mayo de 2019

Leyendas ocultas del Támesis

La fotógrafa que recrea las leyendas ocultas del Támesis        


Seguir el curso de un río implica recuperar la memoria de aquellos que transitaron a lo largo de sus orillas. La autora de estas evocadoras imágenes recrea algunos de los relatos y fábulas que arrastra su enigmático caudal. Un universo onírico basado en hechos ficticios y reales que viaja por el territorio de la fantasía.

Julia Fullerton-Batten | Texto: Gloria Crespo Maclennan

El País semanal. https://elpais.com/elpais/2019/05/01/album/1556721477_946809.html#foto_gal_1