miércoles, 7 de diciembre de 2011

...Y se armó el belén (capítulo tercero)



El río cuyos meandros serpenteaban a lo largo de todo el tablero se hacía con papel de plata, pues aún no existía el papel Albal. Quiere decirse que el agua argenta provenía de las tabletas de chocolate Tárraga, Elgorriaga o Nogueroles y llevaba adherencias de cacao y algarroba, que es fruto del algarrobo cuya vaina y semillas machacadas se mezclaban por entonces con el cacao para que cundiera el chocolate. Quizás fuera no tanto por escasez, sino por cuidar de nuestras colitis infantiles, tan abundantes antaño. La algarroba o garrofa es legumbre cuyos taninos son potente remedio antidiarreico. Mano de santo, como quien dice, oiga.

Atrás cito varias marcas comerciales de aquellos años del cuplé. Las marcas son, como las instituciones, inestables. Las de prestigio aguantan años y años y ahí están Kodak, Gillette, Coca Cola, Cola Cao, Danone y muchas otras. Pero ya no hay camisas Tervilor, estufas Super Ser o televisores Marconi. Tampoco chicle Bazoka ni los aromáticos caramelos SACI, fabricados éstos por Gª Hnos. (Jijona).

Parte del pluriempleo de mi padre consistía en trabajar para la Agrupación Nacional de Fabricantes de Chocolate, lo que nos aseguraba el suministro de alimento tan fundamental para merendar en el cine Colón o en el Príncipe Alfonso. Un plátano, una onza de chocolate y un bollo suizo por barba daban para ver, sin rechistar, dos películas seguidas, que los programas eran dobles y en sesión continua. La que se llamaba “Flecha rota” me gustaba mucho y la vi cuantas veces soportaron los hermanos. A la yaya como que le daba igual, pues para llorar sirve cualquier peli, salvo las que ahora se hacen con efectos virtuales de ordenador, y portan mensajes tan sutiles y elaborados que no capto bien. Entiendo mejor a Bergman, a Antonioni, a Godard o a Win Winders que a los cineastas que englobo en el “clan de los rompehuesos o del sonido del trueno”, aunque me esté mal el comparar.




La secuencia que más me gustaba, y que formaba parte de una película de castillos y justas medievales, era la de un mozalbete, de alias “El Príncipe Valiente”, quien huía de los malos arrojándose desde una fortaleza al agua que la circundaba. Aguantaba sumergido en el fondo de la laguna durante varios minutos, hasta que los ballesteros que le perseguían se cansaban. Respiraba por el procedimiento de cortar con su machete un tallo de caña o junco o lo que fuera y asomar un extremo por la superficie, a manera de moderno tubo de bucear, pero en más largo. El príncipe melenudo se pegaba una panzá de minutos bajo el agua, cual delfín del Medievo.



Aquella Navidad soñé que me bañaba en el mar con un delfín.

Este último verano se ha realizado, al fin, mi sueño premonitorio. He tocado el lomo y la panza de un delfín preciosísimo. En la playa de las dunas me avisaron a sol puesto que había aparecido un delfín joven cerca de la orilla. Cercanía relativa, y más si el océano está de marea alta y son casi las diez de la noche.

Llegué a él como pude y con ayuda de Thérèse, mi joven y fuerte nereida. De pronto, el agua abierta del océano se vuelve círculo de agua cerrada, para el delfín y para mí. Mide mucho más que yo. Su piel, que acaricio a su gusto, tiene tacto de poliuretano terso pero rugoso a la vez. Se voltea de panza y me la ofrece. El lomo es de color antracita y la tripa gris azul. Le toco. Cierra los ojos. Ya no hay ni pizca de luz. Nado con él, porque él quiere y hacia donde quiere.

Siento no tomar una copa con mi adolescente cetáceo. Es apuesto y gentil, y yo le contaría cosas de los humanos, que también somos mamíferos. Él me hablaría de sus cadenas de tribu, pues viven en familia, como nosotros y los orangutanes. ¡Suerte, querido delfín! Si te vuelvo a ver, te regalo mi piscina y una cartilla de ahorro.


13 comentarios:

  1. Que increìble debe ser.

    Yo fui a ver las ballenas a Puerto Madryn.

    Se apareciò una al lado del bote (son enormes) y me llevè tal susto que no voy mas.

    Un abrazo.

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  2. Que recuerdos de chocolate, en mi caso era La Llave, y cine de sesión continua. Por 25 pesetas pasabas la tarde y comías chucherías...
    Y que suerte poder realizar un sueño infantil...

    Besos desde el aire

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  3. yo llegue hasta allí, donde simpático ese perro tuyo de tu blog, me dijo Hola!!!!

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  4. En todas las familias se armaba el belén... a menudo no sólo el de las figuritas.
    Hermosos recuerdos.

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  5. Dulces recuerdos, mas aún cuando en mi pueblo natal la mitad de las calles olían a chocolate. A propósito menudas jartas de garrofas me pegaba de nano.
    Un abrazo M.M. Torres Rojas.

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  6. Mi río también era de papel de chocolate La Campana. Sobre todo recuerdo que siempre olía el papel un montón de veces antes de ponerlo porque era alérgica al chocolate. Creo que si hicieran colonia de chocolate sería mi favorita, aunque ya pueda comerlo...

    El belén, hasta en las casas republicanas se ponía ¡Qué cosas!

    Un beso, compañero!

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  7. Un bello relato que me ha traído recuerdos de la infancia. Saludos.

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  8. Muchas cosas comunes: Flecha rota y el Príncipe Valiente. Los chicles Bazooka...¡ah, pedazos de bombas que hacían!...la platina para hacer el río y el lago del portal, Win Wenders,
    Gracias por tu visita, un beso.
    Vuelvo.

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    Que en estas Fiestas renazcan el amor y la luz de la esperanza. Que la esperanza se transforme en maravillosa realidad.
    Dios te bendiga en esta Navidad, te conceda amor, paz y felicidad.
    Un Año Nuevo lleno de dicha y prosperidad.
    Es mi más cálido deseo para ti.
    ¡Felices Fiestas!
    Con mucho cariño y ternura.
    Mau

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  10. Montar el Belén era muy emocionante y entretenido. Lo del delfín me parece maravilloso, y que lo hubieras soñado hace tantos años, aún más.

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  11. He visto hace poco Flecha Rota con mi padre...¡y me encanto!
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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  12. Bonitos recuerdos y maravilloso el paseo con el delfín.

    Con tus recuerdos afloran los míos.

    Un beso con sabor a polvorón

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  13. Me olvidaba.

    Quiero desear felices fiestas y no solo el 2012 feliz y próspero. Muchos, muchos más

    Un abrazo

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!