jueves, 23 de febrero de 2012

Momentos perfectos de una vida


(Marie-Christine. Foto tomada por mí en nuestra aurora feliz)

Lo suyo conmigo y lo mío con ella, lo nuestro, fueron dos años de “amour fou”, que me curtieron cuerpo y alma. No soy capaz de desvelar aquí el modo o la manera ni el por qué se ex­tinguió aquel volcán. Lo tengo escrito en un relato que guardo bajo siete llaves en el alma, dentro de mi almario.

Mujer‑pasión, Marie-Christine era más vulnera­ble de lo que ella y yo creíamos. Su sensualidad me­diterránea estaba a medio camino entre Argelia y Alicante, con parada y fonda en las Antillas france­sas. Venía de reponerse de otra historia de amor que no me contó, con buen criterio. Lo supe mucho después, por boca de otra persona que no me quería bien, o peor aún, que era simplemente una cotilla malintencionada. Y tuve celos retroactivos.

Jugamos a ser eso que hoy se llama pareja estable y fuimos enormemente felices y desgracia­dos, todo en junto. Marie-Christine no consiguió terminar de desarraigarme con mi parte frívola y malamente burguesa, pero... hizo lo que pudo y más.

Marie-Christine encarnaba la dignidad y la decencia. En medio de un Madrid cutre y garbancero, con olor a berza y a churros mal fritos, constituía la más co­diciada presa para el nutrido club de los señoritos cazadores de gacelas de importación. Ella se mantuvo íntegra, en medio de tanto depredador de vía estre­cha que campaba a sus anchas por la terrible estepa castellana. Con cuatro perras en el bolsillo, o sin ellas, a vueltas con el pago del alquiler y lo demás, y mal comiendo en restaurantes llamados económicos, con riesgo de contraer salmonelosis en el comedor o ladillas en el baño.

Trabajando mal pagada, sin contratos ni seguridad social, siempre bella, siempre elegante de espíritu y de ma­neras, Madrid perdió un gran fichaje el día en que, doctorado bajo el brazo, regresó a su tierra demo­crática y civilizada. A la dulce Francia.

Gracias a los dioses, hace no mucho tiempo, pude, cara a cara que no cuerpo a cuerpo, explicarle a Marie-Christine lo hasta entonces inexplicado y arreglar entre nosotros el ayer común. Eso es lo que trae el otoño. Buscas paz, serenidad y saldar cuentas contigo mismo, con tu pasado y con los seres que te han hecho tal y como eres. Iluminarte e ilumi­nar, si puedes lo primero y te dejan lo segundo.

Nos escribimos con el cariño que deja un gran amor inconcluso pero no extinto. Con permiso de la diosa Marie-Christine, reproduzco en facsímil una de sus notitas llenas de la claridad suave del oriente de plata:




domingo, 19 de febrero de 2012

Un cuento perfecto



( Miguel Ángel. Adán y Eva)

"Hace mucho calor en la ciudad. Vuelvo caminando a mediodía y en una obra en construcción cruzo a dos muchachos que conversan a la sombra de un árbol. Al pasar, escucho que uno le dice al otro, hablando de un amigo ausente: “Encontró a la mujer en su cama con un flaco”. Un cuento perfecto de diez palabras. Lo mejor es el desplazamiento de la posesión de la mujer a la cama y la simpatía en la locución final que define al intruso".

(Notas en un diario. Ricardo Piglia. El País)

jueves, 16 de febrero de 2012

Tres tardes con Fidel Castro III


(foto tomada por el autor en La Habana)

Las horas Contadas

Coletilla

De regreso al Hotel Nacional practico la autocrítica y me lamento de no haber sido capaz de llevar al facundo de Fidel al huerto de sus gustos en materia de cine, literatura, gastronomía y otros dominios. Sobre mujeres, por ejemplo.

Finalmente me absuelvo de mi pecado, ya que en nuestra plática mano a mano ha pasado algo que merece la pena ser contado.

Sin embargo, la jodida culpa no ceja y me echo en cara no haber rebajado los humos al Comandante cuando se pavoneaba por el triunfo de la izquierda en América Latina. Lo cierto es que no encontré el modo y manera de meter baza en su soliloquio y tratar de explicarle al barbudo que hay tantas izquierdas como países. Ya se sabe que no tiene mucho que ver el color ni la estatura con las cosas del querer; y que la izquierda chavista de Venezuela, se parece como un huevo a una castaña a la de Bachelet en Chile. Ni ésta a la populista de los Kirchner en Argentina. En Colombia han inventado una cosa, el Polo Alternativo Democrático, que recoge desde la socialdemocracia clásica al comunismo irredento. En Perú Alan García lidera un partido de vieja estirpe izquierdista y está diciendo ahora a los peruanos que lo importante es cazar ratones. Rafael Correa en Ecuador es más nacionalista que izquierdista.

Frente al reformismo criollo se alzan los líderes de un indigenismo que se siente explotado tanto por los españoles de la conquista como por sus descendientes los criollos. Así el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega. Al guatemalteco Álvaro Colom y al costarricense Oscar Arias, no sé ni dónde ponerlos. Tabaré en Uruguay y Lula en Brasil parecen más bien izquierdistas de lo posible.

¡Para qué iba yo a amargar la tarde al Comandante dándole una lección que maldita la gracia le hubiera hecho! ¿Cuánto va que me hubiera mandado a hacer leches? Otrosí digo. En la práctica, ni en Venezuela, ni en Bolivia, ni en Ecuador, ni en Guatamela, sus gobiernos han traspasado los límites de un capitalismo de Estado. Esto es, de lo que Castro llamaría, si fuera sincero y coherente, un “orden burgués”.

Lo que si comenté a mi ilustre confidente, fidelísimo leedor de novelas de espionaje, fue que Smiley, el personaje de John Le Carré, ya se quejaba en plena guerra fría de que habíamos renunciado a demasiadas libertades para ser libres y que ahora tenemos que recuperarlas.

Pero Fidel anda en su Babia de buen revolucionario heredero del buen salvaje y ve las cosas por tela de cedazo.

Yo lo pasé bien con él. Mejor que si hubiera dedicado tres tardes de mi vida a Bush, Merkel, Aznar o Blair. Dicho sea aunque me esté mal el comparar.

-Fin-