domingo, 27 de diciembre de 2015

Año Nuevo


Año Nuevo                                                      

La verdad empieza en el cuerpo. Cada día, una vida. 
Pero ¡cuidado! Que la vida no es lo que se lee en los periódicos. Ni en internet. Las apariencias no engañan. 
Deseo un buen año 2016 para todos vosotros.

Manuel María Torres Rojas.


Foto Masao Yamamoto.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Navidad y Año Nuevo


Navidad y Año Nuevo                                                        

La mejor celebración de estas fiestas es siempre la más perfecta normalidad.

Ello es lo que te deseo ahora y también para todo el 2016.

Cada día, una vida.

Abrazos

Manuel María Torres Rojas

(foto M. Yamamoto)

domingo, 6 de diciembre de 2015

Sin pijama y sin recuerdos (capítulo séptimo)


Sin pijama y sin recuerdos (capítulo séptimo)                                                

Puta polución atmosférica ¡Qué gorrinería de ciudad! Me pica la garganta. Me apetece tomar un té, comprar un libro y pasar a un baño que no huela ni a desinfectante de clínica ni a pis. Buscaré un drugstore y a Juan Ramón Jiménez. A Brendan Behan no, porque no lo encuentro nunca. Escribir y olvidar. Behan era alcohólico con problemas de escritura. Así era. Escribir y olvidar. La máxima felicidad.

De frente viene un grupo de chicas del altiplano andino. Pienso si estaré en Cuzco, aunque no olvido que Los Andes empiezan en Venezuela y terminan en la Patagonia. Me propongo no lloriquear no vaya a ser que piensen que soy italiano.

Llegan a mi altura, saludo y pregunto dónde puedo desayunar. Me responden maliciosamente que por ese barrio no suelen dar de desayunar a las cuatro de la tarde y que si quiero merendar, no lejos, todo derechito, queda un centro comercial.

En él, compro un diario, que no reconozco, en cuya cabecera figura “edición Madrid”. Me sorprende la facilidad y rapidez con que llegan aquí y ahora los periódicos europeos. La gente viste mejor que antes de mi síncope hipnótico.

Busco otro taxi y ¡zácate! me viene a las mientes una dirección:
- ¿Sería usted tan amable de llevarme a Claudio Coello número 38, entre Hermosilla y Goya?





Sigue el viaje por lo desconocido. Ahora creo que voy a alguna parte. Me apeo en la dirección que surgió de algún boquete negro de mi memoria. Es la casa donde nací.

Subo al piso tercero izquierda y en la puerta hay una placa que pone “Notaría (entren sin llamar)”. Obedezco y entro.

Un tipo con halitosis me contesta si no estoy viendo que allí no vive ninguna familia. Desisto. Está claro que allí no viven los míos.

Dice el portero que la notaría fue instalada en los años ochenta. Ignora quién ocupó antes el tercero izquierda. Yo lo sé muy bien. Pero da igual.

Salgo a la calle. En la parada de taxis desecho a los más sucios y aguardo hasta que llega un vehículo que no está tan cochino como palo de gallinero. Pido al taxista que me lleve al aeropuerto. Es hora de partir.




Los anuncios y otros cachivaches apenas si me dejan distinguir el conjunto de la ciudad en que nací. Creo.


( la primera foto y la de en medio están tomadas por mí; foto de abajo es de Richard Estes)