sábado, 21 de marzo de 2015

EL CASO DEL TAXISTA HIPERACTIVO


(fotos tomadas por el propio autor)

Agarro un taxi a la vera de la clínica de Onoda, mi maestro japonés de shiatsu, de vuelta a mi encierro en el barrio.

El hombre que conduce empieza a hacer cosas raras. Se salta un semáforo y se cambia de carril a cada poquito. Sin poner el intermitente.

Ensayo el truco de darle conversación para ver si el hombre se tranquiliza.


- ¿Lleva usted mucho tiempo en esto del taxi?

Me mira por el retrovisor atravesando el plástico ese de seguridad, que te deja sin aire acondicionado en verano y que no evita ni de atraco perpetrado por un niño de teta. Me cuenta que no, que lleva poco tiempo en el oficio.

- Verá usted. En realidad yo soy informático, pero, como también soy hiperactivo, cada dos años tengo que cambiar de trabajo porque me pongo muy nervioso.

Comento en voz baja que ha ido a elegir un trabajo que ataca los nervios. Me pica la curiosidad e indago si se autocalifica con conocimiento de causa.

- ¿Dice usted que es hiperactivo?

Se salta un par de semáforos más, insulta a una señora con bigote que está subida a un BMW todoterreno y que espera a la salida de un colegio plácidamente estacionada en cuádruple fila y me dice:

- Pues verá usted, el psicólogo del colegio diagnosticó mi problema porque no seguía bien los estudios por falta de concentración. Mientras estudiaba informática ayudaba a mi padre en el taxi y, de entonces acá, cuando me canso de un trabajo y me entra la neura, me vuelvo al taxi.

Ya en casa, recuerdo que en mi clase del colegio había un niño que hoy gozaría de los privilegios que concede el carné de hiperactivo. Entonces era tratado de zascandil y botarate, y medicado a base de capones y puestas de cara a la pared en todos y cada uno de los recreos de cada curso escolar. Ahora es un jefazo en el partido popular-populista.



lunes, 16 de marzo de 2015

¿CLÁSICO O ROMÁNTICO?



( el autor en el mar de Galicia )

Soy persona ordenada por fuera y desordenada por dentro.
Me explico: tengo un exterior clásico y un interior romántico.

Carrocería burguesa con motor ácrata, ¿me siguen?...
Cada día necesito encerrarme, un buen trecho de tiempo, a solas conmigo mismo
para olisquear en mi desorden interno,
no sea que se me haya colado el virus del orden lógico
en mi rayado disco duro.

Amo el caos, pero necesito el orden, que dijo no sé bien quién lo dijo.
¡Tranquilo en apariencia, inquieto en esencia!
Blanco por dentro, verde por fuera y si no te lo digo, espera.


( en la Habana )

lunes, 9 de marzo de 2015

¡De ésta, te acuerdas!

¡DE ÉSTA, TE ACUERDAS!


(foto tomada por el autor)

“De ésta, te acuerdas”, me dice ella cerrando de golpe la puerta del taxi. "¡Lo que me has hecho, no tiene nombre!"

Bajo la lluvia de otoño, sopeso su reacción. Ha dicho “de ésta”, en femenino; o sea, que está convencida de que le he hecho una faena o injuria u ofensa o vejación o afrenta.  En cambio, si hubiera dicho “de esto, te acuerdas”, es que se sentiría agraviada o ultrajada o despreciada o desairada.

Miro el reloj.  Ya son diez los minutos que han pasado desde el portazo  ¿Qué  hacer cuando ni tan siquiera adivino qué diablos acabo de hacer tan mal? Maldigo mi falta de reflejos y mi torpeza. También abomino de las mujeres que van y vienen tres veces, mientras yo me pierdo entero de la misa, la mitad.

Corro hacía el aparcamiento, saco el coche a trompicones y, en pos de ella, desafío al tráfico.  La carrera alocada que emprendo por media ciudad, me deposita en su portal a tiempo justo de salpicar a mi indignada pareja de la cabeza a los pies con un barrillo de color verde caca. En Madrid llueve poco y nunca a gusto de todos.

Eso le puede pasar a cualquier pelirroja que se baje de un taxi luciendo un par de piernas kilométricas, de esas que nacen a pie de axila, musito.

“De esto, nos acordaremos los dos”, mascullo a guisa de disculpa. Me mira.  Sonríe con  su media mueca de adolescente. Parece que consigo enternecerla…  ¡vaya, me coge de la mano y subimos a su casa!

No la entiendo, pero aquí estoy, con ella.


Me digo, con Juan Ramón: “Quiero quedarme aquí, no quiero irme a ningún otro sitio”.

lunes, 2 de marzo de 2015

Mujeres: ¿amor o pasión?


( Aleksandr Deineka 1899-1969)

Anteayer, después de pasarme por la Fundación Juan March para visitar la muestra dedicada a Deneika, bajo el lema "Una vanguardia para el proletariado", una mujer-amiga-mujer me dijo quedamente:

-Tú no eres un hombre de amor. Eres un hombre de pasión.

Me quedé con la copla de tan sugerente observación. Al llegar a casa busqué a Juan Ramón Jiménez. La memoria, fiel socorredora de mis inquietudes, me guía la mano que encuentra los versos buscados:

Pasión

¡Cómo te vas borrando,
reina infinita de un instante,
briosa, aguda, ardiente de presencia;
cómo te vas quedando
-¡ay de ti,ay de mí, del reino nuestro!-
sólo en historia!

( Juan Ramón Jiménez, del libro Belleza en verso, 1917-1923 )


(( Aleksandr Deineka 1899-1969)