sábado, 20 de julio de 2013

A mi padre muerto


(mi padre)

Pocos días antes de su muerte, mi padre recibió la extre­maunción.

Terminado el rito sacramental, tuve ocasión de que­darme a solas con él en la habitación de la Clínica Nuestra Se­ñora del Mar, en donde murió. Le pregunté por su impresión al recibir los óleos y me dijo literalmente: “emotivo pero no grato”. Contundente y en buen castellano.

Lamento ahora no haber tenido ocasiones para haber charlado tranquilamente con mi padre de lo divino y de lo humano. En los años en que a él le tocó ser padre y a mí ser hijo las distancias eran tales que hacían prácticamente imposible una comunicación franca y menos de tú a tú.

También echo de menos que no nos haya dejado escritas sus experiencias, por ejemplo, en tiempos de la guerra civil española. Nunca quiso hablar de ella. Carmen Laforet y Josefina Aldecoa, no mucho antes de morir, publicaron re­membranzas de ciertas etapas de sus vidas, niñez incluida. Tengo sus libros en la cola de espera, así como el más reciente de los hermanos Esther y Óscar Tusquets.

Todavía me afecta hoy hacer memoria de los juicios de intención que hizo “mon père” sobre mis propósitos en la vida, cuando le comuniqué, recién terminada mi licenciatura con Premio Extraordinario, que no deseaba preparar oposiciones. La conversación terminó abruptamente.

Todavía no había cumplido yo la mayoría de edad, que en aquel entonces se alcanzaba a los veintiún años. Y eso los hombres, que las mujeres habían de esperar hasta los veinticinco. ¡Qué disparate!

Mi yo de entonces no quería criar culo sentado en un cuarto de estudio memorizando temas de Derecho. Yo deseaba ganarme ya la vida, ligar con mozas y hacer cine. Satisfice, a mi modo, las tres vocaciones. Y fui libre unos cuantos años.

¡Lástima no conocer enton­ces el Tao! Hubiera procurado explicarle a mi padre que “intentar contro­lar el futuro es como usurpar el lugar del maestro carpintero. Al usar sus herramientas, lo más probable es que te cortes la mano”. Lo digo porque mi padre era Abogado del Estado y pensaba que tal desempeño era lo mejor y más seguro. ¡Qué coñazo!

Hoy, desde las lluvias de un abril cálido y de nuevo libre, me gustaría estar con mi padre para, sin palabras, decirle que le quise mucho. Aunque no me gustara su manera de ser con mi madre ni de pensar respecto de mí.

Y pasar con el padre una sobretarde en el zaguán de “Los Cipreses”, la finca familiar de la vega de Granada, que ya no es de labor ni de la familia. Sin habla ni parla miraríamos juntos la puesta del sol por encima de la línea del cielo de Maracena.

Ya lo dijo el poeta japonés:
“Con quien no habla
cuanto tiene en mente

paso una agradable velada.”



(de izquierda a derecha: mi hermana mayor, mi padre, tía Pepita y
un servidor con niqui de rayas)

6 comentarios:

  1. Hola amigo Manuel,desde ya, le estas dando a tu padre muerto la paz que necesitáis los dos, con este escrito, recordándole con amor de hijo y dandále vida espiritual con tus pensamientos escritos y sentidos.

    Nadie nace con un libro de instrucciones para ser padre o madre en ninguna época
    y la sociedad de entonces era muy machista, en el mundo pensaban y mandaban los hombres .Tú eres un hombre libre, que ha vivido libre...en otro tiempo y en este tiempo.
    Eso dice mucho y bueno de de ti.

    Recuerda que somos luz, somos amor de luz y eso es ser almas eternas conectadas ...
    Siendo humanos todos la erramos alguna vez...y el perdón sentido desde el corazón es bueno,nos eleva el alma y el espíritu,nos da la paz que necesitamos en vida, para los seres que amamos y se fueron.
    Ellos están vivos en el corazón del universo.

    Besos de luz desde tierra granadina.

    MA.

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  2. Pues bien Manuel, eso nos pasa a muchos, a mi me gustaría ahora tener a mi madre y hacerle una cantidad de preguntas que no hice en su día porque no me interesaba en la familia, me parecía que iba a estar siempre allí y lo que nos importa es vivir nuestra vida de la forma que sea.
    Por haber emigrado no pude estar en sus últimos días de vida así que en su funeral, ya ves cuanto yo también me he perdido, por eso ahora intento recapitular recuerdos y revivir un poco mi niñez con ellos.
    Un abrazo y precioso post

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  3. Como pesan las ausencias, precisamente hoy echo de menos en mi blog una mayor cercanía con mi padre. Eran otros tiempos, pero en el fondo yo sigo con ese freno para demostrar afectos que tengo que vencer con mis hijos, en cambio con mi nieta salen a raudales ... por qué!?

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  4. Es curioso. A mi padre tampoco le gustaba hablar de la guerra civil española, a pesar de que participó en ella. Había que arrancarle las cosas con sacacorchos, y aun así se iba por la tangente y terminaba preguntando ¿y por qué te interesa eso? Supongo que toda esa generación sentía vergüenza de ellos mismos, de su modo de comportarse en esos años, y sobre todo unas irrefrenables ganas de olvidar y pasar página. Por eso me sorprendió mucho el afán del expresidente Zapatero de querer reverdecer todo ese cainismo. Nuestros padres eran sabios. Zapatero no. "Si el presente juzga al pasado, perderá el futuro" (Mandela).

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  5. En las escuelas tendrían que instaurar una asignatura obligatoria sobre las relaciones familiares y generacionales. Aunque sí antes costaba mantener una conversación o un silencio con tus progenitores, ahora a la velocidad a la que evoluciona todo, va ha resultar misión imposible.

    Saludos.

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  6. Buenas tardes.
    He tenido que buscar entre los pliegues de mi blog para localizarle.

    Una pena no haber encontrado la ocasión. Seguramente a él también le hubiera gustado.

    Mi padre no era español. Vino a España por amor hacia a mi madre. Mis abuelos nunca hubiera permitido la salida de mi madre hacia un país extranjero. Era una España pobre, vieja y terrible.
    Mi padre nunca entendió, al llegar la democracia, como podría levantarse un país sin enterrar a sus muertos con dignidad por ellos y por sus familias. Recuerdo que me decía que nunca sería un país libre habiendo tanta cloaca debajo de nuestras tierras.

    Si busca entre sus recuerdos, seguro que hubo conversaciones muy bellas entre su padre y usted.

    Un abrazo

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!