Entradas

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo décimotercero)

Imagen
A la hora de almorzar me viene en gana probar un poco de chupe de gallina y un pescado sancochado, a ser posible una buena rueda de mero. La comitiva me desplaza hacia el barrio de La Candelaria. Invito a sentarse a mi mesa al comandante, quien acepta después de juntar sus tacones reglamentariamente por decimocuarta vez en lo que va de día ¡Jesús qué manía! En el “pluscafé” indago: - ¿Qué se oye decir en los cuartos de banderas? El comandante me suelta de carrerilla y sin respirar: - El apoyo del ejército bolivariano al proyecto revolucionario es irrestricto. También compartimos la estrategia de nuestro Jefe de lentificar el calendario de medidas a favor del pueblo debido al zaperoco que se ha formado con el derrumbe del precio del barril de petróleo en los mercados de futuros. Así que noté a Chávez tan modosito la otra noche. Si la facturación de la compañía petrolera pública venezolana significa la mitad del producto interno bruto del país, pues eso, que la cosa la tien...

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo duodécimo)

Imagen
( el autor en el museo de Arte Contemporáneo ) Chávez se olvida de que mañana madruga. Me cuenta el ex teniente coronel de paracaidistas las llamadas que recibió de Fidel Castro durante el golpe que le montaron militares y empresarios, el día 11 de abril del año 2002. Mientras Hugo estaba atrincherado en el Palacio de Miraflores, sitiado por las tropas que se alzaron en tan curiosa asonada, Fidel llamaba insistiendo a su amigo para que aguantase el tipo. “¡No te inmoles!”, “no dimitas, no renuncies”, me cuenta Chávez que le aconsejaba Fidel. La cara de Chávez ha cambiado. Este hombre las pasó canutas hasta que el 14 de abril retomó el poder, gracias a que la división blindada y el regimiento de paracaidistas de Maracay amenazaron con arrasar a sangre y fuego Caracas si Chávez no era restituido. Ayudó y no poco, que el gobierno golpista eligiera como presidente a quien fungía como capo de la confederación de empresarios de allá, un tal Carmona. Empezó su gobierno títere abol...

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo undécimo)

Imagen
A las siete y media en punto me avisan de recepción. En el lobby del hotel aguarda mi asistente militar. En el trayecto hacia La Casona pregunto al comandante si me recomienda evitar algún tema de conversación. - No. Ya usted sabe que Hugo Chávez se faja con el más guapo. Quizás sea conveniente, doctor, que no toque usted la vaina de miss Venezuela. Tomo nota y me animo a formular la misma cuestión en positivo. - ¿Asuntos que son del agrado del ciudadano emperador? El oficial me indica que Chávez, al día de hoy, se interesa vivamente por la industria de la farmacopornografía como motor del mercado en la economía capitalista de este siglo. Pongo cara de Buster Keaton. Me quedo con gana de preguntarle a mi amabilísimo acompañante si sabe dónde se encuentra mi gato. Recorro las preciosas galerías coloniales de la residencia oficial del número uno de la república venezolana. No aprecio cambio alguno respecto de las que frecuenté en tiempos de Carlos Andrés Pérez, Herrera C...

Los sueños...

Imagen
Los sueños... ¡Cómo endulzan la sombra! Tomé esta foto durante mi reciente exilio espiritual en el campo mallorquín, que hoy mi cuerpo abandona. "Los sueños..." es el inicio de un conmovedor poema escrito por Juan Ramón Jiménez en 1913.

El alma de mi hermana

Imagen
Se me ha muerto mi hermana, la mayor y más querida. Se van quienes amé, aquellas personas que me amaron. Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y estaré solo, sin árbol verde, sin pozo blanco…y mi espíritu errará, nostálgico de quienes se van para no volver. ¡Qué lejos! ¡Qué solo! Su alma, el alma de mi hermana, ¡qué lejos y qué cerca de mí! ( Tomo en préstamo cosas de Juan Ramón Jiménez, de memoria, en desorden y mezcladas con otras mías. Las fotos, hechas con mi móvil...  )

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo décimo)

Imagen
Duermo como un bendito y amanezco en el aeropuerto de Maiquetía. Bajo del avión. Una banda militar ataca con brío el himno “Gloria al Bravo Pueblo”. Terminado que hubo la charanga patriótica, se acerca un general con un montón de estrellas quien me comunica que el emperador Hugo Chávez me ha concedido la ciudadanía venezolana, con derecho a pensión vitalicia. Y no contento con eso, va y me condecora e impone la medalla y banda de la Orden del Mérito al Buen Revolucionario. Y añade que Su Serenidad el emperador Chávez estaría muy honrado en cenar conmigo esa misma noche, precisando que sería una cena privada, sin discursos. ¡Qué gusto! El comandante que dirige mi traslado hasta la suite presidencial del hotel Tamanaco me da buena espina y por eso decido jugar al despiste preguntando: - ¿Cómo van las cosas por España? Efectivamente, el militar es un criollo vernáculo bien entrenado y me responde con un laconismo alejado de la verborrea caribeña: - ¿Se refiere usted a ...

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo noveno)

Imagen
( el autor en La Habana, interrogado por una amable policía ) Me despierta una azafata. Sus ojos relucen más que el sol. Hemos llegado a La Habana. Dos funcionarios de inmigración me ahorran los trámites de aduanas y demás vainas. Se ve que ha funcionado el fax del comisario Gumersindo Morales, y de qué manera, porque un coche de servicio oficial me deposita en el Hotel Nacional. Me desazona que ahora se llame Hotel Hilton Nacional, pero prefiero callar como un cartujo. Siguen los obsequiosos detalles de bienvenida y recibo alojamiento en la planta de huéspedes ilustres. En la misma habitación de siempre. En la número 804. Enciendo la tele y mi corazón empieza a fibrilar. Está pronunciando un discurso, retransmitido en directo, el presidente de la República de Cuba, ciudadano Fulgencio Batista junior. Se le saltan las lágrimas cuando recuerda la figura de su egregio abuelo, el sargento Batista ¡Qué angelito! Desde recepción me ruegan que atienda a dos señores de la policí...