sábado, 31 de mayo de 2014

La bella vida de Eva




   
Y EVA ENCENDIÓ LA PASIÓN

Uno de sus amantes se llamaba Sándor y el otro se llamaba como yo, porque era yo.

El nombre de Sándor no se debía a que sus padres fueran imaginativos para la cosa de la nomenclatura, sino sencillamente a que eran húngaros.

Sándor y yo fuimos amantes de Eva allá por los años 90, no sé si simultánea o sucesivamente.

Tuve con ella una relación estrecha y breve. Estrecha porque su cama era 
small size, y breve porque el incendio de nuestros corazones y cuerpos se extinguió en un invierno. Conocí a Eva en casa de unas amigas de vida alegre, y el rayo que no cesa prendió en ambos la brasa de una pasión. Pero, como la memoria es traidora, también pudo suceder que me fuera presentada en una recepción que ofreció el Ayuntamiento de Madrid a un grupo de espeleólogos australianos y sin fronteras.

Cuando se acabó lo que me daba no volví a verla.

Andaba yo por entonces en otras liaisons dangereuses y ya se sabe que la mancha de una mora con otra verde se va. Me sumí una vida disgregada y cometí incontables insensateces, entre otras, con una seductora profesional fichada por falsificadora y estafadora.

Seguí mi camino y no volví a pensar, al menos en voz alta, en Eva.

Quiso el destino que, cuando caí preso del vicio solitario de escribir, citara yo a Eva en uno de mis relatos, en que procuro quedarme más bien corto que largo. La mano que mece mi lápiz me hizo poner nombre y apellido al personaje de Eva, así como su domicilio real en Madrid años 90, como se atestigua en «Los huesitos de mis ronquidos»*.

El día 16 de octubre del año de la Rata recibo un correo electrificado de un amable señor llamado Sándor quien me cuenta que, hallándose en el trance de buscar en Internet algo sobre un antiguo amor, se ha topado con mi blog. Al parecer, Sándor conoció a Eva en 1986 en Buenos Aires. Tratóla allá y acá y perdió su estela en los años 90. Me pide ayuda para conocer sus coordenadas actuales. Respondí así:

     “Amigo Sándor: No tengo ni idea qué pasó con Eva. No sé nada de su vida.
      ¡Era preciosa!”.

 Sándor apostilló de esta manera mi mail con otro suyo:

     “Y muy buena amiga. Muchas gracias de todas maneras”.

Sándor y la melatonina me removieron, durante un par de toledanas noches, el légamo de aquel estanque que yo creía más seco que el Mar de Aral.

Creencia errónea, como todas las mías.

Tales posos aventa el perfume de Guerlain que ella usaba, después que Sándor dejara escrito en mi blog el 24 de octubre, a las 6:05 a.m. :

   “Quisiera lanzar un grito de esperanza a una amiga de antes (pero siempre presente), Eva, citada en el texto «Los huesitos de mis ronquidos»: Evita, no tengo noticias tuyas desde hace 20 años, pero pienso en ti a menudo y espero que, dónde tu estés, seas feliz. O si un día, por casualidad, caes sobre esta página, escríbeme por favor, porque te recuerdo y te extraño”.

A vuelta de electrón le digo a Sándor:

    “Mil gracias por su bello y poético comentario dejado en mi blog. Palabras así me ayudan a escribir. Lamentablemente no sé nada de Eva. ¡Tan joven y tan bella!...”.

Sándor me escribe el 28 de octubre contándome que marcha a Argentina pues aún no ha perdido por entero la esperanza de localizar a Eva. Y ello aún desconociendo si vive allá o, antes al contrario, en España. Tampoco conoce si casóse y ha cambiado de apellido. Sándor, que mal duerme como yo, al dormivela, me confiesa que todo el pasado le bulle por su cabeza desde los rincones de su memoria.

A Sándor le gustaría saber desde y hasta cuándo conocí a Eva, qué tipo de relación nos unió y, en resumennada más y nada menos que mi opinión sobre ella. Añade Sándor, con gracejo y sabiduría, que me pregunta lo anterior consciente de que Eva tenía varias vidas. Bailarina, modelo, empresaria y courtisanne.

El 12 de noviembre me animo y mando a Sándor este correito:

   “Comprendo muy bien lo de las fotos de Eva. Nada debe hacerse sin su permiso. Simplemente se me ocurrió que su retrato en mi blog podría ayudar a su localización. No tengo datos de ella. Creo que la conocí en 1994, en una recepción en el Ayuntamiento de Madrid. Me parece que se dedicaba a las relaciones públicas. Fuimos amigos íntimos durante aquel invierno. En fin, eso es todo.

    P. D.: Eva era bella e inteligente. Valiente y fuerte”.

Está claro que a Sándor le duele esa mujer en todo el cuerpo, creo yo. Y también lo es que su amor por ella está meneando el árbol de mis recuerdos.

Eva amaba las ostras y más si se trataba de las carnosas, que los franceses llaman
spéciales, a ser posible de la casa Guillaume. Era una mujer libre, viviendo en un país como el nuestro en el que la querencia por la libertad es epidérmica. Pensaba yo que el mundo era lo suficientemente abierto como para admitir ya mayores dosis de licencias y desopresiones. Su flor era la nomeolvides. Su color el azul y su pelo a lo garçon.

 

Nunca antes había conocido a una mujer que durmiese con calcetines blancos de deporte.

Vivía la noche de la movida madrileña sin ser consciente de que eso iba a darse en llamar movida madrileña. Los fines de semana de aquel corto y cálido invierno me presentaba en su apartamento, de cuya puerta tenía yo un llavín, con una bandejita de bollería de Mallorca, repletita de torteles y croissants calenticos y envuelticos con su cordelillo blanco y la lazadita que dejan para llevarla colgandera de un dedo. Me gustaba su acento porteño tamizado por la meseta castellana. Bailaba el tango como ninguna.

Jamás se me ocurrió preguntarle por su vida nocherniega. Me bastaba con saber que los sábados y los domingos la tenía para mí solito. Me acompañaba, sin entusiasmo, a ver películas de arte y ensayo, que ella llamaba de parto y desmayo.

Aquel invierno andaba yo preparando una tesina sobre el valor alusivo de algunas categorías originales en la poética de tradición china. Me topé con un poemita, muy anterior a la era cristiana, que contaba que el poeta había encontrado a una bella mujer preciosa y blanca. El buen hombre exclama:
  
    —“¡Yo la he encontrado! ¡Ella me conviene!”.

Anteanoche me dio por evocar, no recuerdo si despierto o en brazos de Morfeo, que en algún lugar remoto y época pretérita creí reconocer, en foto de la jura de un gobierno argentino, a la mismísima Eva tomando posesión de la cartera de Planificación Familiar. No puedo prometerlo y no lo prometo, pero vive Dios que Eva era capaz de eso y mucho más.

No sé contar porqué murieron las matinés que dedicábamos a los juegos de cama. Es muy posible que no hubiera una declaración formal de ruptura de hostilidades sino que, simplemente, dejamos de vernos y sanseacabó. Dicho por corto y por derecho. Elmerequeté químico que habían organizado nuestros neurotransmisores, con la feniletilamina a la cabeza, extinguió el torbellino interno que nos tenía tontilocos. El méli-mélo de nuestros mezclados fluidos se transformó en compota de mirabeles y luego en nada. Hoy, día 20 de noviembre de este año de las ratas de sacristía, recibo de Sándor sentencia sin recurso:

 "Encontré a Eva. Le conté que había conocido tu blog y nos acercamos a un ciber-café en el barrio de La Recoleta en Buenos Aires. Me dijo que tú eras tú, pero que te llamabas Carlos. A mí me da igual. Nos vamos a casar el sábado que viene en el juzgado que queda en la calle Corrientes. ¡Y chau!".



(fotos de Wendy Bevan)


15 comentarios:

  1. Hay etapas de nuestra vida que son importantes pero cortas, el recordarlas por algún punto específico puede traernos añoranza o simplemente dejarlo como un buen recuerdo

    Un placer leerte Manuel

    Besos

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  2. El rayo que no cesa, Miguel Hernández...
    Acá a estos locos lindos los llamamos "chapita" y Sándor estaba un poco chapita. Buscar una mujer hasta NO dar / dar con ella es un desquicio. Ya. Por favor que aquellos que estuvieron conmigo tengan la dignidad y la deferencia del olvido. Que la web no una lo que la vida se encargó de separar. ;)
    ¡Me encantó este texto, Manuel!
    Beso va!

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  3. Muy buen relato Manuel, yo tampoco conocía a ninguna mujer que durmiese con calcetines blancos, creo que puede ser como morir con las botas puestas. Un fuerte abrazo amigo.

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  4. Como nos tienes acostumbrados, un relato magnífico, en contenido y continente. Si lo que cuentas es cierto, enhorabuena por haberlo vivido y si te lo has inventado, doble enhorabuena por tus dotes literarias.

    Un abrazo

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  5. Manuel, finas maneras de llamar disgregado a lo que es disoluto.
    Consejo de amiga es recordarte por el bien de tu lumbago que no estás para tangos y ella con la edad seguirá con los pies como un carámbano.
    No busques casadas, habiendo mujeres libres que te ofrecen manzanas.
    Si se llama Eva, “aquella que te dio la vida” ¿para qué está el caballero?, la felicitas por su santo, que ya está al caer y le regalas una bolsa de agua que sea más glamurosa que dormir con Fred Perrys.
    Bss

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  6. Eres impresionante, Manuel.
    Manejas el arte del relato con una maestría digna de un genio.
    Supongo que esta historia, como otras tuyas, nos cuenta una tímida verdad adornada con ese talento tuyo para inventar.
    Es una historia que se lee bien, a pesar de ser larga, porque llega, y engancha, y seduce.
    Felicidades.
    Un abrazo.

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  7. La flor de nomeolvides simboliza a la amistad y al amante eterno.
    Sándor ha pasado con Eva a ser eso...
    y tú mi querido y apreciado Manuel te has quedado con el recuerdo de su juventud ,amor y amistad y nadie te quita lo vivido.
    Gracias por compartir tus relatos, son historias de una vida muy interesante vivida libremente en tiempos de represión, escritas en papel para que no la olvides...
    Besos de MA.

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  8. Manuel, como te comenté en el Gourmet, nada mejor que una Casa de Citas para entretenerse, en este caso, de lecturas adecuadas. Te felicito y nos veremos en el Gourmet. Saludo Venezolano.

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    1. Devuelvo y agradezco el saludo venezolano! Las citas coloquiales e ingeniosas dan vida al espíritu! Salud compás!

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    2. "Compás" quiere decir compadre o compay, que el dedo me traicionó sobre el teclado virtual!

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  9. "Compás" quiere decir compadre o "compay"...que los dedos resbalan sobre los teclados virtuales!

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  10. Genial el escrito !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Simple como la vida buena lo es
    .Claro com es el agua que estoy tomando
    y bello como las mujeres argentinas que tienen ese
    no se qué
    que a vos te atrapa.
    Y desde mi viernes tomando té verde con azúcar morena y hielo
    te dejo un abrazo
    Mi Buenos Aires querido
    Amo mi cuidad y amo tambien la intensidad del calor en Miami
    Sonrio
    Mientras releo
    tu bello escrito

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    1. Muchas gracias, admirada amiga Recomenzar! Estos recuerdos están en mi vida como jazmines blancos...!

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  11. Respuestas
    1. Pues...agradezco sinceramente a Ivonne su rotundo comentario. Es muy grato para mí que te haya complacido mi relato. Abrazos cordiales, estimada amiga.

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!