martes, 26 de octubre de 2010

JUEGOS DE PALABRAS


( foto Manuel Mª Torres Rojas )

Pedrito me dice en la terraza del restaurante La Trainera:

 − Don Manuel, usted ya me entiende. Yo con usted lo paso muy bien, pero no puedo corresponderle.

Le digo:

− Pedro. Todos conocemos a gente a la que no podemos corresponder. Pero... ¿vamos por eso a dejar de tomar cañas juntos?

Él precisa:

− No, si yo quiero. Ya sabe usted que entre que me han quitado el coche, lo de las hipotecas de mi chalet en Villaviciosa de Odón, mi madre otra vez internada y lo de mi señora... ¿qué quiere que le diga? Que me hace falta distraerme. Usted habla bien y parece que sabe lo que dice.

 Le doy las gracias, sin retranca. Aconsejo:

− No puedes dejar de acudir a trabajar a la tienda sin llamar. Si anoche regresaste a tu casa a las 9 a.m. ¿cómo se te ocurre acostarte y poner el despertador para una horita más tarde? Más te hubiera valido tomarte una jarra de café fuerte y ducharte durante veinte minutos. Afeitarte, mudarte de ropa y cumplir con tu obligación. O esperar a las 9,30 y llamar a tu jefe para decirle que un flemón supurante te había producido una contracción de la epiglotis y un subidón de fiebre. Que te ibas a urgencias y que tratarías de acudir a la tienda por la tarde, si te daban el alta y no la extremaunción.

Pedrito piensa. Me mira por encima de sus gafitas de joyero présbita y toma su turno de palabra:

− Ya. Usted, Don Manuel, se explica bien porque tiene estudios y posibles. Yo a los catorce años entré en el comercio para ayudar en casa, pero a mí lo que me gusta es la noche, que yo he triunfado en el cabaret Morocco cuando allí bailaba la vedette Naima Cherky. Además, yo no estoy enamorado de mi mujer, porque ella no me sigue. Usted ya me entiende...y yo necesitaría un poco más de comprensión por parte de mi señora, que no me sigue en la cama.


( foto Manuel Mª Torres Rojas )

Vuelvo con Pedrito a la barra de La Trainera. Las barras de los bares son los Parlamentos del pueblo -¿Balzac?-. Han pasado meses, pero su monólogo sigue tal cual:

− Don Manuel si yo me porto bien todos los días. No llego tarde a casa desde que murió mi madre, que, por cierto, no hay manera de vender su piso porque mis hermanos piden siempre más. ¿Me comprende?

Asiento. Pido media de jamón. Pedro dice al jefe de la barra:

− Jiménez, dile a Benito que es para Don Manuel. A lo que iba. Me porto bien pero llega una noche en que ¡zácate!, la cago. Sí, voy y estropeo todo. Estoy cabreado con mis amigos, que antier me dejaron tirado a las cinco de la mañana en un puticlub de Móstoles.

Tercio:

- ¿qué hacías en un puticlub de Móstoles a las cinco de la madrugada? ¿Te han devuelto ya el carnet de conducir? ¿Fuiste a trabajar al día siguiente? ¿Has puesto al día la hipoteca de tu casa?

Pedro me mira. Pela un camarón y dice:

− Don Manuel, con usted es distinto, aunque yo no pueda corresponderle.

Le explico lo de siempre:

− Los pobres ni pueden ni deben corresponder a los ricos. Somos amigos, te invito de tarde en tarde a un aperitivo y sanseacabó.

Pedrito no ceja:

− Ya, pero se me va el último autobús a las 23:30.

Me toca a mí:

− ¿De dónde sale el bus?

Me recrimina:

− Se lo he contado ya varias veces. Sale de la estación de Príncipe Pío.

Ahora lo recuerdo. Allí se quedó dormido aquella noche toledana. La que llegó a casita a las 9 de la mañana. Pedro es hombre que tiene éxito con las mujeres, sobre todo con sus clientas. Me dice:

− Don Manuel, mi mujer no me sigue. Usted ya sabe.

Yo no sé nada. Veo a un hombre bueno, depresivo y víctima del piso-chalet y del consumismo.

Hablo yo:

− ¿Quieres otra caña?


jueves, 14 de octubre de 2010

LA GORDA DE LAGASCA 53


( foto del autor )

Anoche fui testigo de una concatenación de acontecimientos miríficos.

En el restaurante La Trainera me cuentan que el edificio de la calle de Lagasca número 53 está sometido a un expediente de declaración de ruina, cuyo detonante final fue la caída, a plomo, de una señora que vive en el primer piso, cuando estaba sentada en la taza del retrete. No se sabe si en trance de aguas mayores o menores.

Testigos presenciales aseguran que la dama, que pesa 140 kilos de los de báscula alemana, apareció, in púribus y encastrada en su inodoro, en mitad del local de la Droguería Ponce, en ese momento atestada de clientes, por ser mediodía. Cayera por su propio peso o fuera debido a la ley de la gravedad, es el caso que la vecina fue hospitalizada.

Despachada la cena, salgo del restaurante y héteme aquí que encuentro cortado el tráfico de la propia calle de Lagasca por obra y gracia de dos coches patrulla de la Policía Municipal, dos ambulancias del Samur tamaño king size y un camión del cuerpo de bomberos, dotado de un largo brazo articulado. Muchos balcones abiertos en los edificios colindantes y una nube de vecinos curioseando.

Pregunto a Juan, el guardacoches de la casa de comidas, pues no huelo a chamusquina, ni veo desprendimientos de cornisas, inundaciones, terremotos u otros fenómenos tipo tsunamis. Me explica que la señora gorda está siendo ascendida hasta su piso, de vuelta del hospital, en la cubeta que remata el brazo del coche de bomberos. Me descoyunto de risa y me pierdo la parte final de la operación, esto es, la contemplación de cómo los esforzados bomberos consiguieron introducir a la gorda por el balcón de su casa sin producir destrozos y sin intercesión de los dioses.



( Botero )

Me gustaría que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid rindieran cuentas públicas del coste total de la curación y ascensión de la oronda señora, teniendo en cuenta que las horas nocturnas de los policías municipales, bomberos, y equipos del Samur deben ser extraordinarias. Exijo un informe detallado del Ministerio del Interior sobre si esta dedicación especial, por parte de las fuerzas de seguridad del Estado y de los servicios de protección ciudadana al caso milagroso de la jamona de Lagasca, puso en riesgo a la población de la Villa de Madrid. Digo yo que si tal número de efectivos están dedicados a elevar a una gorda, será porque no están atendiendo a sus naturales obligaciones de evitar atracos, violaciones u otras menudencias.
Oséase, que si la gorda quiere seguir engordando, debe procurarse ayuda sobrenatural y no gastar dinero de los contribuyentes.

A la hora de subir este relato al blog, me llegan nuevos datos sobre la prodigiosa aventura y desventura de la gorda de Lagasca número 53.

El primero es que el peso de la gorda va subiendo. Ya no se habla de 140 kilos si no de 150 ó 160, lo que aporta consistencia a la historia. El segundo, que añade verosimilitud, es que no fue el brazo articulado del coche de bomberos quien finalmente depositó a la gorda en su piso, sino la fuerza bruta de cuatro hercúleos bomberos quienes la subieron, en tresillo de tres plazas, por las escaleras del inmueble semi-ruinoso.

A mí me divertía más la inserción aérea de la gorda vía balcón y brazo mecánico-bomberil pero, si mal no recuerdo, en mi anterior crónica expresaba dudas sobre la factibilidad técnica de la operación. Y digo factibilidad porque Manuel Seco me lo autoriza. También comparabilidad, ambos derivados sustantivos correctamente formados de sus adjetivos correspondientes, esto es, factible y comparable.

domingo, 10 de octubre de 2010

Sexo, Mafia y Vaticano.


Amante de gánster, querida de obispo.

La ex prostituta Sabrina Minardi, concubina del difunto mafioso Enrico de Pedis, rompe su silencio y detalla turbios secretos de la Italia de los setenta y ochenta. Sexo, Mafia y Vaticano.
( El País )
¿Será que pueda ser que me desvío
de la vida...viviendo en mi refugio neoestoico?
A. Fernández de Andrada y servidor.

miércoles, 6 de octubre de 2010

CHRISTINE


Ha pasado el tiempo suficiente para seguir obsesionado.
Deseo que no vuelva. Ni ella ni su recuerdo.

( fotograma de un pequeño film que rodé en super 8.
Quien besa su frente soy yo... )