domingo, 8 de noviembre de 2015

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo tercero)


( fotos de mi niñez en el Buen Retiro ) 

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo tercero)                                                  

Nueva sesión con el psiconeurólogo. ¡Dale, machaca!

- ¿Cómo van sus recuerdos? me pregunta el hombre feo y duro de mollera.
- Muy bien ¿y usted? Un día un chino entró en casa y se meó en mi alfombra.

He tomado manía a este sujeto. No lo aguanto. Está convencido de que la mierda es mejor que la nada. Pido que me suba la dosis de orfidal, pues ahora resulta que no consigo dormir. Rechaza mi petición alegando que se acostumbra uno. El muy zote no comprende que mi insomnio actual algo tendrá que ver con la circunstancia de que he dormido, noche y día, no sé cuantos años. Y que las vacas flacas de la vigilia suelen suceder a las vacas gordas del sueño. Y viceversa.

Digo al médico interrogador:
- Por cierto doctor, quería preguntarle si, a su conocimiento, existen otros casos como el mío.

Carraspea un poco. Aclara la voz y me dice que él no ha tratado a ningún paciente con mis características. Pero que, sin embargo, en los manuales de su profesión hay descritos algunos casos.

Dejo para otro día la cuestión de la denominación, diagnóstico y tratamiento de mi enfermedad, pues, de momento, manejo la idea de que contraje la enfermedad del sueño porque me picó la 
mosca tsé-tsé cuando hice el servicio militar en Malabo.

Me intriga la cuestión de quién sufraga tan larga hospitalización. También la de si tengo familia y domicilio. Trabajo supongo que tendría, pero ya no, seguro que ahora no lo tengo. Como no tengo papeles tampoco sé cuándo es mi cumpleaños ni cuántas velitas me pondré en la tarta.

Una enfermera muy bruta pero noble, que es de Almendralejo ella y está tan rica como pan de pueblo, contesta a la pregunta sobre mi edad después, de abrirme la boca como a los burros. Dice que, por la dentadura, me calcula como unos cuarenta tacos.

Como quiera que albergo alguna esperancilla de que el día menos pensado y sin tomar agua bendita reanude con ella, antes de que se me olvide del todo, la saludable práctica del acoplamiento entre hombre y mujer, opté por no hacerle ver que si me habían alimentado por sonda unas ocho o diez mil veces, eso que se habían ahorrado de masticar los piños de mi boca. Amén de que mi madre tenía una dentadura perfecta y hoy en día resulta que los genética determina todo, incluyendo la funesta manía de pensar.

Al cabo de los tres meses, ya en buena forma física, el psiquiatra dice que debo prepararme para seguir una temporada más en la clínica. ¿No será que este hombre se ha enamorado un poco de mí?

Congenié con la prójima de Almendralejo. El sexo es precioso, incluso sin amor. ¿O mejor sin amor? Cuando hay sentimientos, el sexo no dura mucho. El definitivo argumento que la subió por fin a mi cama fue suspirar en su oído “nena, un polvo se le echa a un pobre”.  Fue precioso: tuve agujetas en el abdomen el resto del tiempo de la prórroga que me tiré en aquella clínica. La falta de uso.



( un día de campo en Parvulitos, que incluyo para convencer al psiquiatra de que tengo recuerdos )

14 comentarios:

  1. Me encanta leerte, muy buen relato, ya esperando el proximo, besitos

    ResponderEliminar
  2. ¡Muchas gracias, querida amiga que escucha palabras!
    Besos

    ResponderEliminar
  3. infinitas gracias por hacernos participes de tan magno y bello relato, un besin de esta amiga admiradora.

    ResponderEliminar
  4. Agradecimiento es el que yo te debo, amiga de las Asturias, querida Ozna...

    ResponderEliminar
  5. Jajajaja Sin pijama y sin recuerdos...si hay cosas buenas de la vida que nunca se olvidan, como es en este caso de tu relato ,el amor o el sexo ,buena medicina, uno cada 8 horas jajaja para enfermo y enfermera y para todo el mundo es medicina santa.

    Gracias mil amigo Manuel por tu regalo de tu escritura, a por el siguiente capitulo si puede ser.
    Besos de MA y feliz noche.

    ResponderEliminar
  6. Amiga MA: uno cada ocho horas requiere cambio de parejas...¡Digo yo!
    Mil besos perfumados.

    ResponderEliminar
  7. creo que de ser la enfermera de Lepe, el sexo con ella habría sido igual de satisfactorio, sobre todo cuando uno se va recuperando poco a poco de su convalecencia y de la falta del mismo...
    pero vivir sin recuerdos no debe ser nada sastisfactorio.

    un abrazo

    ResponderEliminar
  8. Passei para te ler, muito bom.

    Um abraço
    oa.s

    ResponderEliminar
  9. Jajaja así que agujetas, es que el sexo sin amor es deporte y muy pero que muy divertido
    Lo de los dientes va ser por la sonda jajaja
    Un besazo corazón

    ResponderEliminar
  10. Hola... bueno, que decirte, me reído un poco imaginando tu relato, me has alegrado la mañana, me encanto leerte, por supuesto me hago tu seguidora y visitare con agrado tus otros enlaces.

    Un saludo y feliz verano.

    Mau
    http://poemasdemau.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  11. ¡Bienvenida con hojas de laurel para Maria Eugenia Rojas! Es muy grato conocerte y leerte. Saludos del estío con mi gratitud.

    ResponderEliminar
  12. Esilleviana, OcéanoAzul y Cuarentaypocosaños: ¡azucenas salvajes para vosotras, mujeres libres de miedo y llenas de amor!

    ResponderEliminar
  13. hermoso relato! me gusta cómo está escrito, las proporciones de agudeza y ternura, muy lindo! te sigo desde Mar del Plata, Argentina, abrazo!

    ResponderEliminar
  14. ¡Gracias Carolina! Espérame allá, que voy de vuelo...Tus poemas son precisos,como bronce manifiesto. Abrazo fraterno

    ResponderEliminar

Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!