viernes, 14 de enero de 2011

Al viejo estilo II


( capítulo segundo )

Aquellos calurosos y asilvestrados veranos de mil leguas imprimían carácter. La luz de Levante y la cálida naturaleza de una finca de monte bajo mediterráneo, con sus bancales de labor, invitaban a vivir a la pata la llana. Sin más contacto con el mundo de afuera que los viejos aparatos de radio que sólo recibían, y eso por la noche, emisoras árabes del otro lado del Mediterráneo y, nunca supe por qué, Radio Andorra. Una voz puntiaguda de una chica cantaba “aquí Radio Andorra, emisora del Principado de Andorra”. Yo me sentía bienaventurado y en mi elemento. Había caído de pié en una especie de rústica felicidad que adormecía los espíritus pero mantenía bien abiertos mis sentidos.

En mi colegio apenas si mandaban tareas para el verano, salvo la de rellenar un cuaderno de vacaciones y el ritmo de cada jornada era muy parejo al propio de los labriegos y jornaleros, cuyas familias vivían en casas diseminadas por la dehesa. Las faenas del campo marcaban el día a día. Cuando empezaba el veraneo era ya la época de trillar con mulas en las eras, la de recoger tomates y pimientos, melones y sandías, y las frutas y verduras de las huertas que se regaban con agua de pozos y acequias.

Si la cosecha de tomates y pimientos era muy grande, las mujeres de los jornaleros se afanaban en abrirlos por mitades y extenderlos a secar al sol en las eras, cuando éstas habían cumplido ya su función y el grano estaba recogido y entrojado. Algunas noches era preciso y precioso tirar cohetes en las eras para provocar que los conejos salieran disparados y dejasen de comerse los pimientos ya medio secos. Recuerdo muy bien que, a la mañana siguiente, deshacíamos con la mano las cagarrutas de los conejos y nuestras palmas se quedaban llenas de un polvo seco que era puro pimentón.

Eran noches en que habíamos de encerrar a los dogos que guardaban la Casona. Ena se llamaba la perra madre. Sus cachorros, blancos y negros, eran primorosamente bellos.

Nota del autor

Resulta que "Alice se perdió" tiene una evocadora manera de escribir que atiza la candela de mi memoria. Cuenta sus cosas como los propios ángeles, paganos eso sí. Allá va su dirección: http://aliceseperdio.blogspot.com/2011/01/bh.html

11 comentarios:

  1. estoy esperando ansioso la tercera entrega que poco a poco va desempolvando los rincones de una memoria casi perdída.
    salu2
    PD: yo ya he caido en las redes de las letras de alice, jajaja, buenísima recomendación

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  2. Definitivamente tuve que haber vivido alguna vida en un lugar asi...lo disfruto!!!
    un abrazo

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  3. Mi querida Mery ¿seguro que no nos hemos conocido en aquellos largos y cálidos veranos? Pienso que sí...Abrazos

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  4. ¡Gracias Ismael! Estás prisionero de la Arcadia de los recuerdos...

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  5. Manuel, no sé quién atiza más a quién. Mil gracias por el guiño.

    ¡Estoy deseando el 3er capítulo! Se siente el calor del verano del Sudeste español...

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  6. He vuelto al cobijo de tus letras y me quedo como mosca en telaraña enredada a tus recuerdos.
    Mis besos caballero

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  7. Yo no sé si la niñez es un lugar maravilloso o si teñimos nuestros recuerdos, pero la mía fue tan parecida ... solo que de este lado del océano.

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  8. ¡Gracias Alice! Calor, sin neveras eléctricas ni aire acondicionado ¡Tan ricamente!

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  9. Malena, sirena transatlántica, mi patria es mi infancia, tal y como mi memoria la evoca ¡Gracias!

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  10. MI QUERIDA 40añera, andaremos siempre juntos por el camino de los recuerdos...Besos

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Pienso que l@s comentarist@s preferirán que corresponda a su gentileza dejando yo, a mi vez, huella escrita en sus blogs, antes bien que contestar en mi propio cuaderno. ¡A mandar!