sábado, 8 de febrero de 2014

Tres tardes con Fidel Castro. Punto y final.


Las horas contadas

Coletilla

De regreso al Hotel Nacional practico la autocrítica y me lamento de no haber sido capaz de llevar al facundo de Fidel al huerto de sus gustos en materia de cine, literatura, gastronomía y otras cosas. De mujeres, por ejemplo. En mi confesión privada me absuelvo, ya que en nuestra plática ha pasado algo que merece la pena ser contado.

Mas la jodía culpa no ceja y ahora me echo en cara no haber rebajado los humos al Comandante cuando se pavoneaba por el triunfo de la izquierda en América Latina. Lo cierto es que no encontré el modo y manera de meter baza y tratar de explicarle al barbas que allá hay tantas izquierdas como países. Ya se sabe que no tiene mucho que ver el color ni la estatura con las cosas del querer; y que la izquierda chavista de Venezuela, se parece como un huevo a una castaña a la de Bachelet en Chile. Ni ésta a la populista de los Kirchner en Argentina. En Colombia han inventado una cosa, el Polo Alternativo Democrático, que recoge desde la socialdemocracia clásica al comunismo irredento. En Perú Alan García lidera un partido de vieja estirpe izquierdista y está diciendo ahora a los peruanos que lo importante es cazar ratones. Rafael Correa en Ecuador es más nacionalista que izquierdista.

Frente al reformismo criollo se alzan los líderes de un indigenismo que se siente explotado tanto por los españoles de la conquista como por sus descendientes los criollos. Así el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega. Al guatemalteco Álvaro Colom y al costarricense Oscar Arias, no sé ni dónde ponerlos. Tabaré en Uruguay y Lula en Brasil parecen más bien izquierdistas de lo posible.

¡Para qué iba yo a amargar la tarde al Comandante dándole una lección que maldita la gracia le hubiera hecho! ¿Cuánto va que me hubiera mandado a hacer leches? Otrosí digo. En la práctica, ni en Venezuela, ni en Bolivia, ni en Ecuador, ni en Guatamela, sus gobiernos han traspasado los límites de un capitalismo de Estado. Lo que Castro llamaría, si fuera sincero y coherente, un “orden burgués”.

Lo que si comenté a mi ilustre confidente, fidelísimo leedor de novelas de espionaje, fue que Smiley, el personaje de John Le Carré, ya se quejaba en plena guerra fría de que habíamos renunciado a demasiadas libertades para ser libres y que ahora tenemos que recuperarlas.

Pero Fidel anda en su Babia de buen revolucionario heredero del buen salvaje y ve las cosas por tela de cedazo.

En La Habana a diciembre de 2013

1 comentario:

  1. Después de leerte atentamente, porque sabes que considero tu opinión bastante acertada y apropiada, he pensado y en Europa, qué tipo de socialismo tenemos? empezando por España, qué ha quedado del socialismo original? si seguimos por Francia, Alemania, Bélgica, Portugal, Luxemburgo... encontraríamos algo diferente? no lo sé.

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!