domingo, 28 de junio de 2015

Relatos de estío, espacio y tiempo

Relatos de estío, espacio y tiempo               


EL CASO DEL TAXISTA HIPERACTIVO             

Agarro un taxi a la vera de la clínica de mi maestro japonés. Vuelvo a mi encierro del barrio.
El hombre que conduce empieza a hacer cosas raras. Se salta un semáforo y se cambia de carril a cada poquito. Sin poner el intermitente.
Ensayo el truco de darle conversación para ver si el hombre se tranquiliza.
- ¿Lleva usted mucho tiempo en esto del taxi?
Me mira por el retrovisor atravesando el plástico ese de seguridad que te deja sin aire acondicionado en verano y que no protege ni de un atraco de un niño de teta. Me cuenta que no, que lleva poco tiempo en el oficio.
- Verá usted. En realidad yo soy informático, pero, como también soy hiperactivo, cada dos años tengo que cambiar de trabajo porque me pongo muy nervioso.
Comento en voz baja que ha ido a elegir un trabajo que ataca los nervios. Me pica la curiosidad e indago si se autocalifica con conocimiento de causa.
- ¿Dice usted que es hiperactivo?
Se salta un par de semáforos más, insulta a una señora gorda que está subida a un BMV todoterreno y que espera a la salida de un colegio plácidamente estacionada en cuádruple fila y me dice:
- Pues verá usted, el psicólogo del colegio diagnosticó mi problema porque no seguía bien los estudios por falta de concentración. Mientras estudiaba informática ayudaba a mi padre en el taxi y, de entonces acá, cuando me canso de un trabajo y me entra la neura, me vuelvo al taxi.


Ya en casa, recuerdo que en mi clase del colegio había un niño que hoy gozaría de los privilegios que concede el carné de hiperactivo. Entonces era tratado de zascandil y botarate, y medicado a base de capones y puestas de cara a la pared en todos y cada uno de los recreos de cada curso escolar. Ahora es un jefazo en el partido populista.


DEPRESIONES Y OTRAS VAINAS       


Alejandro, fino estilista, se pegó una leche en moto y desde entonces anda luchando contra la depresión. La chica de las flores dejó a su marido, fue diagnosticada de nosequé múltiple y sometida a un tratamiento cabroncete. ¿Se deprimen o tienen trastornos bipolares?
La chica alta, natural de Guinea, se lía con un bailarín y se queda embarazada. El bailarín niega, el bebé nace y ella venga a tomar prozac.
El pintor antillano y la chica chilena de la academia para preparar oposiciones, ven cortado el suministro telefónico por falta de pago. Se deprimen y se quedan sin Internet.
Las parejas de mileuristas no pueden con las cuotas del coche, de la tarjeta de crédito e hipotecarias. Como además las criaturas están acostumbradas a comer tres o cuatro veces al día y a utilizar, mañana y noche, cosmética aunque sea comprada en un chino todo a cien, no les salen las cuentas y, se pongan como se pongan, van y se deprimen. Buena gente. Solo beben los fines de semana. La Revolución francesa empezó con las revueltas por el pan.

EL TAXI DE STEINBECK                             


El conductor del taxi de ayer día miércoles, llevaba el pelo clavaíto a D’Artagnan.
Se vuelve y me pregunta:
- ¿Es usted escritor?
Como quiera que en los últimos tiempos a los taxistas les da por hacerme la misma preguntita, me limito a decirle que sí, que más o menos.
- En realidad, yo soy roquero. ¿Ha oído usted hablar de mi grupo? Se llama Las Uvas de la Ira. Este sábado tocamos en la calle La Palma. Si me da usted su dirección de correo electrónico le envío uno cada vez que dé un concierto.
La confesión del taxista steinbeckiano de ser atlético, termina por vencer mi mínima resistencia y le doy una tarjetita con mi e-mail y mi bloog. Se llama David.

SOLLOZO ANTES DE DESPERTAR              


Noche toledana. La melatonina obliga. En el prefacio nocturno y cubista asisto a un tráiler sobre mi evolución por selección natural. Mi abuela no soporta que la evolución sea ciega y que yo resulte un subproducto sin autoría intelectual. No buscado.


En el segundo tempo la orquesta filarmónica nacional de Hungría, dirigida por Zsolt Hamar, interpreta un poema sinfónico titulado La metafísica del babuíno. A su término un psicólogo-primatólogo que venía de pasarse la friolera de quince años estudiando a mis primos en la reserva de Moremi, en el delta del Okavango, salió al escenario travestido de babuino al tiempo que gritaba “¡tenemos conciencia y sentido de seres sociales!”.
Me despierto. Los tejados aún están oscuros. Amanece. Y yo, convertido en paria social, me dispongo a recordar el amor que quita el miedo a la muerte. Me reafirmo en el propósito de exigirme a mí mismo el respeto que merezco. Mis cuentos no deben ser sometidos a las indignidades del juicio ajeno y de la competencia con otros.
Amanece. O no.
Vuelve la noche a mi guarida y mis fantasmas salen a pasear. Culpas en pena. Miedo me dan los remordimientos por mis actos futuros.
Me voy a ver la ampliación del museo del Prado. Mi simpatía por Paul Valéry no ha muerto. Le digo a Moneo que dentro del edificio de Villanueva recuerdo el buen tiempo que hace fuera.


POR UN INVIERNO YO FUI FELIZ                

Libertad. El lento discurrir de las horas de charla sin tener cómo ni por qué.
La chica de mi Facultad me preguntó:
- ¿Por qué no me quisiste?
- Porque no te creí. No me fiaba de tus ojos. Te sienta bien el verde.
- ¿Y por qué no me creíste?
- Pues porque no creo nada, pero imagino todo.
Me tomo un campari más amargo que el eléboro. Habían pasado veinticinco años y ella aún ignoraba por qué no la amé entonces. ¿O fue al revés?

EL JOVEN MARÍAS                                    



Ingresa en la Real Academia el joven Marías con una confesión de humildad y con una manifestación de arrogancia.
Su discurso versó sobre la dificultad de contar. La arrogancia radicó en su defensa de la tesis de que el novelista “es el único facultado para contar cabalmente, a diferencia de los cronistas, historiadores, biógrafos, autobiógrafos, memorialistas, diaristas, testigos y demás esforzados de la narración abocados a fracasar”.
No pienso mediar en la polémica de si Madame Bovary está muerta o no. Que cada perro se lama su propia herida.

EL AMIGO DE UN AMIGO                              


Tengo un amigo que tiene un amigo que tiene un bar.
El amigo de mi amigo es el último romántico en activo. Yo también lo soy pero en situación de excedencia.
El último romántico, amigo de mi amigo, tiene a sus espaldas varios matrimonios e hijos y más de sesenta años.
El último romántico tiene un bar por el paseo de las Delicias. Allí se enamoró de una chica colombiana a la que empleó un tiempo como camarera.
El marido de la camarera colombiana se quedó en Colombia mientras ella probaba fortuna en Madrid. Aunque no se sabe bien lo que pasó y cómo pasó, lo cierto es que la camarera objeto de la pasión amorosa del amigo de mi amigo se echó un amante también colombiano pero afincado en Madrid.
La camarera, además de una hija adolescente, de un marido consentidor y de un amante peluquero, tiene a su mamá, que está casada con un señor que no es su papá.
El caso es que la chica colombiana le daba cuartelillo al dueño del bar, pero no le dejaba propasarse ni un tanto así.
Al cabo de unos meses de triángulos y cuadrángulos, la chica de ultramar decide volverse a su tierra y montar una peluquería en la que trabajan hoy en día, amén de ella misma, su mamá y el hombre que está casado con ella pero que no es su papá. Curran también en el salón de belleza su marido legal y su amante oficial. Los cuartos para montar el negocio han salido de los ahorros del amigo de mi amigo.
- Ten en cuenta que no es tanto. Allá con unos pocos miles de euros se hacen maravillas.
La historia me seduce y me anima.
- ¿Puedo ser franco contigo?
Obtenido el permiso me entero de que, además del capital para abrir el establecimiento peluqueril, el hombre del bar envía a ultramar unos euros con frecuencia mensual. Mi amigo piensa que no es una cifra exagerada y yo pienso que en la gran Colombia, si dejamos a un lado a los narcos y a los políticos, tal estipendio mensual no lo gana ni el rey del vallenato.
Mi amigo me cuenta que su amigo el del bar está recién llegado de una visita de dos semanas para ver a su amada. La vio, durmió con ella y se volvió sin rozarla un milímetro de piel. Parece que la chica le argumentó que en una habitación de al lado dormía su mamá. Y que en el otro costado lo hacía su maridito, pared con pared con el cuarto del amante. De la hija adolescente no me han dicho nada, y casi prefiero no saberlo.


TISANA DE GLICINIA TOSTADA                     

La medicina tradicional china otorga mucha importancia a la infusión de glicinias tostadas, pues ya se sabe que cura muchísimos achaques.
Uno, en su modestia, ha descubierto que tal tisana es muy buena para mantenerte en forma y mejorar la circulación de la sangre y bajar la tensión arterial. Mi hallazgo es fruto, como todos, del azar y de la necesidad.
Dado que en occidente no se despacha glicinia tostada en las herboristerías, cada vez que me da la vena tengo que rastrear por el barrio, en las tapias de los palacetes que han sobrevivido al sida urbanístico, en búsqueda y captura de glicinias para tostar. Problema añadido es que las glicinias florecen una sola vez al año y precisamente en primavera. En resumen, que cada tisana me procura un paseo cardiotónico.
Para evitar la competencia desleal de otros chalados buscadores de la flor de la glicinia, me limitaré a dar un dato. Se trata de la iglesia de la embajada británica. En su tapia hay glicinias. Mi pequeña venganza contra Enrique VIII por divorciarse de la pobrecita Catalina de Aragón.

ESENCIA QUINTA                               


Ceno con Akira en un restaurante japonés. Me cuenta que su mamá es un poquito budista y él un poquito sintoísta. Respeta a las personas que tienen corazón bueno. Advierte que hay casos de personas que tenían buen corazón y luego con el tiempo resulta que tienen no buen corazón.
Si lo entiendo bien, en realidad es panteísta que identifica la divinidad con la naturaleza y con el buen corazón. Yo también.

AZAGAYA MURCIANA                              

En Murcia ya no hay campo porque han sembrado todo de chalets adosados. Si quiere uno comerse un rico zarangollo, olvide las antiguas hortalizas huertanas y haga la compra en un mercadona o cosa así.
Algunos jueces, que son muy suyos, andan detrás del nobilísimo gremio de los promotores y constructores imputándoles la corrupción de menores en edad, saber y gobierno, oséase la compra venial de políticos locales.
Para paliar posible desempleo en la zona, sugiero que se utilice, a fin de predecir la demanda futura de nuevos servicios, la ayuda de un programa para agregar la información disponible en la red siempre que aquella sea conductualmente robusta.

COSO 55                                             

En el invierno que viví en Zaragoza, el Moncayo soplaba mañana, tarde y noche y daba la vuelta justamente en la esquina donde yo trabajaba. Y vivía.

SÁBADO 16 DE JUNIO DEL AÑO DE LA RATA   

Sábado 16 de junio. Tarde-noche. La lluvia, que agradezco, sigue y sigue. Y no sólo detrás de los cristales, que las galerías de casa no son muy estancas y algo se cuela.
Domingo del pipiripingo. Junio 17, creo. Año 1980, me parece.
A la 1:32:46 anoto escuetamente: “se agolpan mis sentimientos...”. ¿Serán brasas de amor? No es lo mejor de mi producción, pero esto es lo que hay, teniendo en cuenta que vivo en conversación con mis difuntos y escucho con mis ojos a los muertos. También debo advertir que yo no soy la ola que golpea la roca, que soy de carne y hueso y que por eso los albañiles llevan alpargatas blancas. Llevaban, que hoy portan Adidas, como cualquier hijo de vecino. Y yo que me alegro infinito, que nadie me gane ni me empate.
Me escribe un compañero de mi difunto padre una carta, desde su altura de sabio centenario, que me conmueve. “Tus libros son expresión acabada de tu personalidad de escritor, creador de narraciones llenas de vida... el último rompedor de los moldes habituales por su originalidad y fuerza...”. ¡Luego me clasifica en la línea clásica de Quevedo o de Vélez de Guevara!
Flor de Viola, puede ser un título. Según el diccionario de la Real Academia, Viola es la flor de la violeta; también la del alhelí. Otro que me gusta es: “Como loto en tierra firme”. El signo zodiacal de Viola es Escorpio. Su piedra semipreciosa es el jaspe sardo.
Surtout en amour on a droit a droit à l’erreur.
Séduire, c’est le role de la femme ou bien encore soigner.
Courtisane ou infirmière.

domingo, 21 de junio de 2015

Venganza y egoismo

VINDICACIÓN EGOCÉNTRICA_____________



(foto tomada por el autor en Sorrento)

El se despertó sobresaltado. Ella no estaba a su lado. De pronto, él recordó la última frase de ella: "tu egocentrismo ha llegado al límite". "¿A qué límite se había referido ella?", pensó él. "¿A su límite, a mi límite o a un límite objetivo inexistente?".

Saltó de la cama y se fue directo al María Moliner, sin pasar por el cuarto de baño. "Egocéntrico, -a (de «ego» y «centro») adj. y n. Se aplica a la persona que refiere a sí misma todo lo que ocurre y pone su propia persona en primer lugar en lo que dice, en los asuntos en que interviene o en las reuniones en que toma parte. = *Egoísta."

"Muy de ella, utilizar egocentrismo en vez de egoísmo", se dijo él. "Siempre a vueltas con el lenguaje" ("léxico", decía ella).

El se aseó y afeitó pulcramente. En el baño eran evidentes las huellas dejadas por los potes y frascos de ella. El creyó oír el eco del vacío dejado por el albornoz y las toallas de ella que ya no estaban en sus baldas.

El se vistió con pausa y abrió el balcón. Se subió al antepecho y se dejó caer. Mientras caía él recordó que antes de irse a la cama había abierto el Julio Casares por la voz vindicación "f. Acción y efecto de vindicar o vindicarse".

Ella coincidió en la acera con el cuerpo de él, con la policía y con el juez de guardia. Llevaba su bolsa de viaje al hombro y unos bollos calientes y las llaves del apartamento en la mano derecha. En la izquierda, el DRAE, edición de bolsillo.

"Canalla egocéntrico y vindicativo" rezongó ella.


domingo, 14 de junio de 2015

Alicante-Miami

Quien mal anda...                                




(fotos del autor)

La madre y su hija vivían en Orihuela desde que el padre se había marchado de casa con una cubana muy simpática.

La madre trabajaba de vendedora en una sociedad de promociones inmobiliarias que había ido llenando meticulosa y especulativamente de chalecitos adosados casi todas las tierras de secano comprendidas entre San Pedro del Pinatar, el Pilar de la Horadada y San Miguel de Salinas.

La chica nunca fue buena estudiante y sí, en cambio, una auténtica líder de la cultura del botellón ampliamente implantada en la zona. Es cierto que el clima benigno, el perfume nocturno de las flores de azahar y el natural permisivo de las gentes de Levante propiciaban un cierto relativismo moral, tranquilizador para padres, educadores y estamentos políticos y municipales.

La chica necesitaba algún dinero para instalarse con su novio en un apartamento, pagar la fianza del alquiler, comprar cuatro trastos y una nevera y, claro está, un somier y un colchón. El novio poco podía aportar porque en su casa eran muchos hermanos y bastante tenía con su tetraplejia y sus oposiciones para funcionario del Excelentísimo Ayuntamiento de la localidad.

Una noche de movida y litrona, en la que la fragancia del jazmín y del galán de noche podía al olor a estiércol de los campos recién abonados, un chaval habló con la chica y le propuso para dos semanas después un trabajo agradable y bien pagado.

La chica se levantó nerviosa aquella mañana. Era su primer viaje en avión, nunca había salido de España y apenas hablaba inglés. 



Las instrucciones de la organización eran muy claras. Vuelo IB-1391 de Alicante a Barcelona. Dos horas después vuelo KLM-1666 a Amsterdam. En el aeropuerto de Schiphol tres horas de escala para seguir a Miami en el vuelo KLM-6057 de la propia compañía.

En la zona de tránsito de Schiphol, justo enfrente del Dutty-free, un chico bien vestido con aire de ejecutivo de una firma de auditoría, le entregó una caja de chocolate belga.

El vuelo a Miami fue agradable, la comida correcta y las películas, que no había visto, entretenidas aunque apenas sí entendía los diálogos. Ni falta que hacía para seguir las cabriolas de Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal.

La monja que estaba sentada a su lado le contó que iba destinada a un convento de clausura que las Clarisas Capuchinas tienen cerca de Orlando. Estaba ilusionada y excitada después de quince años de oración y recogimiento en La Haya, donde llovía y hacía frío.

Nada más llegar al aeropuerto Miami International empezó el calvario de los trámites y controles de seguridad e inmigración, exacerbados por la psicosis del 11 de septiembre.

Aunque ella explicó varias veces, en castellano, que estaba en tránsito para San José de Costa Rica, los oficiales de inmigración la gritaban, también en castellano eso sí, que debía rellenar los formularios para entrar en USA, cosa que hizo con dificultad y con un rotulador que le prestó la monjita, quien se manejaba con la soltura que debe proporcionar la vida contemplativa.

Cuando ya estaba técnicamente en territorio USA, y después de abrir por segunda vez su maleta y la bolsa de mano, apareció un policía de la DEA con un precioso perro pastor alemán de pelo oscuro y cara bondadosa. El perro olisqueaba profesionalmente personas y enseres y vino a pararse justamente a la altura de ella, meneando el rabo y mirando al agente de la DEA, muy parecido por cierto a Clint Eastwood en Harry el sucio.

Súbitamente aparecieron más uniformes de policía que transportaron a la chica en volandas a una oficina del Departamento del Tesoro.




El pastor alemán estaba muy ufano sentado delante de la caja de chocolates y su rabo era una fiesta. Se había ganado una buena ración de pienso compuesto.

Quince días después el Cónsul de España llamó a la madre de la chica para decirla que su hija estaba en una prisión federal acusada formalmente de tráfico de drogas y de pertenencia a una organización internacional de tráfico de estupefacientes. En total, la fiscalía se proponía solicitar una pena de prisión incondicional de 20 años. Y sin posibilidad de beneficios ni remisiones de condena por trabajo o buena conducta.

La chica había cumplido 18 años el verano anterior y su madre estaba muy contenta porque, si bien había dejado los estudios, iba a empezar a trabajar en una fábrica de conservas de Molina del Segura. Como dijo su hija por aquel entonces "por lo menos ya tengo la miseria asegurada para casi toda la vida". Claro está que ella se refería a su trabajo en la fábrica, no a su largo horizonte carcelario.