sábado, 25 de mayo de 2013

La primavera alargó nuestras ilusiones (tercera parte)



(la anémona de Ada)

( capítulo noveno )

Vuelvo a Ada. “De alguna manera tendré que olvidarte...” me dice Aute. No. Jamás te olvidaré. Cuando me volví loco por ti, tú me elegiste como amigo, como el mejor de ellos. Mas ¡ay! que yo te quería para “amor constante, más allá de la muerte”. La poesía que ahora me importa, a luna llena de septiembre, a ti se refiere también:

“... calado de ti hasta el
tuétano de la luz...
En mi alma nacía el día.
Brillando estaba de ti;
tu alma en mí estaba...
Sentí dentro, en mi boca...
el sabor de la aurora...”

¿Es que Aleixandre te conoció? ¿Por qué, si no, se apropia de mis temblores, de mi “élan vital” hacia ti? Hubo de amarte, porque no ha existido otra persona digna de tales versos.

Comoquiera que este relato está condenado al cuarto oscuro, de un lado y, de otro, que no es tiempo de faroles porque el futuro es muy oscuro, despacharé mis amoríos de la dorada época universitaria en tres renglones. No incluyo los más fugaces. Que fueron, chispa más chispa menos, Jacqueline, la chica de Filadelfia, Rita, la de Rosario (Argentina), y Almudena, una española que estudiaba arquitectura y que se prestó a interpretar conmigo una película en super-ocho.

Aviso al no avisado lector que, en aquella época, español que preñara a mozuela nacional incurría en riesgo cierto de ser casado o fusilado al amanecer. Hasta el punto que el único compañero de mi curso que, ¡oh infelice!, se atrevió a yacer con su novia formal, fue obligado a casarse porque la exdoncella cayó embarazada tras una sola sesión de trabajo en el curso del viaje del paso del ecuador, expedición en la que no participé. Hago un paréntesis para reflexionar sobre una de las eternas paradojas de la condición humana. En aquellos años una casta muchacha podía quedar embarazada con poco más de una certera mirada. Hoy en día, con las libertades generales y las particulares sexuales, proliferan las clínicas y sistemas para combatir la infertilidad. Ya se sabe, Dios da pañuelos a quien no tiene mocos, y viceversa.

Tuve una relación blanca, de noviazgo formal, con una de las hermanas de un amigo, compañero del alma, compañero. La cría era alba de piel, carite y dulcísima. La historia se terminó por mi inmadurez y porque un verano, en un Madrid vacío y tórrido, se cruzó por medio una gacela de enormes ojos verdes, mata de pelo castaño, con cuerpo de modelo de Mary Quant, pero con hombros y caderas a lo Haley Berry y carácter de mujer hecha y derecha.

Cuando la niña blonda y dulce volvió de vacaciones, le conté la entente hispano francesa. También hubiera podido callarme e intentar compatibilizar lo incompatible, pero preferí ser sincero y cantar la gallina. La cría no dudó en mandarme a freír puñetas y yo conservo un recuerdo maravilloso de ella y la esperanza de haber redimido mi falta, o, en su defecto, haber desenzarzado la situación. La hermana de mi amigo era menuda y alegre, de dulces ojos muy parecidos a los de mi madre; óvalo perfecto su cara. Era una mujer niña en paz consigo, cercana a un misticismo que ¡ay! aprecio y busco hoy más que antaño. Era una niña mujer de alma transparente, fuerte y más libre de lo que su frágil figura dejaba adivinar. Yo estaba verde. Me faltaban años y sabiduría.



(el autor ceremonia de fin de curso Universidad Complutense)


( capítulo décimo )

Lo de Catherine fueron dos años de “amour fou”, que me curtieron cuerpo y alma. No soy capaz de desvelar aquí el modo, la manera y el por qué se extinguió aquel volcán. Lo tengo escrito en relato que guardo bajo siete llaves en el alma, dentro de mi almario.

Mujer pasión, Catherine, era más vulnerable de lo que ella y yo creíamos. Su sensualidad mediterránea estaba a medio camino entre Argelia y Alicante, con parada y fonda en las Antillas francesas. Venía de reponerse de otra historia de amor que no me contó, con buen criterio. Lo supe mucho después, por boca de otra persona. Y tuve celos retroactivos.

Jugamos a ser eso que hoy se llama pareja estable y fuimos enormemente felices y desgraciados. Catherine no consiguió extirpar mi parte frívola y malamente burguesa pero... hizo lo que pudo.

Catherine encarnaba la dignidad y la decencia. En medio de un Madrid cutre y garbancero, con olor a berza y a churros mal fritos, constituía la más codiciada presa para el nutrido club de los petimetres señoritos cazadores de gacelas de importación. Ella se mantuvo íntegra, en medio de tanto depredador de vía estrecha que campaba a sus anchas por la terrible estepa castellana. Con cuatro perras en el bolsillo, o sin ellas, a vueltas con el pago del alquiler y lo demás, y mal comiendo en restaurantes llamados económicos, con riesgo de contraer salmonelosis en la mesa o ladillas en el baño. Trabajando con jefes rijosos, mal pagada, sin contratos ni seguridad social, siempre bella, siempre elegante de espíritu y de maneras, Madrid perdió un gran fichaje el día en que, doctorado bajo el brazo, regresó a su tierra democrática y civilizada. A la dulce Francia. Dejó un buen estudio sobre la obra dramática de Lope de Rueda.

Gracias a los dioses, a principios de los años ochenta pude, cara a cara que no cuerpo a cuerpo, explicarle a Catherine lo hasta entonces inexplicado y arreglar el ayer. Eso es lo que trae el otoño. Buscas paz, serenidad y saldar cuentas contigo mismo, con tu pasado y con los seres que te han hecho tal y como eres. Iluminarte e iluminar, si puedes lo primero y te dejan lo segundo.


(el autor en Casa Pilatos)

(cápitulo undécimo)

Ada era utópica y acrónica. Las mujeres niñas o las niñas mujeres de mi vida de entonces pertenecían a su época y estaban en su lugar, incluso si se encontraban desplazadas de su origen o raíces. Ada era astro de otro mundo y su tiempo y espacios eran eternos, no como los nuestros, que marcaban nuestro hablar, nuestros movimientos y sobre todo nuestros pequeños miedos y tabúes diarios.

Tan es así que todos la queríamos pero ninguno supo entenderla del todo, ni amarla lo suficiente. Ni estar a su altura. Pienso, sencillamente, que me aproximé mucho. Pero... no lo suficiente. Aunque... ¿alguien conoce cómo se debe querer a una diosa? ¿Existen modo y manera?

Anduve trochas y carriles, sin ella, yo solito. Mas, pero, aunque, sin embargo, leímos juntos, en voz alta, a Gore Vidal, a Kerouac, a Rimbaud, a Mallarmé, a Verlaine. A Allen Ginsberg. También “Bonjour tristesse” de la Sagan. Malditos todos ellos. Escuchábamos a Zitarrosa, a Cafrune, a Cabral. También a Los Chalchaleros, a Falú. Nos gustaba ir al Jazz de la calle Villamagna. Tete Mon-toliú. Pedro Iturralde. Hoy no queda jazz en el barrio, que yo sepa. Jaime Marques, el brasileiro del jazz de Diego de León, llegó a ser amigo nuestro. Entendía la música como un sacerdocio. Yo militaba en la iglesia de Clara. En un viaje a París me iluminó una sesión de jazz con Chet Baker. Dejaba su trompeta y cantaba a nuestro oído: “…hoy estoy casi melancólico…”.

Ada seguía estudiando con método y natural facilidad. Yo empecé a perder interés por el Derecho. El Derecho público, administrativo y fiscal sobre todo, es sencillamente horroroso. Sólo el Derecho civil me gustaba y eso quizás porque está en desuso. ¿Alguien con mediana sensibilidad puede sostener que el derecho fiscal, o el laboral son verdaderamente “Derecho” con mayúsculas? ¿Dónde quedan los viejos principios romanos: “Vivir honradamente, no perjudicar al prójimo y dar a cada cual lo suyo”?

A partir de tercer curso mi único interés por la carrera era terminar cuanto antes. Y así lo hice. Ada seguía con su trantrán, una matrícula tras otra. Estudiaba todas las tardes, salía todas las noches. Dormía en dos tranchas: seis horas en la noche, dos en la siesta. Dejé de ir a clase y me matriculé, como alumno libre, de 4º y 5º cursos juntamente.



(el autor de pie a la derecha)


( capítulo duodécimo )

Me dediqué a otros aprendizajes. Antonio Ron, mi amigo comunista, volvióse inseparable compañero. Impecune, divertido y culto, padecía de “pájaras negras” según su autodiagnóstico. Hoy diríase que tenía tendencias depresivas. Siempre conmigo, incluyendo guateques y visitas a “los salones bien” de Madrid. Era brillante si estaba de buen humor. Si estaba “down”, podía ser corrosivo y destructivo. Por contra, mi sangre latía a toda pastilla y yo estaba vivo hasta durmiendo. Dado que para mí era evidente que el universo, ya sea en expansión o en contracción, tiende al caos, cuando éste se aproximaba, yo buscaba a Ada, porque ella era la última línea defensiva.



(el autor jurando bandera)

Si el Ron se ponía depresivo nos largábamos los tres al pueblo de Brunete, y, en Casa Campa, nos metíamos para el cuerpo sendas perdices estofadas y una arroba de vino tinto manchego con sifón. Luego pasábamos la tarde en la finca de mon père. Chimenea si invierno, piscina si verano.

Por entonces andaba yo en un Mini Morris 1275 cc. ¡Qué digo andaba, volaba! El Ron y yo, cuando se terciaba y teníamos efectivo, nos largábamos al Mar Menor, a jugar al póker en la fonda Neptuno de mi amigo Inocencio, entonces “compadre” del alma. Pagué la última letra del coche cuando terminé Derecho para ingresar en la Escuela de Cine. Al revés: acabé la carrera cuando pagué la última letra. Y cumplí con el obligatorio servicio militar. ¡Qué inútil desperdicio de tiempo!


Ada y yo obtuvimos el premio extraordinario de licenciatura o de fin de carrera o como se llamara o llamase. El de ella, en la rama de Derecho Público. El mío, en la del Derecho Privado. Sin hacer alharacas. Nos entrevistaron en los diarios “Arriba”, de color azul falangista y “Ya”, amarillo Vaticano. Conservo la foto de ambos periódicos. En la de Ada añadí, para mi álbum, este pié:


“…inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece…”

¿De quién tomé los versos? ¿De Fray Luis de León, quizás?

Sigo en el mundo del cine, ahora más bien en el de la TV. Un crítico más mejor que los demás escribió un día sobre mi obra: “…su cine es literario y su literatura, cinematográfica, pues no consigue separar ambos géneros”. ¡Qué cabrón! ¡Vaya manera de afinar! Mi literatura... Sí, también escribo. Guiones para series de televisión. Guiones nutricios, que me permiten seguir viviendo en mi barrio de nacencia. Alguna colaboración para Prisa, donde piensan que soy un ácrata de salón. Un señorito desclasado, pero señorito a la postre. ¡Qué “quedrán”! que dicen en Granada.



9 comentarios:

  1. Amigo Manuel,poeta y escritor de noches de lunas en duermevela y días de sol de primavera...
    Me gusta tu escrito y los poemas me los quedo al leerlos,guardados en mi corazón, con tu permiso.

    Son sentimientos vivos, al recordarlos y al escribirlos ... también vuelven a nacer y a florecer a la vida...

    El amor de Ada te calo hondo el alma y ha sido y es tu amor de carne , hueso, real y platónico a la vez en el tiempo...Tu alma gemela,cuando se ama así.
    Lo es.

    Un abrazo fraternal de MA desde tierra granadina.

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  2. Ya ves Manuel, no hace falta echar mano de leyendas para recrearnos en una buena lectura, las historias reales de cada uno de nosotros , se convierten en leyendas de pasión..... Pero no todo el mundo tiene la capacidad de narrar sus vivencias y hacerlas llegar a los posibles lectores, que como yo leyendo las tuyas quedo totalmente enganchada. Además del gracejo que tienes escriiéndolas, demuestras tu vasta cultura y es una gozada leerte. Vaya Don juan que has tenido que ser ya desde tu adolescencia, a que no me equivoco ? Un abrazo amigo.

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  3. Ya ves Manuel, no hace falta echar mano de leyendas para recrearnos en una buena lectura, las historias reales de cada uno de nosotros , se convierten en leyendas de pasión..... Pero no todo el mundo tiene la capacidad de narrar sus vivencias y hacerlas llegar a los posibles lectores, que como yo leyendo las tuyas quedo totalmente enganchada. Además del gracejo que tienes escriiéndolas, demuestras tu vasta cultura y es una gozada leerte. Vaya Don juan que has tenido que ser ya desde tu adolescencia, a que no me equivoco ? Un abrazo amigo.

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  4. Vaya desastre !! se repitió el comentario, borra, borra... Espera, aprovecho para que decirte que me encantan las fotos, con que has ilustrado tu relato !!

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  5. ... Voy a necesitar un tiempo prudencial para recuperarme del shock. Qué foto de jura de bandera. Se ausenta una por un momento, y cuando vuelve... todo son sorpresas. Besos.

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  6. ES BELLO? no se, no soy quien para opinar desde mi más absoluta ignoprancia! no se nada, de mucho...solo sé, que a los aborígenes QOM, del norte de mi pueblo, son asesinados a palo limpio, por la policiía,de las provincias ADICTAS AL GOBIERNO POPULISTA,CHACO, FORMOSA... y que? cuando la movilización por nuestros hermanos...ay,no se nada, soy muy ignorante de todo, no se leer ni escribir!!!, y no me queda ni la palabra!
    lidia-la escriba

    www.nuncajamashablamos.blogspot.com.ar hay un unicornio,lateral derecho, que es para este espacio, copialo,traelo,guardalo!

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  7. y no se que comentar!palabras que pueden decir mucho, o tal vez nada, soy ignorante absoluta del todo!,no aprecio la palabra,pues no se escribir, ni leer...en mi pueblo a la comunidad QOM, matan a sus miembros la policia del CHACO Y FORMOSA, sin que haya justicia...cómo se hace, para sacar a la luz, este MOMENTO DE DOLOR QUE ACONTECE, EN MI PUEBLO ABORIGEN?
    lidia-la escriba


    www.nuncajamashablamos.blogspot.com.ar pasa por mi blog, lateral derecho hay un unicornio, copialo,traelo aca! VALE?

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  8. Amiga Lidialaescriba, he intentado, infructuosamente, entrar en tu blog para corresponder a este tu comentario. Tampoco sé cómo encontrar al unicornio perdido. En resumen, gracias y abrazos.

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  9. Amigo, cada ser es un tesoro, cada vida vale demasiado para fijarle precio, cada hombre es un mundo, felicidades por tus honores sobre todo los que llevas en el pecho, te invito a que adquieras mi libro gratis por 5 días en amazon.es/amazon.com JANETT CAMPS "Humanos entre perros".


    Mi blog os manda un beso:


    "Voy a prometerte que no te olvido
    que te existo
    y te sé
    eterno aroma del amor mio..." Jayja

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!