domingo, 26 de julio de 2015

Relatos desiguales

XENÓFOBOS                                                 


(el autor en verano)

Pagué mi copa de Albariño y salí por patas.

La gota que colmó el vaso de mi paciencia la puso el más gordo de los xenófobos que se acodan en la barra de Sanxenxo y pagan con billetes de 500€ conseguidos practicando el noble oficio de poner ladrillos, corromper a los corruptos, y timar e hipotecar a un par de generaciones de paisanos y naturalizados.

El cochino que me hartó no quería oír hablar de soluciones y programas de formación para los que han tenido que dejar todo en sus países de nacimiento y se han venido aquí para cuidar de nuestros padres, de nuestros nietos, de nuestras alcachofas y recoger nuestra mierda urbana. Dijo:

- Yo no quiero soluciones, ni ayudas. Simplemente quiero que se vayan todos.

Salgo del antro racista y se lo cuento a la dueña de la papelería, a quien llamo Carlina, por la cosa de la marca de su franquicia. Me dice:

- Usted no sabe lo que tengo que aguantar en mi tienda. Tengo una hija adoptiva que es nicaragüense y tiene su colorcito….

DÉJAME QUE TE CUENTE LIMEÑA                 

(el autor en invierno)

Asisto en el Círculo de Bellas Artes a la presentación de un libro de Julio Feo cuyo título está inspirado en esa canción, al igual que otro de Jorge Bucay.

Vive retirado en Brunete y amablemente me invita a visitarle allá. No tengo más remedio que confesarle que no he vuelto por aquellos lares desde la batalla de igual nombre. Y que no tengo coche.

Hace años encontré varias bombas de mano de tipo piña en la finca que mi señor padre tenía en Brunete. De eso me acuerdo y también de las perdices estofadas de Casa Campa, mucho mejor que las de Jockey, que en paz descanse.

El libro de Julio promete mucho. En cuanto termine con Schopenhauer, me pongo con el. O no.

PESADILLAS MELATONIANAS                         

(el autor en Holanda)

Piso antiguo en la calle K.

Mi padre anuncia que se casa con una señora de Marbella, de muy buena pinta. Me gusta su prometida, incluso físicamente.

Mi tío y padrino me nombra académico de su Círculo de Historiadores. Acepto y me propongo precisar en mi discurso de ingreso que no soy historiador, salvo de mí mismo.

Le digo a mi yaya que estoy muy solo. Mi hermana Emilia, soltera aún, es la introductora en España del sistema pilates.

Mi hermana Nita tiene un pie fastidiado.

Tolcheff quiere que ambos dos compremos una finca a medias.

Yo quiero un perro.

En la copa de vino español celebratoria del compromiso paterno-marbellí pregunto a mi progenitor si harán capitulaciones matrimoniales.

Compruebo con asombro que tengo varias docenas de pares de gemelos para los puños dobles de mis camisas de popelín. Están hechas a medida en Burgos, en la calle Cedaceros, acreditado establecimiento que fuera propiedad de los Álvarez de Aranjuez, hoy pasto del cambio a la manufactura fabril de camisas con puños de botoncicos.

Doy una conferencia en no sé dónde y asisto yo solito.

El Lobito de Caracas se me aparece en efigie, que luego se transforma en el profesor chiflado con cara de Jerry Lewis.

OTRO DE MELATONINA                               


(el autor y sus charlas)

Peregrinamos por las marismas de La Camargue vestidos de rocieros con carretas y todo.

Corcas va disfrazado de Indiana Jones, cuatro tallas menos, eso sí.

Mucho cuidado con las patitas de los caniches blancos.

La senda de bambú se ha convertido en turba y me tizno hasta las pestañas.

Rafael, ya en su lecho de muerte, me hace llegar una nota de su puño y letra con instrucciones para cambiar los estatutos. Apostilla el hombre diciendo que yo soy el único que puede hacerlo bien. ¡Qué disparate!

Los nuevos son feos y me niego a colaborar, para que no me llamen colaboracionista. Aduzco que me voy a hacer la ruta del opio, que debe sedar más que el camino de Santiago.

Mi hermano muerto me entrega su carta al padre. La mía, le digo, ha quedado demodé. Un siglo de estos escribiré otra. Una hija envía su carta al padre y le dice que prefiere a otro.

¡SAPRISTI!                                                   


(el autor en un mercado de Helsinki)

Tengo un amigo en el Tercio y otro tengo en Regulares. Un tercero es jefe del departamento de neurociencia y control motor de la Universidad de Sanxenxo.

Este hombre, en vez de dedicarse a buscar la partícula fundamental que explique el origen de la masa, habla del papel calmante de las religiones. Dice que, ante la anomia, los sistemas religiosos ayudan a controlar la ansiedad de no saber. Cuánto más sabe uno, más sabe que no sabe nada. Y eso genera ansiedad. Ello, unido a que vivimos muy poco y no queremos morirnos y no sabemos qué hay después de palmarla, hace que nuestros cerebros creen unos circuitos neuronales para encauzar los sentimientos de solidaridad, templanza o humildad que todos tenemos, más o menos.

Las religiones subproducto son de nuestro cerebro inteligente.

ME PEGAN LA BULLA                                   
El doctor Pestiño y Laureano Pañoleto vienen a casa a pegarme la bulla por no sé qué vaina. Me limito a defenderme diciendo que soy el único ejemplar sin cruzar del Bradypus variegatus, que no me den el follón y que invito a una copa en el cocktail bar O’clock en la calle Juan Bravo.

FRANQUICIA                                                 
Asisto en directo al despido fulminante del encargado de una pequeña tienda de vinos en régimen de franquicia.

El chavalote se llama Andrés, es colombiano y tiene un master en enología en una universidad privada de Madrid. De esas que suelen ser lo más parecido al timo de la estampita.

Estando un servidor comprando una botellica de un vino blanco de uva Godello fermentado sobre lías, que está riquísimo, el tal Andrés atiende una llamada y se le va la color del rostro.

Dos minutos al teléfono. Cuelga y me dice que era su jefe para comunicarle que estaba despedido y que tenía media hora para recoger sus bártulos y rendir cuentas.

Me intereso por su tipo de contrato y confirma mi temor. Está en la tercera renovación de un contrato de becario en prácticas, sin indemnización ni vacaciones ni leches de las Navas del Marqués.

Al día siguiente me llamó para contarme que ya estaba en la calle y que en el arqueo de caja le habían acusado de una falta de seis euros.

Los euros aparecieron en el recuento de comprobación.

PREDOMINANCIA                                         

Oído en el canal Metéo del satélite Digital +.

Hoy tenemos “predominancia” de una borrasca situada al sur de las Islas Británicas y por ello la situación “está predominada” por vientos del Norte.

A mi me suena raro, pero vaya usted a saber.

SMS                                                           

Me gustan más que los correos electrónicos. Pueden ser más tiernos.

Son una especie de telegramas liofilizados y concentrados en lenguaje medido. Caben en ellos pequeños poemas; cosa distinta es escribir kaven.

NABOKOV                                                     

El ilustre suicida autor de joyas como Lolita, Pálido Fuego o, Habla, memoria, escribía a lápiz y en tarjetas o fichas. Cuando le venía en gana barajaba las fichas, llenas de borrones y tachaduras y correcciones, y ¡cataplás! ya estaba la novela lista.

Cuenta su hijo Dimitri que ni su madre ni él mismo se atrevieron a cumplir con la voluntad expresa de Nabokov, quien, enfermo de muerte, dejó dicho o escrito que destruyeran las 138 fichas de la novela que estaba saliendo de la punta de su lapicero.

Dimitri piensa que ha llegado el tiempo de editar, tal y como están, las fichas de la obra, que se va a llamar, o se llama, Laura.

Ya andan diciendo los sabios que está inacabada. ¿Por qué?

MÁS MELATONINA                                       
Ceno con el Primer Ministro canadiense con ocasión de una reunión del Comité de Liaison de la Unión Europea. A los postres, y ya un poco chispiretas, me dice que él, hubiera querido ser torero.

Le explico que yo soy toreador, tiro violentamente del mantel dejando en su sitio platos, cubiertos y copas y pido a la orquesta que acometa andante con moto Suspiros de España. Ofrezco una lección de toreo de salón que me sale bordada.

Mis colegas me sacan a hombros del restaurante de la Ópera de Estocolmo y a hombros me llevan hasta el aeropuerto en donde me embarcan en un avión rumbo a Cali. Llego a tiempo de figurar en el cartel de más tronío de aquella feria.

NEUROSIS                                                  

Antes eras un neurótico. Ahora padeces trastornos de ansiedad, fobias y pánico. Las causas son biológicas unas, otras bioquímicas y también las hay que son sociales. La presidente de la Asociación de Trastornos de Ansiedad de EE.UU. aconseja: mantener una buena rutina, descansar mucho y hacer deporte. Yo añado que es bueno el auto psicoanálisis de los sueños nocturnos. Debemos instalarnos en la zona inhóspita de nuestra conciencia individual.

TODOJUNTO                                               

Sobre Madrid caen rayos y centellas.

Pregunto a mi maestro si muchos pacientes han cancelado su cita.

Responde:

- Siempreaveces.

Me agrada su respuesta. Construye el castellano como los teutones su lengua. Agregan palabras y crean un concepto nuevo.





EL MAESTRO SE VA                                        
El maestro Akira me anuncia con su poquita voz que regresa a Japón.

- Yo irme a cuidar a mi papá y a mi hermano. Mi mamá está feliz.

- ¿Cuántos años tiene su hermano?

- Cuarenta y siete y está enfermito del nervio autónomo. Tiene miedo de que la sangre se le suba a la cabeza. Yo ir a cuidar con shiatsu porque la medicina occidental le ha dado muchos medicamentos dañinos. Mi papá tiene ochenta y seis años y está operado de colon.

Le digo que lamento su marcha con toda el alma y me dice que él no quiere dejar Madrid y que en Tokio no estará Manuel Torres.

Como no se trata de liarnos a llorar le digo si ha previsto a quién va a encomendar mi cuerpo y mi espíritu.

- Suzuki le cuidará igual o mejor que Akira pues aplica mejor presión que la mía por ser Cuarto Dan de Jiu Jitsu.

Agradezco su previsión y le encarezco que informe a Suzuki de cómo son mi cuerpo y mi espíritu, ya que el hombre que se apellida como la moto no habla un carajo de español.

Prometo visitarle en Tokio y le ruego me ponga a los pies de su mamá. Me recomienda vivamente que no vaya a Tokio ni en verano ni en invierno. Lo que más ama de Madrid son sus muchos árboles.

domingo, 5 de julio de 2015

Relatos de la lluvia de julio

EL TAXISTA NUESTRO DE CADA DÍA           


(foto del autor en Zürich)

Hoy me toca uno de Albacete que vive en Azuqueca de Henares.
Se declara contento con su taxi y me pide ayuda para identificar un buen trayecto. Debo tener cara de gepeese.
Es un hombre grandón y un poquillo tartajilla. Sin mucho circunloquio me cuenta lo que él llama su único problema. El hombre se ha construido una piscina en su chalecito. La piscina es irregular, como el propio terreno, y mide diez por ocho por siete y por cinco metros.
El hombre grande no sabe nadar y por ello el agua de su alberca le llega a la altura del gaznate. Su mujer es una flaca bajita y bucea y todo en la piscina.
Aquí viene el problema. La familia de su mujer se presenta sin avisar, un fin de semana sí y otro también, para disfrutar de los placeres de la charca. Y de los otros, porque el buen taxista me cuenta que también corren a su cargo las viandas para la barbacoa y la bebida para la panza. Ahora viene lo peor. Los retoños de los invitados sin invitación, chillan como conejos y se tiran a la piscina haciendo la bomba y vaciándola del agua que se desparrama por las tapias.
No le dejan dormir la siesta y derrochan el agua de la cubeta. A él que, por la cosa del ecologismo, no la vacía ni en invierno y la mantiene limpia como una patena.
Mientras pago la carrera me dice que hay domingos que se cabrea, agarra el taxi y se viene a Madrid a trabajar.

VIENTOS DEL ESTE                                   



(el autor en Estocolmo)

La encargada de la tienda de muebles y objetos asiáticos es una señora carioca que se parece a Adriana Lima como un huevo a una castaña. Su hombre es un periodista que está escribiendo una tesis doctoral. La dueña de la tienda es una troglodita que no admite eso del tanto monta, monta tanto, en lo que a la condición humana se refiere. O sea, que cree en la superioridad de los ricos.
La encargada me dice que ella no quiere opinar mucho, pero que le da que su jefa es pepera populista. Eso sí, con menos garbo y trapío que el antiguo sindicalista Lula, líder del movimiento Rinovarsi o Morire.

LA CHICA QUE LAVA EL PELO                     



Se llama Riza y su hijo, de veintidós meses, Fortunato.
El infante, de tan galdosiano nombre, es cuidado por la mamá de la lavandera del cabello.
El nene chapurrea ya tagalo, español e inglés.

JUEVES SIETE DE JUNIO                            



En la vitrina del restaurante Venezuela figura expuesto, entre pequeñas piezas arqueológicas cogidas a pulmón en los pecios de estos mares, mi librito de los huesitos y sus ronquidos. Así demuestra José comino y cagarruta su aprecio por mí. ¿Habrá leído mi obrita? No tengo noticias de la fiera sin domar. Ni las tendré.
Me dice mi Elenita que Manoli, la chica de la limpieza de mi antiguo despacho, está emocionada porque la cito en “Los huesitos…”. Voy a terminar escribiendo para mis amigos del pueblo soberano. Exclusivamente.
Hervido llaman al plato de verduras locales que me zampo diariamente. Con su chorrito de aceite, virgen, supongo. ¿Hubo alguna vez diez mil vírgenes?

VIERNES OCHO DE JUNIO                           



Almuerzo en el puerto deportivo de San Pedro del Pinatar, invitado por Marisa, que fuera señorita de compañía de la caciquesa de la zona. Nuestra común nostalgia del pasado y su ceguera política del presente condimenta la pitanza.
Siempre salgo de mi baño en la mar salada más confortado que antes de pasar la fatiguita de entrar. Voy por 40 minutos sin parar. ¿Llegaré a una horita completica?

DOMINGO DIEZ DE JUNIO                           



La cena de anoche en El Venezuela, se saldó con una gran dorada del mar pequeñico y con mis pupilas inundadas por la belleza de una mujer del Este. Ella cenaba con un crío pequeño y con un hombre-mono pequeño y renegrido, con aspecto de guerrillero indo-malayo. La preciosa estonia, un suponer, besaba a su hijo, miraba empavorecida al pre-homínido y, pocas veces, no evitaba mi mirada de varón domado y admirado. Quede claro que mi atrevimiento se basaba en que el orangután estaba de espaldas.
Ya no tengo ilusiones, sólo experiencias. Por eso escribo. Experiencias y recuerdos.

JUEVES CATORCE DE JUNIO                        



Espero taxi para el aeropuerto. Me voy al horno de la meseta. En puridad de principios lógicos, no tengo ganas de estar ni allí ni aquí. Ni allá ni acá. Y si quieren saber de mí pasado, les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del amor y que nunca he llorado.
Ayer desaproveché el viento de leveche para mi baño, que no me di, ni hoy tampoco, que no me lo daré.
Dos horas y cuarto de película de piratas en silencio. La prota es bella y prudente. De Ukrania es la criatura.
Llego a Madrid. Afortunadamente, llueve y llueve. A mares.

TRESCIENTOSESENTAMILNUEVE                 



Son los euros que cuesta, aunque no creo que los valga, un reloj Rolex de caballero montado no sé si en platino o en oro blanco y, eso sí, cuajadito de brillantes.
Tal espantajo aparecióseme en el curso de una recepción en la casa Rolex, a la que acudí invitado por la firma Wempe.
La prenda relojera, del gusto de emires y jeques, estaba protegida en una vitrina rodeada de rayos láser, como las que salen en las películas de atracos perfectos. Son películas en las que estás deseandito que ganen los malos.
Me presentan a un ciudadano con pinta de asentador de pescado en traje de domingo que se autoproclama aristócrata. El aristócrata hortera o impostor, cargaba un peluco, también Rolex, de esos que parecen un huevo frito de oro amarillo. Para salir del paralís que me había embargado comento yo que el esperpento de los trescientos sesenta mil nueve euros es propio de narcotraficantes colombianos y me corrige, al parecer con conocimiento de causa.
- No. Conozco bien Colombia porque compro allí esmeraldas. Los narcos colombianos gastan oro amarillo. El oro blanco queda para los narcos que trafican en oriente con el opio.
Por lo demás la recepción estuvo perfecta. Las damas bellísimas, los caballeros elegantísimos, incluido un servidor que practicó el sincorbatismo. El comercio y el bebercio, ahora llamado catering muy selecto y abundante.
Observé con satisfacción que el sempiterno Moët Chandon había sido sustituido por el champagne Ruinart, que me gusta mucho más. La comida era abundante porque estaba prevista la asistencia de ciento veinte gilipollas y a la postre sólo concurrimos unos setenta mal contados.

EL CASO DE LA ESPINACA ASESINADITA      


En mi cocina está instalado un horno de vapor AEG Competence.
Se trata de comer vegetales preparados de la manera más saludable posible. A saber, al vapor, sin sal y duchaditos con su pizquita de rico aceite virgen extra.
Compruebo ahora que mi fiel Fadua lleva cometiendo espinaquicidios un año largo. Tras una noche de insomnio que dedico a elucubrar por qué coño están tan malas las espinacas que prepara a diario la criatura magrebí, me puse en pié hecho una pasa pero con la certeza de haber hallado la clave.
- ¿Cuánto tiempo permanecen los brotes tiernos de espinacas en el chisme? Fadua contesta como si fuese de extremo oriente.
- Veinte o cuarenta minutos.
Su cálculo debe ser mariocondesco porque he cronometrado reloj en mano, aprovechando que la bonne se había marchado a hacer la compra, y las que me toca comer hoy llevan cincuenta minutos siendo asesinadas en el horno AEG Micromat-Duo Competence.
La solución me la proporciona la simple lectura de la bolsa que contiene “o melhor em follas jovens e inteiras”. Se pueden introducir directamente en el microondas las espinacas tal cual vienen en su envase de papel de celofán. Se perfora la bolsa por varios sitios con un cuchillo de punta y se coloca en la bandeja del microondas durante tres minutos a una potencia de setecientos cincuenta vatios.

ZAPATOS EN EL FREGADERO                       



Como no me gusta señalar, y menos dos veces seguidas, daré breve cuenta de otro descubrimiento, este de carácter higiénico zapatil. En casa los zapatos se limpian, piel y suela, en el fregadero de la cocina.

DELICATESSEN                                          



He sido preterido a favor de un pavo más joven, más alto y más rubio que yo.
Mi comedida queja ha sido recompensada con una copa de un chardonnay helado y muy rico.
Todo ocurrió a la hora del aperitivo vespertino en la barra del bar instalado en el Delicatessen de los grandes almacenes de siempre y que no voy a citar ahora porque estoy enfadado con ellos.
Abrevio el cuento. Me acomodo en la barra y no hay ningún cliente en todo su perímetro. La señorita que atiende advierte mi presencia y cuando voy a pedir una copita de vino blanco con unas piezas de sushi, aparece por el extremo opuesto un chaval más alto, más joven y más rubio que yo, con cara de soplagaitas eso sí. La señorita olfatea la llegada de mi oponente, se da la vuelta y se pone a atenderle.
Me aguanto las ganas de homicidiar con mis propias manos a la chica y al tío ese que era más largo que un día sin pan. Llega una segunda empleada gordita y risueña. Pido mi copita de vino y cuando tiene la botella en el aire para verter el ambarino fermento de la uva, la moza que primero me ignoró llama a la escanciadora. Ésta se vuelve y se ponen las dos a atender a las preguntas y demandas de mi desgalichado rival.
Como estoy releyendo a Séneca, aguanto con estoicismo. Cuando el hombre malo se va, creo que sin comprar nada, la gordita me sirve mi chardonnay con tres rollitos de sushi. Es entonces cuando comento a la niña que me he sentido preterido por ser más viejo, más bajo y más moreno que el hijo de la gran puta que se acaba de ir de vacío.
La gafitas cuatro ojos reacciona estupendamente, me pide disculpas y me ruega que acepte la invitación de la casa, cosa que acepto al vuelo como las perdices.

ACUCIOSAMENTE                                      



(el autor en Lausanne)

El Jefe de neurología de uno de los más gigantescos hospitales de Madrid no es muy acucioso que digamos.
La chica de la floristería que cada lunes recibe un puyazo de interferón, se ha sometido a un riguroso chequeo por prescripción del neurólogo ese que no se acucia el hombre. Hace dos meses que terminó todas las pruebas, cuyo resultado global determinará si debe seguir o no con tal tratamiento y en qué dosis.
El expediente clínico está encima de la mesa del neurólogo. La florista llama a su secretaria cada semana transcurrida sin pronunciamiento alguno. Preocupada por la demora, la chica de la esclerosis múltiple en potencia se atrevió ayer a endurecer su tono en la llamada habitual, que ya es de frecuencia diaria. La secretaria o enfermera respondió:
- El doctor está en huelga y mañana se va de vacaciones.

¡QUE ESTÁN LOS FONTANEROS!                  



El portero del cincuenta y siete me contesta:
- ¡Ahora subo, que están los fontaneros!
Ya me daba a mí que estaban los fontaneros, puesto que siempre están desde hace varias semanas. Aparecen de dos en dos, pero nunca los mismos. Unos vienen de los Cárpatos, otros de los Andes y ninguno de la Sierra de Aracena.
Cada pareja de plomeros emite un diagnóstico distinto. Acuciosamente, eso sí.
Total, que seguimos sin saber el origen de las humedades que padece la dueña del local comercial que se está reconvirtiendo en estudio y en vivienda. Las humedades las padece el local y su dueña lo que padece es cabreo, no comparable al que yo tengo por aguantar unas obras que van ya para dos años.
Si alguien conoce si el ordenamiento jurídico vigente permite que en las obras de un edificio de viviendas se utilicen hormigoneras y taladradoras neumáticas de las usadas en las carreteras, caminos, canales y puertos, agradecería se pusiera en contacto con el ordinario del lugar, a quien tengo presentada una queja por esta vaina. También me gustaría saber si los obreros y las obras tienen los papeles en regla.

EL PAPÁ DE FORTUNATO                            



(tartar de atún toro)

Anoche, mientras me zampaba cuatro piezas de sushi en lo de Nacho, conocí a Fortunato, que es el papá del bebé que se llama Fortunato.
La primera pieza era de atún toro, la segunda de coquille Saint Jacques, la tercera de huevas de salmón rojo y la cuarta de cigalita, todas primorosamente preparadas por Fortunato senior.
- ¿Está usted casado con Riza?, ¿tiene usted un bebé de veintidós meses que se llama Fortunato?
Ni por esas. Impasible el oriental. Tan así, que tomé la precaución de decirle que no soy de la bofia, pero que estudié lógica y por ello había deducido que, como quiera que no puede haber en mi barrio muchos filipinos que se llamen Fortunato, él tenía que ser el marido de ella y el papá del bebé.