Me han dicho que usted escribe
(fotos del autor en La Habana) Asistí hace poco a un sarao literario en la Casa de América. Una señora de buen ver se me acercó y, amablemente, dio origen a este breve diálogo: —Me han dicho que usted escribe. —Sí, señora. —Y... ¿desde cuándo lo hace usted? —Pues... más o menos desde que aprendí la cuatro letras. Empecé yo solito, juntando las letras de los rótulos de los comercios de la calle que me nació. A escribir me enseñaron los libros que, a hurtadillas, tomaba de la biblioteca de mi padre. —Bien, bien, aprueba la bella dama, y... ¿de qué tratan sus libros? —Señora, mis relatos tratan de lo que está escrito en ellos, es decir, del amor, de las mujeres y de la vida y de mis cosas. La dama sonrió, deslizó en mi mano izquierda un papelito con su número de teléfono y se marchó balanceando sus caderas al ritmo del mar Caribe. De vuelta al hotel, sucumbí a la tópica tentación de preguntarme, ¿qué se necesita para escribir? ¿inspiración o talento?...