lunes, 28 de noviembre de 2011

Y se armó el belén para la noche más oriental II



(con mis hermanos mayores)


Capítulo segundo


El montaje del nacimiento coincidía con el mismísimo día  veintidós de diciembre, cuando salía el gordo de la Lotería, premio que nunca cayó en casa, aunque mi padre murió convencido de que algún año nos tocaría. Pensaba que para ello era menester comprar un número completo, con todas sus series. Nunca lo hizo al considerarlo gasto excesivo. Por eso no le cayó el premio gordo. Por no asumir el riesgo de tan elevada inversión. Así aprendí que no hay beneficio sin riesgo. Es la base de la economía capitalista, para bien o para mal, que yo no termino de ver las dulces perfecciones del mercado regido por la codicia en estado puro ¡Así nos va!

Instalar el tablero de madera sobre el armazón de caballetes que lo sostenía, ir a la Plaza Mayor a comprar musgo fresco y a reponer alguna figurita descabezada, coja o manca, era rutina bien entretenida, bonita y barata. Los muñequitos eran de barro y sus extremidades estaban aseguradas con unos alambritos que hacían de tibias y peronés, si de piernas se trataba, o de húmero, cúbito y radio, si de brazos hablamos. Ahora las efigies son más feas que Picio, de plástico las baratas y de porcelana de Lladró las caras, que no sé qué cosa es peor.

Miga tenía pegar estrellas doradas en el papel azul de forrar libros que remedaba la cúpula celeste, mientras los mayores se empeñaban en que los más renacuajos no metiéramos mano en el tubo de pegamento (ya saben, “para remedio, pegamento Imedio”), bajo la especie calumniosa de que poníamos todo pringando, como si ellos fueran espíritus puros. En la radio Inter, que tenía ojo mágico y todo, y que estaba plantificada en lo más alto del cuarto de estar, Rafael Medina cantaba “En los jardines de Granada” y Carmen Miranda el “Tico Tico”. ¡Ahí es nada!

El azul violeta de ese papel forralibros es también el color de la tanzanita, la piedra preciosa que vela por la tribu de los Massai, que viven en Kenia. Distinto azul es el de la turquesa iraní, piedra semipreciosa que aleja el mal de ojo. Del turbante de un rey mago cayó, aquella noche encantada, una gran turquesa, perfecta de color y sin impureza alguna. Encontré la piedra inspeccionando los restos del refrigerio que SSMM se habían dignado catar. A nadie confié mi precioso hallazgo, que siempre llevo encima en una pequeña faltriquera de malla de algodón del Eúfrates. Me ha librado de más de un hechizo. Tanzanita no he conseguido, pero estoy en ello. Echen ustedes a volar la voz a ver si me cae una de tales piedras, que estoy seguro que no me dejará mentir.



( Cola ante una Admón. de Loterías. Tomé la foto hoy en Madrid)

jueves, 24 de noviembre de 2011

...Y se armó el belén para la noche más oriental




En mi familia la Navidad comenzaba tal que el día 22 de diciembre, justamente a la hora en que los huérfanos del colegio de San Ildefonso principiaban a desgranar la letanía del rosario de premios y pedreas de la Lotería Nacional de España, patria que los franquistas calificaban como "Una, Grande y Libre" ¡Qué exageraciones!

Esa mañanita todos los hermanos, bien perfumados con agua de colonia Álvarez Gómez, subíamos a la azotea de la buhardilla para la resurrección anual de las figuras del belén. El portal con su Niño Jesús en el pesebre, la Virgen María y San José, el buey, la mula, la anunciación a los pastores y sus ovejas, las lavanderas, los Reyes Magos con sus camellos o dromedarios, que sigo sin saber qué eran, y los pajes; el ángel, la estrella que guía, las palmeras, el corral con las gallinas, Herodes y su castillo. Y esto y lo otro y aquello y lo de más allá.

Desde los patios de vecindad y desde los talleres de corte y confección subían al cielo las canciones de Jorge Sepúlveda, como “Mirando al mar”, de Chelo Villarreal, como “La raspa”, o de los Lecuona Cuban Boys y su “Conga de Jaruco”, que todo el mundo creía “de Jalisco”. Tampoco eran mancas la “Lisboa Antigua” de Issa Pereira y la “Niña Isabel” de Luisita Calle. “Niña Isabel ten cuidado, donde hay pasión hay pecado...”, cantaba la Luisita en defensa del amor aburguesado.

Un niño de mi clase, que era gordo y comía pollo todos los días en lugar de tan solo los domingos, como los restantes chaveas de la clase, tenía otra clase de belén, con movimiento mecánico a cuerda y musiquilla de timbre metálico, que sonaba como la de las cajitas esas que venden en Suiza, pero a los acordes del Gloria in excelsis Deo. Para mí que el gordezuelo era más tonto que un hilo de uvas.

Me dicen que el asunto de los presentes y regalamientos navideños en un principio fue oficio de personajes paganos como la bruja buena llamada Befana y los ancianos, borrachines y tiernos, conocidos como Berchta y Knecht Ruprecht. Así es fama, pero a mí que me registren, que mis regalos me los traían los Reyes de Oriente, como tiene que ser.




sábado, 5 de noviembre de 2011

Error tras error



(ilustración de Ikenaga Yasunari)

"Conocer a alguien es una empresa complicada y
peligrosa cuyos resultados suelen ser bastante pobres."
Sándor Márai


Anteanoche, vacía ya la segunda botella de Ruinart brut, ella, alterada y desnuda, me dijo:

-La gente y tú mismo ¿cómo vais a funcionar de esa manera? ¡Tenéis dotaciones distintas, pero todo el mundo comete el mismo error! ¡Compleméntate, no te desunas!

No entendí el sentido cabal de su frase, pero sí su importancia. Me incorporé de la cama, anoté en mi blog con rigor dactilográfico la femenina sentencia y me dormí con la seguridad de que, habiendo cometido en mi vida multitud de errores sentimentales, ninguno era comparable al de ahora.

A la siguiente anochecida, mientras se desvestía sin erotismo, me dio una muy valiosa clave:

-Te equivocas, siempre, con nosotras. Es erróneo fingir amor por una mujer cuando ella espera mucho menos de ti.

Resulta que, si a la postre voy entendiendo algo de ellas, cuando una mujer inteligente y bella se siente amada por un hombre, comienza a angustiarse un poco, pues piensa:

-¿Qué querrá de mi este alma de cántaro? Liberal por fuera, Otelo por dentro.