sábado, 17 de agosto de 2013

La gorda del barrio


(el autor, en su época de barman en una casa de citas)

Anoche fui testigo de una concatenación de acontecimientos miríficos.

En el restaurante La Trainera me cuentan que el edificio de la calle de Lagasca número 53 está sometido a un expediente de declaración de ruina, cuyo detonante final se debe a la caída, a plomo, de una señora que vive en el primer piso, cuando estaba sentada en la taza del retrete. No se sabe si para aguas mayores o menores. Testigos presenciales aseguran que la dama, que pesa 140 kilos de los de báscula alemana, apareció, in púribus, encastrada en el inodoro en mitad de la Droguería Ponce en ese momento atestada de clientes, por ser la hora de mediodía. Cayera por su propio peso o por la ley de la gravedad, el caso es que la vecina fue hospitalizada.

Despachada la cena, salgo del restaurante y héteme aquí que encuentro cortado el tráfico de la calle Lagasca por dos coches patrulla de la Policía Municipal, dos ambulancias del Samur tamaño king size y un camión de bomberos con largo brazo articulado. Muchos balcones abiertos en los edificios colindantes y una nube de vecinos curioseando.


Pregunto a Juan, el guardacoches, pues no huelo a chamusquina, ni veo desprendimientos de cornisas, inundaciones, terremotos u otros fenómenos. Me explica que la señora gorda está siendo ascendida hasta su piso, de vuelta del hospital, en una cubeta que remata el brazo del coche de bomberos. Me descoyunto de risa y me pierdo la parte final de la operación, esto es, cómo los esforzados bomberos consiguen introducir a la gorda por el balcón de su casa sin producir destrozos y sin intercesión de los dioses.




Me gustaría que el Ayuntamiento y/o la Comunidad de Madrid rindieran cuentas del coste total de la curación y ascensión de la obesa de mi barrio, teniendo en cuenta que las horas nocturnas de los policías municipales, bomberos, y equipos del Samur deben ser extraordinarias. Exijo un informe detallado del Ministerio del Interior sobre si esta dedicación especial de las fuerzas de seguridad del Estado y de los servicios de protección ciudadana al caso milagroso de la jamona de Lagasca, puso en riesgo o no a la población de la Villa de Madrid. Digo yo que si tal número de efectivos están dedicados a elevar a una gorda, será porque no están atendiendo a sus naturales obligaciones que se supone consisten en evitar atracos, violaciones u otras menudencias por el estilo.

Oséase, que si la gorda del barrio quiere seguir engordando, debe procurarse ayuda sobrenatural y no gastar dinero de los contribuyentes. Y no forrarse a ingerir grasas poliinsaturadas sean del origen que sean.


Me llegan hoy dos nuevos datos sobre la prodigiosa aventura y desventura de la gorda de Lagasca número 53. El primero es que el peso de la gorda va subiendo. Ya no se habla de 140 kilos si no de 150 ó 160, lo que aporta consistencia a la historia. El segundo, que añade verosimilitud, es que no fue el brazo articulado del coche de bomberos quien finalmente depositó a la gorda en su piso, sino la fuerza bruta de cuatro hercúleos bomberos quienes la subieron, en tresillo de tres plazas, por las escaleras del inmueble semi-ruinoso.



domingo, 11 de agosto de 2013

Mientras el amor va y viene


(el autor se va a la playa)

Diálogo primero

Con la noche a medio hacer, escribo a ella:

─ Mi cuerpo se pasea por la habitación llena de libros, versos y nada de ti.

Ella me responde:

─ Así lo quisiste tú.

Replico:

─ Esto quise de ti: ¡que fueras cuanto no has sido!

Al clarecer el día, recibo este mensaje de ella:

─ ¡Siempre quedan asuntos pendientes!

Envié esta pregunta por respuesta:

─¿El polvo del reencuentro tal vez?


(foto Ryan McGinley)

Diálogo segundo

Ella no demoró su respuesta a mi sutil planteamiento sobre la celebración del reencuentro con un buen revolcón:

─ Esta noche, querido, no puedo acompañarte…caigo rendida, también sola. Somos dos, solos y tontos.

Un caballero como el que suscribe siempre contestaría como lo hice yo:

─ Descansa como si la vida te fuera en ello ¡Qué inútil ser dos!

Ella mensajeó su réplica:

─ Cierto, hay que ser más simples, ser uno en lugar de dos.

Rematé la faena con un adorno por alto:

─ ¡Qué cansancio ser dos inútilmente! ¡Que tengas un buen día!

A la tarde siguiente, sin noticias de ella, decidí ensayar con una pregunta formulada en lenguaje propio de la diplomacia vaticana:

─ ¿Cómo ves la cuestión de un polvo de gala para santificar la reanudación de nuestras relaciones personales?

En cosa de segundos, ella escribió lo que sigue:

─ Pues claro, eso no lo dudes…


Diálogo tercero

Pasó el tiempo, me fui unos días a la verde y atlántica isla de Tenerife y otros cuantos a la aguerrida ciudad de Nueva York. 

La mujer delgada, larguirucha y de tez color de nardo de olor cambiaba conmigo mensajes telefónicos, unas veces de amor y otras de guerra.

Con la luna nueva de noviembre la niña blanca que echa chiribitas de oro por su alba piel me escribe en el teléfono: 

─ Manuel, ordenado, meticuloso, serio, perfeccionista. Y yo despistada, desordenada y alocada. Yo no sé para ti, pero para mí eres el hombre ideal. Tuya, mío.

Rodaron unos cuantos días más, que se fueron en el entrecruce de nuestras misivas, encendidas a veces, otras languidecientes. Así, lo mismo ella me decía esto:

─ Pronto me olvidaste guajiro. Ya me lo temía. Penita me da pero así es la vida.

Que esto otro:

─ ¿Y tu agenda femenina, cómo va?

Mis correos contenían lo mismo fórmulas elusivas que protestas de amor romántico. O pullas de antes, de cuando la infancia:

─ Si yo soy un manjuarí, tú eres una ornitorrinco flacucha y desgarbada.

Hace unos días la mujer, veleidosa cual veleta, me escribe lo que tiene pinta de la sentencia que pone fin a nuestra particular guerra de los sexos:

─ No soy para ti, mi querido Manuel, y no tengo intención de cambiar. Con los años uno va a peor y eso lo sabes tú bien. Dicen que los polos iguales se repelen. Evitemos las malas ocasiones. Así, si coincidimos alguna vez podremos echarnos unas risas, que son muy sanas. Eres encantador y contigo es imposible aburrirse, pero…

Su respuesta me dejó jodido. Cuando una mujer asevera rotundamente asunto tan inconcreto, mal se presentan las cosas. Mi cerebro, que es más elemental que el mecanismo de un chupete, hubiera preferido algo así como:

─ Mañana por la tarde, a eso de las siete, me esperas en tu casa con un magnum de Dom Perignon Vintage 2000 Extra Brut, bien enterrado en un balde repleto de hielo picadito.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Necrología precoz


(Retrato de un autor en día de asueto) 


Apreciadas e improbables lectoras:

Dado que no podré acompañaros en mi funeral civil, que no religioso, debéis saber que me propongo convocar un concursillo, reservado a mis lectoras más conspicuas, a fin de que sea redactado mi obituario.

El galardón para la necrología que resulte elegida por un jurado multidisciplinar e interclasista consistirá en su lectura por la propia autora ganadora; eso sí, cuando el que suscribe esté de cuerpo presente, no antes de haber partido de esta vida. Se admite el género lírico o elegíaco.

La nota necrológica que reseñe mi futuro, y ojalá muy lejano, fallecimiento, no debe ocultar mis rarezas ni flaquezas. Por contra, no deseo ditirambos ni venganzas póstumas. Supongo que incluirá una breve referencia al personal universo de mi escritura. Y otra a mi gusto "juanramoniano" por la mujer.

Y nada más ¿De acuerdo? ¡No cotilleéis en demasía!

Vuestro,
Manuel Mª Torres Rojas

sábado, 3 de agosto de 2013

Sexo, libertad y amor


( foto Leopoldo Pomés )

En aquel entonces, visitando el Machu Pichu, Ada me confesó:

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Nunca me ha gustado que los sentimientos interfieran demasiado en mis relaciones sexuales. El sexo es sexo. Y el amor, moral y costumbre. Y la libertad está por encima de todo. El sexo llega de cuando en cuando. La libertad está siempre conmigo.

Alguien dijo que ser fiel es fingir que el tiempo no existe. A mí me sale más bien que ambos, ella y yo, somos el tiempo que no existe.

Rainer Maria Rilke escribió sobre el amor:

“Lo adivino: feliz fuiste algún día
en mayo o en un sueño…